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Maia Eirín: "Leer siempre es un acto creativo"

La directora del Centro Cultural Universitario de Corrientes, dependiente de la Secretaría de Extensión de la UNNE, repasa aquí su recorrido como lectora y especialista en literatura infantil.

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"Leer es dejarse conmover por otro; hacés silencio y dejás que hable el otro. Cuando leés estás usando palabras de otro para algo que está pasando dentro tuyo. Cuando leés estás pensando. Cuando lees estas sintiendo. Todo sucede, en un orden y en un universo que para vos es desconocido, adentro tuyo", con estas palabras, nuestra entrevistada definió qué es leer.

Maia trabajó en el Plan Nacional de Lectura desde sus comienzos, así recorrió localidad por localidad la provincia de Corrientes. Fue jurado junto a Liliana Bodoc, y otras dos referentes nacionales en 2014 para Los Destacados de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina). Es docente, profesora en Letras de la UNLP, escribe y coordina talleres de escritura. Actualmente es directora del Centro Cultural Universitario de la Unne en Corrientes. Hoy nos habla de su otra pasión, la literatura infantil y juvenil.

—Leés desde los cuatro años y parece que la carrera de letras estaba ya prefigurada, ¿fue así?

—Los libros son el lugar donde me hallo. Desde niña  supe encontrar, en la selección azarosa y fortuita que hacía, los textos que me convocaban. Recuerdo que mi primer año de secundaria coincidió con un aniversario especial de Horacio Quiroga. Mis compañeros lo estaban conociendo y yo ya había leído parte de su producción. Lo había leído porque me gustaba, leí un libro y después otro de Quiroga, no porque fuera su año, ni porque la profesora lo indicara, ni porque estuviera de moda leer a Quiroga. Estudié letras porque me resultaba fácil, o porque sentía el mismo placer que siento ahora al leer.

—La especialización en literatura infantil ¿cuándo llegó?

—Cuando terminé letras ya tenía dos hijos (tengo tres). Cuando era chica había estudiado música en un conservatorio en La Plata. Así que mientras estudiaba también trabajaba en jardines de infantes como maestra de música. El laburo con los niños formaba parte de mi entorno mientras iba estudiando letras y también criando a mis propios niños. Siempre discutí que la carrera de letras estuviera en Humanidades. Para mí, leer es un acto muy creativo. Creo que la Facultad de Letras debería estar en la Facultad de Bellas Artes, después vemos si los egresados nos dedicamos a la docencia o no, esa es otra historia. El objeto de estudio es la literatura y un buen libro siempre despertará en el lector un hecho creativo. 

La literatura infantil llegó cuando empecé a trabajar en la Escuela de Educación Estética 1. Es una escuela destinada a estudiantes de escuela primaria. Los niños van de forma gratuita a contraturno de su propia escuela primaria. En esta escuela estética tenías seis lenguajes artísticos en toda la semana, dos por día. Empecé a trabajar ahí, dando el taller de Literatura, leyendo con esos niños literatura infantil. 

—Ahí quería llegar: ¿existen libros para niños, niñas y adolescentes?

—No. En esa escuela había una biblioteca enorme, y como había hecho siempre en mi vida, ojeaba los libros y compartía solo aquellos que de una u otra forma me conmovían. Dentro de la carga horaria docente había ochenta minutos que eran de reunión docente. En esos ochenta minutos compartíamos material teórico, recomendaciones, prácticas, saldábamos dudas. Tuve la suerte de tener a referentes docentes que se habían formado para abordar literatura con niños, como María Marta Bibiloni, que fue una de mis maestras

En relación a tu pregunta hay que decir que en principio no hay que subestimar al niño o niña lectora. Si lo que le leés (o contás) no lo conmueve, es posible que nunca más agarre un libro. Entonces hay que tener recursos para acompañar un desarrollo de interés por la lectura. Todas las personas tenemos disponibilidad para conmovernos y para ser comprendidos en los que nos pasa. Los lenguajes artísticos refieren a ese lugar, a ese punto de encuentro. La literatura se representa con la palabra, pero si vos le prometés ese encuentro al chico y resulta que abrís el libro para enseñarle a lavarse los dientes, le estás traicionando esa confianza.

Los libros no son para chicos y chicas, ni para grandes, ni para tales o cuales: son para lectores, es decir personas dispuestas a conmoverse. No todos los lectores estamos disponibles para conmovernos con las mismas cosas. 

—¿Se pueden abordar todos los temas con los más pequeños?

—Sí. Es más: es necesario abordar todos los temas con los chicos y las chicas, la cuestión es no imponerles temas. El secreto es que la búsqueda sea de su parte y no una imposición del adulto. Tanto el tema como la profundidad con que se aborde,  deben desarrollarse en un diálogo delicado, verificando siempre los bordes en los que el niño o la niña van configurando su indagación.  

Se me viene un ejemplo: un día mí hijo más grande vino muy ofuscado porque los chicos en la vereda decían que Papá Noel eran los abuelos. Para mí, como madre, era contradictorio. Estábamos a fines de los ´80 o principios de los ´90. Le pregunté qué le parecía y él me dijo que Papá Noel no era su abuelo, tenía sus dos abuelos, pero pensó en uno de ellos y los fue comparando. A medida que iba encontrando argumentos se le iba iluminado la cara, la confirmación le generó una sonrisa. La conclusión fue que el abuelo no era Papá Noel, aunque también compraba regalos.

