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Historia y patrimonio cultural

Conjunto arqueológico de Itálica

El sitio arqueológico de esta ciudad romana en la Comunidad Autónoma de Andalucía, España, es testigo del proceso de romanización que sufrió la península ibérica.

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Restos del anfiteatro.

Itálica forma parte de la historia de un imperio que dominó el mundo durante siglos y que dejó una impronta cultural imborrable y trascendente para toda la humanidad.

Romanización de Hispania

En el siglo X a.n.e. los fenicios fundaron la ciudad de Cartago en el norte de África, ubicada estratégicamente en el Mediterráneo, donde hoy se levanta la ciudad de Túnez. De ser una de las tantas colonias bajo el dominio de Tiro –Oriente Próximo-, pasó a ser independiente en el siglo VII a.n.e. y desde entonces comenzó su expansión territorial. Hábiles marinos y temibles guerreros, se enfrentaron con griegos y romanos y lograron dominar Cerdeña, Malta, parte de Sicilia, Ibiza, y se asentaron en la península ibérica entre los siglos VI y III a.n.e.

La presencia de Roma en la península ibérica se dio desde fines del siglo III a.n.e. en el contexto de la II Guerra Púnica contra Cartago, convirtiéndola en provincia romana por siete siglos. Incluía los actuales España, Portugal y Andorra.

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Casa del planetario.

Desde el inicio llevaron adelante un proceso de romanización que obligó a los pueblos que la habitaban a la asimilación de costumbres, religión, instituciones políticas y sociales, dejando un profundo legado cultural. Una consecuencia de ello fue la introducción del latín como idioma, que si bien no era obligatorio, consistió en una herramienta de prestigio y ascenso social fundamental. De esta lengua surgirían luego el castellano, el gallego, el portugués, el catalán y algunas variantes de estos. 

También se hicieron obras de infraestructura muy importantes, como los acueductos y las calzadas que unían todas las ciudades. La organización política fue primero en dos provincias: Citerior, con capital en Tarraco –Tarragona-, y Ulterior, con Corduba –Córdoba-. Conquistada toda la península, Augusto agregó una tercera: Lusitania, con capital en Emérita Augusta. La última organización fue de Diocleciano (298), que creó Cartaginensis, con capital en Carthago Nova, y Gallaecia, capital en Bracara Augusta. En el siglo II se creó Balerica –Islas Baleares-. Cada una se dividía a su vez en administraciones menores –conventos- con sus respectivas capitales. Otras ciudades importantes fueron Clunia, Gades, Itálica, Carmo y Segovia. La economía se basaba en la explotación minera –se extraían plata, cobre, hierro, plomo, mercurio-, la agricultura –olivo, vid- y la pesca.

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Mosaico que representa al dios Neptuno.

Fundación de Itálica

Al final de la II Guerra Púnica entre Roma y Cartago (206-203 a.n.e) el general romano Escipión el Africano ocupó una ciudad poblada por los turdetanos para descansar y curar a los heridos, en la región de Aljarafe, junto al río Betis en el sur de Hispania, equidistante entre Hispalis –Sevilla- y Llipa –Alcalá del Río-. Sobre esto, el historiador Apiano escribió: "Escipión dejó allí un pequeño ejército, el más propio de un tiempo de paz, y avecindó a los soldados heridos en una ciudad que, del nombre de Italia, llamó "Itálica": esta fue la patria de Trajano y de Adriano, que más tarde llegaron a ser emperadores de los romanos".

Fundada como colonia latina, en el 45 a.n.e., Julio César le concedió estatus de Municipium Civium Romanorum, como recompensa por sus servicios en la guerra civil que mantuvo con Pompeyo. Su etapa de mayor esplendor fue a fines del siglo I y durante el siglo II, en la época de Trajano y Adriano, nacidos en ella, que la ampliaron, optimizando su economía. Adriano le dio el rango de colonia -Aelia Augusta Itálica-, amplió el sector norte y creo nuevos barrios con grandes viviendas, conformando dos sectores: ciudad vieja y ciudad nueva. Hacia finales del II comenzó su declive. En el VII perdió importancia política, social y económica, eclipsada por Sevilla. Fue despoblada y abandonada en el siglo XII.

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Edificio de la Exedra.

El conjunto arqueológico 

Se ubica en jurisdicción de la ciudad de Santiponce –fundada en 1601 sobre lo que fuera la ciudad vieja o Vetus urbs de Itálica-, a 12 km al noroeste de Sevilla y a 390 km al suroeste de Madrid. Los restos que hoy pueden observarse corresponden a la ciudad nueva o Nova urbs. 

Sus vías tenían una longitud de 7 km, lo que da a entender el gran tamaño de la ciudad y delimitaban manzanas rectangulares que se disponían sobre una red de cloacas. El pavimento estaba constituido por losas de Tarifa. Las termas menores, de la época de Trajano -98 a 117- tenían 1.500 m2. La Casa del Planetario, de la época de Adriano –117 a 138- con reformas posteriores, tiene 1.600 m2, la mitad de una manzana, y se sitúa entre el anfiteatro y el templo de Trajano. Estaba destinada a notables de Itálica. 

