Los "campamentos patrióticos" de la ultraderecha
Antes de fin de año, un hombre intentó colocar un explosivo en un camión de combustible en Brasilia.
El Batallón de Operaciones Especiales de la Policía recuperó y detonó el artefacto en forma controlada. Un día después, la Policía anunció la desactivación de varias otras bombas halladas en cercanías de Brasilia.

Según los medios, había unos 40 kilos de explosivos, almacenados junto con varios chalecos antibala. ‘Los graves hechos ocurridos prueban que los campamentos ’patriotas’ son incubadoras de terroristas‘, dijo en ese momento Flávio Dino, dirigente del PT que ya había sido designado ministro de Seguridad por Lula.
George Washington de Oliveira Sousa, detenido después de intentar el atentado, confesó inmediatamente -y sin culpa- que pretendía generar caos para provocar una intervención militar que impidiera la llegada de Lula al Planalto.


El arrestado, investigado por terrorismo, admitió además que había planeado el atentado junto a otros seguidores de Bolsonaro acampados ante el comando de Ejército.
En aquel momento, el jefe de la Policía Civil del Distrito Federal, Robson Cândido, aseguró que ‘No permitiremos en Brasilia este tipo de manifestaciones que amenazan vidas, el derecho de las personas a ir y venir o incluso la propiedad‘.

Los hechos de ayer muestran que no pudo o -como deslizó el presidente Lula al decretar la intervención federal a la capital- no quiso cumplir aquella promesa. Hay que reconocer que su jefe, el secretario de Seguridad del gobierno de Brasilia, Anderson Torres, exfuncionario del gobierno Bolsonaro, no hizo nada para impedir los asaltos de ayer.
El accionar de Bolsonaro y los "nidos de terroristas"
Bolsonaro, si bien concedió que colaboradores suyos participaran en el equipo de transición tras su derrota electoral, jamás reconoció que había pedido y, por el contrario, volvió a insistir con denuncias infundadas sobre el sistema electoral.
Eso, a pesar de que el Tribunal Electoral rechazó todas las denuncias presentadas por el Partido Liberal de Bolsonaro y otros partidarios, que pretendían impugnar la segunda vuelta.
"NIDOS DE TERRORISTAS"
Esos campamentos se fueron generando -mayormente en Brasilia, pero también en Río, Sao Paulo y otras ciudades importantes- cuando Bolsonaro se negó a reconocer oficialmente la victoria de Lula.
Los campamenteros se llamaron a sí mismos ‘patriotas‘ porque usaban la bandera brasileña como seña de identificación, en una exitosa operación propagandística, ya que ahora en Brasil e incluso en el exterior, aquel símbolo nacional ya se asocia con el sector bolsonarista. Los campamentos se concentraron en cercanías de cuarteles en varios puntos del país, pero los de Brasilia fueron -con diferencia- los más violentos: a principios de diciembre, cuando el Tribunal Superior Electoral reconoció a Lula como el presidente electo de Brasil, los fanáticos quemaron varios ómnibus y autos y atacaron a la policía frente al Comando del Ejército.
El equipo de transición de Lula preparó cuidadosa y exitosamente la concentración de 300.000 personas en la Explanada de los Ministerios el día de la asunción del nuevo presidente, el 1 de enero. Pero luego de su primera semana al frente del Ejecutivo, fueron sorprendidos por este intento de asonada.
Tras asumir en su ministerio, Flávio Dino dijo que el gobierno debía ‘anticiparse‘ y ‘evitar una situación de inestabilidad‘: ‘No puede haber un vacío de poder. Ya en estas primeras horas tomaremos medidas para que no ocurra‘.
La actuación y las medidas del flamante ministro quedaron este domingo en entredicho. La obvia acción criminal de los bolsonaristas fue declarada y reiterada. Sorprende la falta de reflejos y celeridad de las nuevas autoridades.










