Diente por diente, ojo por ojo
La mayoría de las personas se siente más cómoda con la venganza que con la misericordia. Y aunque parezca raro, este tipo de conductas coincide con una ordenanza divina de la época de Moisés, líder del pueblo de Dios.
CAMINO A LA TIERRA PROMETIDA
Efectivamente ellos, tres meses después de haber salido de Egipto y cruzado el mar Rojo camino a la tierra prometida, llegaron al desierto de Sinaí, donde Dios les ofrece que guarden su pacto para que a partir de ese momento sean su especial tesoro sobre todos los pueblos, gozando así de su protección a cambio de obediencia a su palabra.
Para llevar a cabo ese cometido, Moisés recibió las dos tablas con los 10 mandamientos y posteriormente comenzó a diseñar un código de convivencia para el pueblo, y lo primero que legisló fue sobre como corregir los actos de violencia que se produjeran en adelante.
NACE LA LEY DEL TALIÓN
Aunque el texto bíblico no lo dice, allí nace lo que posteriormente en el mundo se conoce como ley del Talión, cuyo espíritu es el de hacer pagar una agresión con la venganza de la víctima.
Surge el conocido "ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe".
Así quedó establecido que cada uno debería hacerse responsable por la violencia que utilizara en contra de su prójimo.
PERMANECE HASTA LA LLEGADA DE JESÚS
Pero este estilo de justicia se quiebra cuando aparece en escena Jesucristo, quien en el famoso Sermón del Monte, les dice a sus seguidores: "Oyeron que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente; pero yo les digo: no resistan al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…"
Estas características de reacción ante la agresividad de terceros es la que debiera encontrarse en cada seguidor de Cristo.
Nunca debiéramos reaccionar como lo hace el agresor, al contrario, el mandato señala que debemos amar a nuestros enemigos y orar por ellos. En ese contexto el apóstol Pablo les enseña a los creyentes romanos que no paguen a nadie mal por mal, sino que procuren lo bueno delante de todos los hombres y que no utilicen la venganza, sino que dejen lugar a la venganza divina.
Les agrega que bendigan a quienes los persiguen y no maldigan, que se alegren con quienes están alegres y lloren con los que lloran. Que vivan en armonía los unos con los otros. Que no sean arrogantes, más bien que sean solidarios con los humildes.

EN NUESTRO TIEMPO
En nuestro tiempo, pocos son los que concurren a una iglesia para escuchar la palabra de Cristo, tampoco lo buscan por Internet, y menos aún leyendo sus enseñanzas en la Biblia; pero sin embargo están observando el comportamiento de quienes se autodefinen como seguidores de Cristo. En tal sentido, el apóstol Pablo señala que los cristianos somos "cartas leídas", dando a entender que somos de manera permanente observados por la sociedad que nos monitorea.
Dicho de otro modo, podemos difundir a Cristo por medio de nuestras actitudes diarias.
A cada lugar que vayamos nos debería acompañar la tarea de embajadores de Dios, anunciando al mundo la necesidad de abandonar la ley del Talión y volvernos al creador. No es fácil, pero se puede.










