De las palabras, la vida y otras distracciones
"De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: «Me cagué de risa con tu libro»".

Si un artista no está, el mundo es más sfeo. El miércoles 17 de noviembre de 2004 comenzaba el Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario, edición que pasó a la historia por la brillante exposición del extinto escritor, artista y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa, que desató la risa de propios y extraños con su alocución sobre "Las malas palabras".
"Mi viejo puteaba mucho, a lo mejor porque venía del deporte. Me acuerdo que mis primos decían «Vamos a jugar al tío Berto». Entonces se encerraban en una pieza y se ponían a putear", sorprendió el Negro, en medio de las risas de todo el Teatro El Círculo.
En su alocución, hizo una férrea defensa de "Las Malas Palabras". "¿Por qué son malas las malas palabras?, ¿qué actitud tienen?, ¿quién las define?, ¿les pegan a las otras palabras?", comenzó a decir el Negro, provocando las primeras risas (tema que abordaremos en otra oportunidad).
Su prodigiosa obra vida recibió innumerables premios nacionales e internacionales. El 26 de noviembre, día de su nacimiento, fue declarado Día nacional del Humorista. El 20 de julio (día del amigo) de 2013, el antiguo Centro Cultural Bernardino Rivadavia de la ciudad de Rosario se rebautizó con el nombre de "Roberto Fontanarrosa"; se trató de un homenaje impulsado por sus amistades y un acto al cual los rosarinos concurrieron multitudinariamente.
Es que el Negro hizo de la amistad casi una religión pagana, y del respeto por las palabras, un dogma.
Escritor incansable, publicó tres novelas y doce libros de cuentos en los que mostró la genialidad de un escritor capaz de manejar con soltura gran diversidad de estilos. Muchos de sus cuentos fueron dramatizados y convertidos en obras teatrales, fílmicas o televisivas. Se han escenificado más de cinco versiones de Inodoro Pereyra (y su inseparable amigo, el perro Mendieta). Asimismo, el cuento "El mundo ha vivido equivocado" ha sido adaptado innumerables veces para teatro.
Hincha de Rosario Central, integrante de "La Mesa de los Galanes" del Bar El Cairo de Rosario, guionista de Les Luthiers, fanático del fútbol (una de sus citas más conocidas sobre el fútbol es: "Si hubiera que ponerle música de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol"), entre otras cosas, falleció el 19 de julio de 2007, en vísperas del Día del Amigo, dejando una inmensa obra publicada en numerosos países y traducida a distintos idiomas, películas y obras de teatro. Entre ellas, pensamientos y textos como el que compartimos con los lectores de CHAQUEÑA a continuación.
"Estamos distraídos"
Por Roberto Fontanarrosa
Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, "Estamos entrando en la edad del 'nunca me había pasado'"... Y es así.
Decimos: "Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna".
Escuchamos: "Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos".
Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cuál es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar en la Segunda, y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento.
El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.
Calculamos: "¿Cuánto hace que se mudó Ricardo a su nueva casa?".
Y arriesgamos: "Tres, cuatro años". Hasta que alguien, conocedor, nos saca de la duda: "Catorce".
Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: "Tu pibe debe andar por los seis, siete años".
"Tiene diecinueve" -nos contesta el amigo.
"¡Vení Tacho!". Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.
Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: "El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa". Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa. Mucho peor es aburrirse.
Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer. Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos.
Y, por lo tanto, vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe (artista, padre y maestro de los titiriteros argentinos) cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años: "No me junto con viejos", respondió el maestro.
Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean Louis Barrault, famoso actor y mimo francés: "La edad madura es aquella en la cual se es todavía joven, pero con más esfuerzo".










