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Una distracción que costó muy caro

Muchas veces tendemos a pensar que una vez que sucede un hecho que conmociona a la sociedad ya no se repetirá y todo seguirá su cauce normal.

Es lo que parece haber sucedido con el caso del avión robado en Villa Angela, hecho que terminó en tragedia, un calco de lo sucedido en el Aeroclub Chaco exactamente 23 días antes cuando desconocidos -presumiblemente de ciudadanía paraguaya- se llevaron un Cessna con destino a Bolivia donde se le perdió el rastro.

En ese momento -de acuerdo a las pocas crónicas que excedieron la limitación que imponen las gacetillas y comunicados oficiales- se supo que antes del hecho desconocidos alquilaron un vuelo con algún motivo lo que les sirvió para conocer la pista y la distribución del hangar, además de verificar los sistemas de seguridad.

De Villa Angela no se sabe nada o muy poco -atados a la comunicación oficial como estamos-  sobre si días antes algunas personas pasaron por el lugar como visitantes o usuarios de la pista.

Todo indica que así fue, lo que nos lleva a cuestionarnos la falta de previsión de las autoridades para advertir a los aeroclubes sobre esta suerte de "inteligencia" previa que termina en el robo de una aeronave de noche y un despegue con evidencia de conocimiento de la pista y sus limitaciones.

Nada indica que no se va a repetir, el narcotráfico crece día a día en víctimas y volumen y los controles en las fronteras están obligando a las organizaciones a volar tierra adentro con su carga para lo cual se hacen de aviones descartables obtenidos con muy poca inversión.

Fue una distracción que costó  más de 1 millón de dólares si dejamos de lado la tragedia que significa la desaparición de cinco personas cuyas identidades tal vez jamás sepamos y queden para siempre como NN en una tumba olvidada en el centro del Chaco.

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