El agua no se mancha y tiene memoria
No hay nada peor que conjugar una crisis por la falta de agua de características históricas con un año electoral y un enfrentamiento inusualmente caliente como el verano que vivimos en el Chaco. Pero ante el humo enceguecedor de la pirotecnia política no sabemos si los cerca de 1.200.000 habitantes de la provincia podemos percibir algo, lo más cercano a la realidad.
Ya superamos los tres años de sequía. La principal fuente que es el río Paraná se sostuvo en menos de un metro de su caudal en el Puerto de Barranqueras la semana que pasó y encendió las alarmas.

En todo el territorio provincial, pero especialmente en el interior, las napas de agua dejaron de prestar un imprescindible auxilio y se hundieron esquivando las desesperadas perforaciones en busca del vital líquido para las vidas humana y animal.
Ya se vivieron momentos similares pero la última duró casi dos años, menos que ahora pero con consecuencias tremendas tanto para el Chaco productivo como para los conglomerados urbanos.
Esta vez estamos en una crisis hídrica que lleva más de 1.100 días y con un panorama que pronostica que en unos tres meses la tremenda Niña que nos impacta se retiraría lentamente para dar paso a un Niño atenuado, con lluvias por debajo del régimen considerado normal.
Se suele decir que el Chaco no es para cualquiera y lo que esta apreciación describe es que no es fácil habitar esta tierra por su clima severo, impredecible pero a la vez de increíble e inigualable belleza.
Obviamente las condiciones de vida fueron cambiando hasta este presente por influencia exclusivamente humana; y, de su mano, las condiciones ambientales nos someten a pruebas cada vez más duras.

SIN LUGAR PARA LA CAMPAÑA
Quienes conducen nuestros destinos con responsabilidad en el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, oficialismo, oposición y sectores como los partidos políticos, movimientos sociales, sindicales, distintos colectivos y todo el abanico multicolor de nuestra aldea, deben asumir la gravedad del momento. Aportar para superarlo porque para eso somos una sociedad. Con más empatía y solidaridad particularmente.
Hoy no podemos darnos el lujo de tener en la punta de la pirámide al 2023, el año electoral, enfocados en alcanzar la gran meta por la provincia como prioridad porque así no habrá una bandera a cuadros para un glorioso final.
Las chicanas partidarias, más allá de la utilizada "turbiedad", solo manchan el agua que debe traducirse en sinónimo de vida. Pensemos en el momento que estamos viviendo y si las familias, especialmente las que más necesitan, se lo merecen.
El bien común está por encima de cualquier interés individual y especialmente de quienes en la sociedad sostienen una posición dominante. Desde la política hasta empresarios, industriales y productores, todos quienes tienen este privilegio deberían utilizarlo para la construcción de un lugar para vivir en paz y armonía sin excluidos, marginados ni expulsados sociales.
Nuestro Chaco nos hace vivir periódicamente los extremos. En la memoria histórica debe estar aún la denominada Guerra por el Agua que se vivió con gran tensión durante 1998 en la zona del Paralelo 28, primero entre chaqueños y después con santafesinos.
Entonces las excesivas lluvias inundaron el Sudoeste de nuestra provincia y transformaron en un teatro de operaciones a los Bajos Submeridionales donde la disputa era por dónde encauzar la enorme masa de agua que arrasaba todo a su paso.
Las intensas precipitaciones en esa fecha expusieron los errores en el manejo hídrico y llevaron a una situación muy peligrosa porque los productores se armaron para custodiar y salvar lo que pudieran con los terraplenes que desviaban la gran marea líquida que del Chaco buscaba el cauce del río Paraná en la provincia de Santa Fe.
La crisis superó lo que se podía hacer en ese momento pero por no preverla con decisiones adecuadas que podrían haber modificado el dramático escenario. Los que más tenían perdieron mucho, y los que menos se quedaron sin nada. El daño fue inconmensurable pero así como está en el pasado hay una experiencia para el aprendizaje.
Hoy todos estamos a prueba nuevamente. Esta es la oportunidad para echar una mirada hacia atrás, más allá de que los fenómenos climáticos de ayer y hoy son totalmente opuestos. La evaluación de las pérdidas y el daño social causados juzgarán si los chaqueños y chaqueñas aprendimos. Por eso subrayamos que no hay espacio para errores y menos para la utilización del sufrimiento de nuestras familias por la disputa política electoralista.
Como muestra vale señalar la situación conflictiva que se dio hace unos días nomás por el tipo de agua provista por Sameep a través del acueducto que desde el río Paraná recorre gran parte del interior. Después de los trabajos en esta gran obra para mejorar el volumen del líquido transportado, la aparición de sedimentos generó un válido malestar en los vecinos.
Hasta aquí es lógico el reclamo de las familias damnificadas, pero que se haya usado el tema de parte de una oposición, con el 17 de Septiembre puesto en la cabeza en un momento inoportuno y muy difícil, desvirtúa toda demanda social legítima.
El camino por el que opten los actores políticos en este delicado momento en el que la comunidad más los necesita marcará el resultado de la elección por la renovación gubernativa y legislativa de este año. En las actitudes, la sociedad constructiva tomará nota y resolverá qué futuro elegiremos para nuestro Chaco.
Un plan contra la sequía
El gobierno de Jorge Capitanich, ante la grave situación, decidió tomar medidas que exponen el nivel de la crisis que está padeciendo la provincia por la falta de lluvias que nos permitan tener agua suficiente nada menos que para poder vivir.
El Ejecutivo en su evaluación marcó el oeste, El Impenetrable, algunas áreas del sur y la periferia de los conglomerados urbanos de la capital provincial, que aún no cuentan con red de agua potable, como las más afectadas. Pero no hay lugar en el Chaco en el que no sufran por semejante drama ambiental.
Todos los detalles se darán a conocer en un plan integral, según lo anunció el gobierno. Para ello trabajó en una mesa técnica de seguimiento a la que sumó entre otros a las entidades del agro. En este ámbito le dieron forma al plan de trabajo que se aplicará en estos primeros meses que inician el cuarto año de emergencia hídrica, ígnea y productiva.
Ya definieron instrumentos fiscales y financieros que se pondrán en marcha para ayudar a pequeños y medianos productores.
El anticipo menciona medidas urgentes que insumirán una inversión inicial de 500 millones de pesos para perforaciones, acarreo de agua y contratación de equipos para el suministro en zonas rurales y urbanas.
La regularización de la venta forzosa de la hacienda, no se pagará el anticipo de impuesto a las ganancias y la regulación de la trazabilidad del Senasa que incluye a 900 productores de los que un centenar está afectado por la burocracia a lo que se sumará un esquema de venta del ganado en pie como salida de la provincia en la Administración Tributaria Provincial.
Según la evaluación técnica la provincia sufrió un déficit hídrico de unos 1000 milímetros acumulado en los últimos tres años. Lo que significa 35 % menos de lluvias de lo que debería haber caído de acuerdo con el régimen promedio. Hoy las decisiones tratan de atenuar las pérdidas provocadas por el nefasto fenómeno climático.










