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Riesgos de una escalada bélica

La caída de un misil en Polonia, cerca de la frontera con Ucrania, volvió a poner a prueba el delicado equilibrio mundial. La responsable de Asuntos Políticos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Rosemary DiCarlo, dijo que el incidente, que dejó un saldo de dos personas fallecidas, revela la urgente necesidad de evitar una escalada mayor en el conflicto de Europa del Este.

Por un momento, la comunidad internacional mantuvo la respiración. Esta semana las autoridades polacas denunciaron la caída de un misil en su territorio que provocó la muerte de dos personas. En un principio se atribuyó el impacto del proyectil a un ataque de tropas rusas sobre un país que es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero con el correr de las horas los voceros de la Alianza militar confirmaron que se trató de un misil lanzado por el sistema ucraniano de defensa antiaérea. De no haber sido así, el hecho podría haber desencadenado un enfrentamiento directo entre esa alianza militar liderada por EE.UU. y Rusia, con consecuencias impredecibles para Europa y el resto del mundo.

Según la ONU, la guerra ya ha dañado aproximadamente el 40 por ciento de la capacidad de generación de energía de Ucrania, dejando a varias ciudades sin servicio de electricidad y afectando a más de 185000 personas. Además, la ayuda humanitaria enfrenta dificultades para llegar a zonas del este y el sur que todavía están bajo el control de las fuerzas rusas, según informó el organismo internacional. Ayer, la secretaria de Asuntos Políticos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Rosemary Di Carlo, dijo que la colocación de minas antipersonales cerca de zonas urbanas pone en riesgo más vidas, impidiendo el movimiento de civiles y obstaculizando los esfuerzos humanitarios. Sobre ese asunto, la funcionaria recordó tanto a Rusia como a Ucrania que el derecho internacional humanitario les exige que faciliten el paso rápido y sin trabas de la ayuda humanitaria para todos los civiles necesitados. "Los riesgos de un desborde potencialmente catastrófico de la guerra siguen siendo demasiado reales", remarcó Di Carlo al hablar ayer ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

En octubre los ejercicios realizados por tropas rusas que simularon un ataque nuclear ya habían generado preocupación e hicieron recordar la crisis de los misiles de 1962 que llevó al planeta al borde de un conflicto atómico. Poco después de esos ejercicios, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pronunció un discurso que añadió más tensión: "la próxima década será la más peligrosa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial", dijo. Según el mandatario, la actual ofensiva de su país sobre Ucrania es solo uno de los movimientos de piezas en el tablero de la geopolítica global y por eso dijo que el mundo unipolar tal como se lo conoce hasta ahora, en poco tiempo se convertirá en algo del pasado.

Son cinco las naciones que poseen el mayor número de armas nucleares: Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido y Francia. También tienen armas de destrucción masiva, aunque en menor cantidad, Corea del Norte, India, Israel y Pakistán. Según los responsables de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, actualmente en el mundo existen 17300 cabezas nucleares. Una sola arma con este poder de destrucción utilizada en una ciudad puede matar millones de personas, y el empleo simultáneo de una decena o cientos de ellas, pueden llevar al colapso del planeta. El Instituto de Investigación de Desarme de la Organización de Naciones Unidas, por su parte, observó que todos los países con este tipo de armas tienen programas de modernización nuclear en marcha y que el panorama de control de armas está cambiando, en parte debido a la disputa estratégica entre China y Estados Unidos.

La incertidumbre que se vivió esta semana por la caída del misil en Polonia elevó la tensión de la guerra, aunque en las últimas horas trascendió que Washington y Moscú intercambiaron mensajes diplomáticos en un intento por bajar los decibeles en un momento en que la guerra de Europa del Este estuvo a punto de escalar a otro nivel a raíz del misil caído en territorio polaco.

Es de esperar que los líderes de las potencias mundiales actúen con sensatez y contribuyan a detener un conflicto que se sabe cómo comienza, pero no cómo termina, ya que se trata de una guerra que tiene como telón de fondo la posibilidad de uso de armas de destrucción masiva, lo que representa una verdadera amenaza para la supervivencia humana.