Los establecimientos comerciales eran sitios de servicio, tiendas y talleres. Tenían una planta baja abierta a la calle donde funcionaba el negocio y un piso superior para vivienda familiar. El edificio de la Exedra ocupaba una manzana (4.000 m2), y además de residencia presentaba espacios para deportes, baños y reuniones; se estima que podría haber sido sede de una asociación o ‘collegium’.

Las termas mayores tenían más de tres hectáreas, y se destacaban por una palestra para pruebas ecuestres. El complejo termal tenía un gimnasio estilo griego y los baños contenían servicios, piscina, biblioteca, sala de reuniones, etc.

Las murallas romanas comenzaron a construirse en el siglo I a.n.e, con ampliaciones y restauraciones hasta el 583. El grosor promedio era de 1,5 m y cubrieron unas 50 hectáreas. Hoy pueden observarse restos en dos sitios: un torreón en el área del teatro y un lienzo junto al anfiteatro.  

El teatro se comenzó a construir en la época de Julio César (siglo I) y se utilizó hasta el siglo IV. Tenía unos 2500 m2, graderío para unas 3000 personas, escenario y pórtico de cuatro lados. El anfiteatro comenzó a construirse con Adriano, e igual que el teatro se utilizó hasta el siglo IV. La arena era un óvalo de 70,6 por 47,3 m y contaba con capacidad para 25.000 espectadores, uno de los mayores del mundo romano. Disponía de una ‘fossa bestiaria’: sótano de servicio donde se guardaban objetos y animales destinados a los juegos. Tenía además salas especiales dedicadas al culto de Némesis y Dea Caelestis. 

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Escultura romana.

El  monumental Templo de Trajano, también llamado Traianeum y dedicado al culto del emperador, fue emblema y símbolo de la ciudad. El edificio del mosaico de Neptuno ocupaba una manzana de 6.000 metros cuadrados, y su funcionalidad es similar a la cumplida por el edificio de la Exedra. Estaba decorado con un mosaico que le da el nombre, siendo uno de los principales de la ciudad. Otro de los edificios excavados es la llamada Casa de los Pájaros, con una superficie de 1.700 m2 destinada a notables, con un mosaico que la identifica. La ciudad contaba además con una cisterna con capacidad para 900.000 litros de agua traídos por acueducto desde manantiales y ríos. 

El Conjunto Arqueológico de Itálica se presenta en buen estado de conservación, con cartelería explicativa adecuada en español e inglés en cada espacio –en algunos en Braille- con fotografías para mejor comprensión. También se demarca el recorrido, de tal forma que el público puede hacer la visita por su cuenta. 

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Sector de la Casa de los Pájaros.

El patrimonio mueble

En las excavaciones realizadas hasta el momento se hallaron objetos muebles, entre ellos la lápida votiva con representación de plantas de pies ubicada en un lugar de culto; la inscripción de Marco Trayo de la época de Augusto –27 a.n.e. a 14- que se expone en el Museo Arqueológico de Sevilla, el mosaico de opus sectile de mármol gris cuyo motivo parecen ser figuras astrales, el mosaico del planetario con los siete dioses asociados a los astros que regían el Universo, el mosaico de Neptuno que representa al dios –figura policromada- junto a criaturas marinas, el mosaico del Laberinto en el mismo edificio que el de Neptuno que recrea la ciudad amurallada –posiblemente la capital del reino de Minos- y en su interior un laberinto y un emblema que representaba a Teseo, y el ara de Marco Coceyo Juliano –de mármol- que se encontró en el teatro y cuyo original se expone en el Museo Arqueológico de Sevilla.      

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Termas mayores.

Investigaciones y patrimonio mundial

El sitio fue abandonado por centurias, hasta que se comenzó a investigar en el siglo XVI. Pero recién en el XVII empezó a trabajar en el lugar el poeta y erudito Rodrigo Caro. En el siglo XVIII el religioso Fernando de Zevallos escribió la obra "La Itálica", y luego realizó excavaciones Francisco de Bruna, logrando importante información y hallando interesantes esculturas. 

Durante las Guerras de la Independencia -1808 a 1814-, franceses e ingleses excavaron rudimentariamente el lugar, pero a mediados de ese siglo Ivo de la Cortina retomó los trabajos oficiales. Luego, la Diputación Arqueológica designó a Demetrio de los Ríos, quién desarrolló una importante labor. En el siglo XX se declaró al sitio Monumento Nacional, se creó la Junta Superior de Excavaciones y se optimizaron su estudio y conservación. Destacados estudiosos se ocuparon de investigar y recuperar Itálica: Andrés Parladé, Juan de Mata Carriazo, Francisco Collantes de Terán, Antonio García y Bellido, José María Luzón, Manuel Pellicer, Pilar León, Alfonso Jiménez y Ramón Corzo. Una entidad civil –Civisur- promovió la candidatura de Itálica para Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Presentaron el expediente a la Junta de Andalucía, que lo elevó a su vez al Ministerio de Cultura de España y que aun se encuentra en espera. 

Itálica ha sido la primera ciudad fundada por Roma en la península ibérica y una de sus ciudades más importantes. También la primera erigida fuera del territorio romano, y la cuna de dos emperadores: Trajano y Adriano. Hoy, sus vestigios se conservan como testimonio de un proceso histórico trascendente para Hispania y constituye un patrimonio cultural e identitario de enorme valor para la Comunidad Autónoma de Andalucía.      

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