IA: ¿hasta dónde de inteligente?
"Los precios de los autos usados en Resistencia podrían sorprenderlo" -dice el aviso que de repente aparece mientras navegamos por Internet. Tiene imágenes de vehículos de EEUU o Europa y nos invita a tomar un crédito en dólares con tasas impensables en nuestro país.

Lo mismo sucede con otros tipos de avisos que siempre referencian nuestra zona y -claramente- no tienen nada que ver con nuestro país, mucho menos con la capital del Chaco. ¿Porque sucede esto? Se trata de un uso primitivo de la "inteligencia artificial" que –en estos casos- revela no ser muy inteligente, ya que es un algoritmo que se construye a partir de la ubicación de la computadora. Porque, aunque no lo parezca, detrás de Internet hay una suerte de "gran hermano" que todo lo sabe. Por esta razón son muchos los temores motivados por la posibilidad de que los algoritmos terminen escapando del control humano.
Mientras el debate prosigue, las "inteligencias" artificiales nos dan motivo de diversión con algunas curiosidades. He aquí una serie de novedades de los últimos años que no salvarán al mundo ni le pondrán fin, pero que nos entretienen con la cara más curiosa de la IA.
Orientación sexual
¿Puede detectarse la orientación sexual de las personas por su aspecto? Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford (EEUU) suscitó una sonada polémica con el anuncio de un estudio en el que describía un algoritmo supuestamente capaz de determinar si una persona es heterosexual u homosexual analizando sus fotos en una red social de citas.
Los investigadores tomaron la información de los usuarios, públicamente disponible en esta web, y entrenaron a una red neuronal para reconocer la orientación sexual a partir de sus rasgos y su presentación. Según el estudio, el algoritmo acertó en un 81% de los casos para los hombres y en un 74% para las mujeres, mientras que un grupo de evaluadores humanos sólo acertó en el 61% y el 54%, respectivamente.
Las organizaciones de defensa de los derechos de la comunidad LGBT pusieron el grito en el cielo por lo que consideraban "ciencia basura", mientras que los investigadores se defendían alegando que precisamente su intención era advertir del riesgo de pérdida de privacidad con las nuevas tecnologías.
El bot racista
Los llamados "bots" son aplicaciones de inteligencia artificial programados para interactuar con los seres humanos de diversas maneras. En marzo de 2016 los investigadores de Microsoft crearon un perfil de Twitter para "Tay", su bot de conversación de IA. No imaginaban que el experimento apenas duraría 16 horas: fue el tiempo que tardaron los responsables de Tay en verse obligados a desconectar a su criatura de internet, cuando descubrieron que se había convertido en una entidad despiadada sexista, racista y xenófoba.
En sus más de 96.000 tweets, Tay se explayó insultando a las minorías étnicas, ensalzando a Hitler y negando el Holocausto, sin dejar de lado los comentarios procaces.
Según explicaron después los responsables del proyecto, Tay había sido víctima de usuarios malintencionados que la habían guiado deliberadamente hacia ese terreno ideológico, aprovechando la incapacidad del bot para establecer criterios éticos.

