Redescubrir la Navidad
"Si realmente queremos celebrar la Navidad, redescubramos a través del pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo", dijo el Papa Francisco en un encuentro que mantuvo en el Vaticano con artesanos de la madera que donaron un pesebre y un árbol que fueron ubicados en la Plaza San Pedro. En la oportunidad, además, el jefe de la Iglesia Católica hizo un llamado a redescubrir el profundo significado de esta festividad religiosa.
Como dato de color, se puede mencionar que el pesebre donado fue realizado íntegramente en madera por artesanos de Sutrio, Udine, la provincia italiana que mantiene estrechos vínculos históricos con el Chaco, ya que familias de esa región formaron parte del primer grupo de italianos que llegaron para poblar estas tierras en el marco de las leyes de fomento de la inmigración.
En numerosas oportunidades el Papa Francisco ha hecho mención a aquel mensaje universal que comenzó a escribirse en un pequeño pesebre rodeado de la sencillez de un establo y que hoy mantiene plena vigencia, en un mundo que viene de sufrir una emergencia sanitaria global y padece las consecuencias de la guerra en Europa del Este y de otros conflictos armados que cargan de enormes padecimientos a millones de personas. Como bien señala el Papa, en esta Navidad es necesario reflexionar sobre el sentido de esta festividad. En tiempos en los que la pobreza y la de oportunidades se extienden no solo en nuestro país sino también en amplias regiones del mundo, es necesario preguntarse qué puede hacer cada uno de nosotros para evitar la violencia en sus distintas manifestaciones, dejar atrás el no reconocimiento de los derechos del otro y para trabajar en la construcción de una sociedad más justa.
Reflexionar sobre el verdadero sentido de la Navidad implica revisar también aquellas maneras de obrar y omisiones que a lo largo de este difícil año contribuyeron a mantener las injusticias, sembrar la desesperanza y a dificultar el desarrollo más pleno de la comunidad. Como se ha señalado en varias oportunidades en esta misma columna, es necesario que todos los argentinos renovemos el compromiso con el bien común, a partir del diálogo sincero y libre de mezquindades, entendiendo a ese diálogo como un factor clave de la vida en democracia. Los enfrentamientos estériles y las prácticas violentas, tan opuestos al espíritu de aquel pequeño pesebre al que hace mención el Papa Francisco, son un obstáculo para el objetivo de construir una sociedad mejor para todos, sin exclusiones. Por eso es necesario reflexionar, una vez más, sobre el verdadero sentido de estas fiestas de fin de año y hacer un sincero esfuerzo para comprender el mensaje cristiano, en toda su dimensión. Muchas veces, es cierto, la luz de la razón no es suficiente para encontrar las respuestas que requieren los enormes problemas y desafíos que enfrenta nuestro país, con indicadores de pobreza que son más que preocupantes. Es ahí donde se debe escuchar a lo que dicta el corazón, que es, por cierto, el lugar más apropiado para entender la sencillez del mensaje de la Navidad y de las enseñanzas de Jesús. Pero para eso es necesario realizar una breve pausa en el vertiginoso camino de la vida diaria.
"El cristiano sabe que la Navidad es un acontecimiento decisivo, un fuego perenne que Dios encendió en el mundo y que no se puede confundir con lo efímero. Es importante que no se reduzca a una mera fiesta sentimental o consumista", recuerda el Papa Francisco y, al mismo tiempo, señala que la celebración no debe ser una fiesta en la que predomina el consumismo, ni que se transforme en un encuentro "lleno de regalos y buenos deseos, pero pobre en la fe cristiana". Para finalizar, vale la pena recordar que la Navidad es, justamente, una fiesta de sencillez y humanidad, que, como dice el Papa "puede quitarnos el pesimismo de nuestro corazón y nuestra mente".
Celebrar el nacimiento de Jesús debe ser también una invitación a despojarse de toda vanidad, a practicar la solidaridad y actuar siempre con preocupación por el prójimo, especialmente por aquellos que más necesitan de la ayuda y gestos de acompañamiento.










