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Sobrevivientes en Turquía y Siria: los números que no se cuentan

Los terremotos que sorprendieron –durmiendo- a la mayoría de ciudadanos en Turquía y Siria, a las 4.17 la madrugada del lunes, tienen muchos números: 7.8, 7.4 (la escala de los dos sismos, con nueve horas de diferencia) más 11 mil personas fallecidas, más de 42 mil heridos, y casi 13 millones de personas afectadas. Pero, ¿y los otros números?.

En la era del periodismo de datos, y también en la vieja escuela, poner números era una normativa –sin excepción- en todo tipo de catástrofes. De hecho, cuando en Argentina nos referimos a la dictadura hablamos de "30 mil desaparecidos", o como un macabro contador diario se llevan los muertos por Covid-19, la guerra en Ucrania, y así podría poner muchos ejemplos.

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Crédito: ERDEM SAHINEFE

Pero, la cifra que conmueve, las fotos y videos que recorren el mundo son las de cada vida que emerge a la superficie. Esa cifra mínima: un niño, una niña y su hermanito, un joven y su familia que lograron guiar a sus salvadores a través de trasmisiones en vivo por las redes sociales. La perrita que –con la ayuda de un rescatista- desesperada busca entre los escombros a sus cachorros (que lograron salir vivos). Un gatito confundido, ante tantos rostros que no lo dejaron morir bajos los escombros, se sacude el polvo ¿Nadie lleva la cuenta?. ¿Los vivos, no se cuentan?

Balam, Orly, July y Rex, son los perros que conforman un grupo de rescate- junto a sus pares humanos- mexicanos.  Mientras, las autoridades locales, reconocen que no dan abasto, la tragedia los supera. Solo cuatro perritos para tanta devastación.  Miles de personas, de todo el mundo abruman el aeropuerto de Estambul para sumarse a la difícil y peligrosa tarea. La onda expansiva de la fe mueve los escombros de una humanidad  que a veces parece anestasiada, aún ante tanta tragedia. 

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Crédito: El País

Rescatistas con manos desnudas sacan escombro por escombro para tomar la mano de alguien atrapado bajo metros de cemento, para que no se rindan. Las imágenes de la niña rescatada cuando su madre la dio a luz, antes de morir (que también perdió a su padre y cuatro hermanos), es un contraste difícil de aceptar la vida que nace de la muerte. 

Un periodista que trasmite en vivo, desde el lugar, deja de filmar para salvar la vida de una niña justo a tiempo, en una de las réplicas.  La imágen de un padre sosteniendo la mano de su hija de 15 años que no logró salir viva recorre el mundo. El hombre, sigue buscando otras vidas, bajo los escombros.

Esas personas, profesionales y aquellos que han sobrevivido y quieren ayudar (no alcanzan las manos) celebran cada rescate, como nosotros hemos celebrado emocionados un gol de Messi en el Mundial. Sobre todo cuando son niños. 

Rusia, que ataca sin piedad Ucrania, envío ayuda a Turquía; mientras Alemania envía tanques a Ucrania. La hipocresía humanitaria no deja de existir, pero se tiñe –esta vez- de otro color, de ese sobre el cual habla Diego Torres en su canción: "esperanza". 

En tanto que, los médicos de Siria -sometida a un guerra civil hace más de una década-  piden más manos, profesionales médicos, bomberos,  porque hay gente viva bajos los escombros.  "Oímos las voces de los sobrevivientes pero no podemos sacarlos, no hay gente". Sin embargo, el régimen sirio  que tiene sanciones internacionales, ha expresado que la ayuda internacional llegará siempre y cuando pase por su control, y han cerrado los corredores humanitarios

Han pasado cuatro días, muchas horas y. lejos de una escena apocalíptica, esos que no están en las cifras que leeremos actualizarse cual tablero de Wall Street, los sobrevivientes y sus ángeles (los que los buscan) siguen apareciendo. Esos números que no se cuentan, son hoy los más importantes.

Ellos, contaran la historia de esta tragedia que ocupará una escala según la cantidad de muertos, según la cantidad de edificios derrumbados, pero nunca serán los números que veremos reflejados en grandes titulares o en un informe de Naciones Unidas: los  que volvieron de su tumba hecha de edificios, y  esas manos desnudas que los ayudaron a salir.

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