Y más racismo
En 2021 un grupo de investigadores descubrió que los sistemas de IA tienden a generar imágenes sexualizadas de mujeres, pero representaciones más profesionales de hombres. Otro experimento de 2022 mostró que un robot animado por IA aplica estereotipos racistas y machistas al manipular una serie de bloques con rostros humanos: cuando se le pide que escoja al criminal, tiende a elegir con mayor frecuencia a un hombre negro, a un latino en el caso de un conserje, o a un masculino si se le pregunta por un doctor. Los expertos alertan de que estos sesgos, lejos de ser anecdóticos, son problemáticos, y que debe trabajarse para prevenirlos.
Un idioma para bots
Los humanos aprendemos a manejar desde niños el lenguaje, pero para las máquinas es todo un desafío, como pueden atestiguar los responsables del Laboratorio de Investigación en Inteligencia Artificial de Facebook. Los investigadores conectaron entre sí a dos bots llamados Alice y Bob, para que entrenaran sus dotes de conversación y negociación. Pero pronto comprobaron con estupefacción que las máquinas estaban comunicándose con secuencias de este estilo: "Balls have zero to me to me to me to me to me to me to me to me to". Facebook explicó que los bots no habían sido programados para ceñirse a las reglas de sintaxis y gramática del lenguaje natural y que, por tanto, habían empleado el vocabulario inglés de cualquier manera para construir su propio código lingüístico, con el que se entendían fácilmente entre ellos.
¿Me quiere, no me quiere…?
Un grupo de investigadores de la Universidad del Sur de California recogió las conversaciones de 134 parejas durante sesiones de terapia a lo largo de dos años y con todo este material entrenó a un sistema de IA para que pronostique si una pareja tiene posibilidades de vivir juntos para siempre.... o no.
Lo curioso es que la máquina no se fijó en el contenido de las conversaciones, sino sólo en las formas: rasgos como la entonación, la intensidad de la voz o quién habla, cuándo y por cuánto tiempo. Y los resultados fueron pasmosos: el sistema acertó en el 79,3% de los casos, superando el 75.6% conseguido por un grupo de expertos humanos que tuvo acceso no solo al audio de las sesiones, sino también a los videos.

Dios en un algoritmo
Hace unos años, un exingeniero de Google quiso otorgarle a la IA un rol papel divino con la intención declarada de que este dios cibernético contribuyera a mejorar la sociedad. Se trata de Anthony Levandowski, un desarrollador de sistemas para coches autónomos que trabajó en Waymo, una compañía del conglomerado Google, antes de fundar su empresa Otto, dedicada a los camiones autoconducidos. Otto fue adquirida después por Uber, y Levandowski fue finalmente despedido y denunciado por una presunta violación de secretos empresariales de su antiguo empleador.
En 2017 Wired reveló el nuevo e insólito proyecto de este ingeniero: una organización religiosa denominada Way of the Future, cuyo objetivo era "desarrollar y promover la realización de una divinidad basada en IA para, mediante la comprensión y la adoración de la divinidad, contribuir a la mejora de la sociedad". Levandowski finalmente cerró las puertas de su iglesia virtual en 2021, pero dejó claro que aún cree en la premisa que inspiró su creación.
Vida después de la muerte
Una de las aplicaciones más inquietantes que últimamente está explorando la IA es crear réplicas virtuales de personas fallecidas, algo inquietante y hasta ahora argumento de películas y series de tv. En los últimos años han sido varias las iniciativas en esta línea que han saltado a los medios: chatbots que no solo imitan la voz del difunto, sino que son capaces de conversar tal y como lo habría hecho la persona real, o al menos eso intentan. Amazon quiere dotar a su asistente digital Alexa con la capacidad de emular la voz de cualquier persona, incluso si ya falleció. En el Reino Unido, una mujer respondió a las preguntas de sus familiares en su propio funeral, y lo mismo hizo el actor Ed Asner, famoso por la serie Lou Grant, de los años ´70 y ´80.
Sexo más que virtual
El sexo con robots es otra de las aplicaciones de la IA que suscita fuertes controversias, pero también genera un interés que no parece disminuir. Los muñecos y muñecas sexuales tienen una larga historia detrás, pero desde los toscos modelos hinchables de antaño, los nuevos materiales y técnicas de fabricación permiten llegar a la creación de representaciones hiperrealistas, no solo en su aspecto, incluso al tacto.
Es el caso de la californiana RealDoll, que a su catálogo de muñecas sexuales inanimadas ha añadido Harmony, un sistema dotado una cabeza robótica alimentada con IA que es capaz de reflejar expresiones en su cara, conversar y recordar las preferencias sexuales de su usuario.










