Sobre "Caso Goulart: daños colaterales", de José G. Ceballos
En América Central y el Cono Sur, entre 1975 y 1989, el llamado Plan Cóndor instauró una forma de relacionarnos –de vivir– social, política, económica e íntimamente que, de forma menos siniestra, subsiste hasta nuestros días.

Ello no pudo haber dejado de incidir en la vida cotidiana de los que vivimos y morimos en esta parte del mundo.
"Caso Goulart: daños colaterales" (Ciccus, 2023), la nueva novela de José Gabriel Ceballos, narra las misteriosas circunstancias en torno a la muerte del expresidente de Brasil, Joao Goulart, en diciembre de 1976 en una estancia de Mercedes, Corrientes.
Más allá de que la novela adhiera a la hipótesis del asesinato como parte del Plan Cóndor, la importancia del relato pasa –vieja condición de las buenas novelas históricas– por darle una voz literaria (un narrador) a la historia de unos personajes, marginales para la historia con mayúsculas, a quienes, sin embargo, la muerte de Goulart les signa la vida de manera definitiva.
Esos personajes –que representan los daños colaterales del caso– son, en esta novela, Turú Almeida, una suerte de peón medio lelo de Goulart, y el doctor Vaccari, el médico que firmó el certificado de defunción del expresidente brasileño.
En un contrapunto de angustia y paranoia in crescendo, el narrador nos lleva de uno a otro punto de vista y su desesperación y desamparo por no poder decir lo que saben, por no encontrar estructuras –ni políticas, ni sociales, ni espirituales– que puedan quitarles el miedo y el fantasma con los que conviven. Así, el narrador asume la tarea literaria (emotiva, no histórica) de contar por ellos y acompañarlos en su locura indefensa.
Solo durante un breve lapso el doctor Vaccari parece tener alguien a quien confesar sus secretos y sospechas: ni más ni menos que a Ernesto Sábato, que acepta escuchar su "problema" gracias a la intervención de otro expresidente, Raúl Alfonsín, por la relación del escritor con los organismos de derechos humanos.
Pero nada consigue Vaccari en estos encuentros en Santos Lugares: solo que Sábato lo llame héroe ("un héroe lleno de miedo", retruca Vaccari) y que le aconseje refugiarse en la trascendencia religiosa, como él se refugia en sus pinturas atormentadas.
Combinando el gran relato y la pequeña historia, algo de lo que el posmodernismo descreía, "Caso Goulart…" parece decirnos que, aunque huyamos, aunque vivamos en medio del campo correntino, aunque no militemos ni pertenezcamos a ninguna organización armada, el Poder y sus planes (el Cóndor en este caso), someten los cuerpos para eliminarlos a fuerza de paranoia y sus correlatos: tristeza, miedo y mutismo absolutos.
Y aquí no hay Dios, ni Gauchito Gil, ni trascendencia que puedan ayudarnos.
David Viñas solía decir que para entender la era victoriana no había que leer libros de historia, sino novelas de Dickens. En nuestro país hay una tradición literaria capaz de narrar la historia reciente de distintos períodos con soltura novelística (pensar nomás en el Facundo u Operación Masacre).
De esta suerte "Caso Goulart: daños colaterales" viene a decirnos de otra manera (una manera que le agrega "algo más" a la narración histórica) lo que significará para siempre el Plan Cóndor en nuestra región.










