Soberanía nacional, ¿solo una entelequia más?
¡Soberanía! Son pocos los países que no tienen a la defensa de su soberanía como uno de sus principales ejes, lamentablemente Argentina no es uno de ellos.
Es inadmisible que, a 177 años de la batalla de la Vuelta de Obligado, no tengamos la decimonónica visión estratégica de aquellos patriotas, y seamos incapaces de recuperarla y defenderla plenamente.
Si bien el término "soberanía" es muy amplio, va más allá de la territorialidad, abarca otros aspectos tales como la soberanía histórica, cultural, política, económica, alimentaria, es decir todos aquellos aspectos necesarios para lograr ser independientes dentro del contexto internacional, como también lo es la vía navegable más importante del país, que hoy se halla administrada y controlada por manos extranjeras, ya que ha sido entregada por gobiernos cipayos hace más de 25 años, no solamente el curso de agua sino también los accesos, los puertos.

Por qué se debe defender la soberanía nacional
Defenderla significa en definitiva cuidar nuestros bienes comunes, (recursos naturales), los cuales en definitiva es el botín apetecido por las grandes potencias y es lo que pone permanentemente en riesgo la soberanía nacional. Durante décadas, la acumulación del capital y la hegemonía norteamericana en el mundo se basaron en la extracción y depredación de recursos naturales, garantizados por el control militar y político sobre las regiones con mayores reservas de los mismos (somos una de ellas). Pero hay un hecho trascendental que nos ha llevado a una posición de debilidad y que nos obliga a ceder bienes estratégicos, podemos "llamarla la silenciosa herramienta asesina", los "créditos" tomados que nos genera deudas "eternas" prácticamente solo pagables con los recursos estratégicos nacionales.
Hoy celebramos el Día de la Soberanía Nacional, en conmemoración de la Batalla de Vuelta de Obligado (1845), comandada por el General Lucio Norberto Mansilla.
Este hecho ocurrido hace 177 años, fue una acción en defensa de la vía de navegación del río Paraná. En ese momento se luchó contra las aspiraciones colonialistas inglesa y francesa (aliados circunstanciales), que pretendían hacerse del manejo del Paraná, para garantizar libre navegabilidad y comercio regional sin abonar impuestos, ni condicionamientos. También es justo recordar que no fue la única batalla en defensa del Paraná, actualmente casi pasaron al olvido las dos batallas posteriores ocurridas sobre el mismo río contra la misma flota invasora donde fueron definitivamente derrotadas.
La primera de ellas (ocurida el 16 de enero de 1846) se la recuerda como Segundo Combate de San Lorenzo, donde se venció por primera a la flota franco-británica, escuadra que después del Combate de Obligado había logrado avanzar río arriba. La segunda victoria y definitiva (el 4 de junio de 1846) ocurrió seis meses después, en la Batalla de Punta Quebracho (en las cercanías de la actual localidad de Puerto General San Martín, 35 km al norte de la actual Rosario, Santa Fe), donde las fuerzas de la Confederación Argentina al mando del general Lucio Norberto Mansilla vencieron a la poderosa escuadra que regresaba desde la provincia de Corrientes con la pretensión de bloquear el acceso al río y a todos sus puertos.
La contundente victoria en Punta Quebracho marcó el final de la expedición colonialista de la alianza franco británica.

Lamentablemente a lo largo de estos años no supimos mantener la plena soberanía al no entender la importancia estratégica de nuestra vía navegable (¿o sí?), cedida a manos extranjeras para su manejo, administración y control, situación que jamás hubiera ocurrido sin la colaboración de gobiernos entreguistas, para los cuales la defensa nacional no fue ni es una prioridad.
La recuperación de la soberanía nacional sobre la vía navegable del Paraná hoy es fundamentalmente política, hace más de un año tenemos la oportunidad de recuperarla. Solo es necesario tomar decisiones, y avanzar con un par de acciones para recuperar el control estratégico de la más importante vía de navegación nacional.
En primer lugar, requiere la visión estratégica de la defensa de lo nuestro y la voluntad de hacerlo.
Por otra parte, denunciar el Acuerdo de Transporte Fluvial por la Hidrovía Paraguay-Paraná (Puerto Cáceres-Nueva Palmira), el cual se halla previsto en el Capítulo XIV, Denuncia, Artículo 33: "Cualquier país signatario del presente Acuerdo podrá denunciarlo transcurridos cuatro años de su entrada en vigor. Al efecto, notificará su decisión con sesenta días de anticipación, depositando el instrumento respectivo en la Secretaría General de la ALADI, la cual informará de la denuncia a los demás países signatarios. Transcurridos sesenta días de formalizada la denuncia, cesarán automáticamente para el país denunciante, los derechos y obligaciones contraídos en virtud del presente acuerdo".
Por último, "el inmediato inicio de la ejecución de la obra del Canal Magdalena". Somos un país bicontinental, actualmente desconectado soberanamente; el canal es una pieza clave para la defensa de los intereses argentinos en el Atlántico Sur, ya que brinda una salida directa al mar y mejora la conectividad fluvial marítima, permitiendo conectar la Cuenca del Plata con la Antártida sin tener que atravesar por aguas administradas por el Uruguay.
Este canal cuenta con significativas ventajas: el ahorro en tiempos de navegación de los buques que transitan por el sistema troncal, a la vez, menores costos logísticos para el transporte, lo cual tendría un impacto en los precios.
En términos geográficos y geológicos presenta ventajas significativas. En primer lugar, se trata de un canal natural orientado en la dirección de la corriente y de los vientos predominantes en la zona, lo cual reduce el proceso de sedimentación.
Por otro lado, las proyecciones de ancho de solera del Canal Magdalena permiten el tránsito de buques de mayor porte, y la generación de una doble vía de circulación, por contraposición al Canal Punta Indio, que desvía la navegación hacia Uruguay, que es de una sola vía.
El mar y la conexión por medio de nuestros ríos, resulta imprescindible en la posibilidad de controlar el flujo de comercio exterior, en la defensa nacional y la posibilidad de explorar y explotar nuestros recursos naturales, donde los beneficios del Canal Magdalena son eslabones fundamentales de la estrategia geopolítica de fortalecimiento de nuestra soberanía nacional. Por todo lo antedicho y más ya no queda más que discutir sobre el Canal Magdalena, lo único que falta es "iniciar la obra".
La resistencia a la internacionalización del Paraná es histórica, y hoy es ignorada por la historia contemporánea. Podemos decir que la defensa en ese momento fue exitosa, solo por un tiempo, ya que actualmente países extranjeros dominan el manejo de nuestra vía navegable y sus puertos, hay que volver insistir con mayor vehemencia la recuperación de nuestro Paraná, por ser una herramienta estratégica, para conseguirlo es necesario que la nación conozca su importancia, y a su vez demandar a nuestros representantes que cumplan con el mandato otorgado por el pueblo y realicen lo necesario para recuperar la soberanía de la vía navegable.
La obligación de defender la soberanía nacional es de todas y todos, para construir una patria justa, libre y soberana. Es hora de que despertemos y digamos basta al neocolonialismo. ¡Patria sí, colonia no!
(*Exsoldado Combatiente de Malvinas - Fundación Soberanía y Memoria)
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