Como adultos, estar disponibles y darnos permiso para abordar todos los temas con los más pequeños puede ser conflictivo, darnos trabajo, pero es necesario para poder en principio entender, y si nos es posible acompañar, las enormes dificultades, contradicciones, angustias y discusiones que se atraviesan en la infancia, con sus consecuentes emociones universales (rabia, dolor, envidia, celos, frustración, etc). La infancia no es un paraíso, y si los adultos no entendemos eso, dejamos solos a nuestros niños y niñas con sus dificultades, los abandonamos.

—¿Cómo se hace para acercarles todos los temas?

—Las niñas y los niños no son una categoría unificada. Es como cuando hablamos y decimos "porque los hombres tal cosa", o "las mujeres siempre hacen tal otra". ¿Qué hombres?, ¿qué mujeres?, ¿de quiénes, o de quién, hablamos? En general, de nuestras parejas o nuestros padres. Cuando de niños se trata, de nuestros hijos o de aquellos que están próximos a nuestro entorno. Alguien dice: "a los niños les gusta el mar". ¿A qué niños? Hay niños de Chaco o de Corrientes que no saben qué es el mar.

Los niños y las niñas son la persona concreta que somos cada uno de nosotros, emocionándonos frente a algo. No viven en una realidad paralela. Son personas que están en una etapa de desarrollo igual que nosotros. Necesitan un acompañamiento y necesitan que los adultos colaboremos en el proceso de sus emociones. No con la negación, sino con la organización. Hay niños que necesitan que se hable de violencia, hay niños que necesitan que se les hable de la muerte, hay niños que necesitan que se comparta hablar de violaciones, hay niños que viven todas esas cosas que estamos nombrando. Entonces sería muy cínico decir que a los niños no deberíamos hablarles de esas cosas que les tocan vivir. 

—Coordinaste por mucho tiempo la Feria del Libro de Corrientes, ¿las ferias son espacios propicios para crear nuevos lectores?

—Hace más de diez años me mudé a Corrientes y recorrí la provincia con el Plan de Lectura. Fui referente y diseñamos una capacitación donde hacíamos módulos sobre literatura infantil. Fue un proceso que duró poco, pero fue pensado y acompañado desde su inicio hasta su cierre y tuvo sus frutos.  La feria del libro es un proceso, igual que el de cualquier cuerpo: necesita tiempo para crecer. En Corrientes estaba el deseo. Pensamos que el modo de fortalecer el sector era salir de la propuesta imperante en la región: una única librería asociada con la provincia o el municipio de turno. Nos resultó clara la necesidad de abrir el diálogo y generar la circulación de otros actores editoriales. Trajimos propuestas de fuerte valor simbólico y se generó de inmediato un centro magnético. Aparecieron rondas de lectura, las autoediciones se fortalecieron, los autores se hicieron visibles, establecieron alianzas estéticas entre ellos, comenzaron a demandar espacio. 

La Feria es la única de la región que fue aumentando la cantidad de público a través de estos diez años. Cuando iniciamos la feria no había, y sigue sin haber en la región, una cámara de comercio editorial -a la manera de Buenos Aires- que pueda funcionar de sostén, como sucede en la Feria Internacional de Buenos Aires. La feria por sí sola no puede sostener la formación de lectores. Se necesitan programas por fuera de ella que multipliquen a los mediadores de lectura y sostengan a los formadores de formadores.

—Hace poco asumiste como directora del CCU y volviste a reencontrarte en la lectura con la niñez. ¿Qué actividad están llevando adelante?

—Estamos programando actividades en los Centros de Promoción de Derechos que dependen del Ministerio de Desarrollo Social. Por el momento diagnosticamos para diseñar un proyecto que responda al objetivo de extensión universitaria: llegar adonde las unidades académicas no llegan. Tenemos pensado acompañar a los adultos, para que funcionen como mediadores de lectura, y a los chicos y chicas para que transiten un proceso en relación con un lenguaje artístico. Eso nos permite cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sustentable, una de las metas que la UNNE se propuso en su nueva gestión. 

—¿Qué es la literatura?

—La literatura es quiebre y discusión. El arte discute y desacomoda. El arte emociona y por eso te convoca, te hace enojar, te hace llorar, te hace reír, te hace despreciar y te hace ver cosas que no viste. Cuando digo que hay que hablar de todo con les niñes, también digo que eso mismo corre para nosotros, los adultos. Hay temas que también nosotros, adultos, necesitamos tiempo para poder abordar,  o temas que, incluso como adultos, decidimos no indagar. Tenemos derecho a hacerlo, los chicos y las chicas también. En mi caso, por ejemplo, no veo películas de terror porque crecí en los ´70 y conozco de qué se trata el horror verdadero. No necesito más.

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Germina la lectura en el jardín del lar

A los niños y a las niñas desde el vientre se les pueden acercar los libros. La doctora Nélida Valdata, desde la Sociedad Argentina de Pediatría, realizó hace unos años una descripción de las etapas de acercamiento de libros a los más pequeños. Entre los 3 y 5 años describió que ya comienzan a disfrutar de la "lectura dialogada", en la que pueden intervenir, preguntar, tratar de relatar la historia y jugar a leer. Es la edad de los por qué. Justo ahí, en el medio, a los cuatro años, María Andrea "Maia" Eirín aprendió a leer.

A diferencia del juego, el hábito de la lectura no es innato, se adquiere. Curiosamente y jugando, Maia aprendió a leer mientras su mamá estudiaba y respondía a su demanda. Ella es de La Plata, en la casa de infancia su padre tenía una biblioteca en el escritorio. Manuel "Manolo" Eirín fue docente, actor, director y crítico de cine, entre muchas otras cosas. "Era un gran lector", recuerda. 

Ahora, remontando aquellos años y consultada sobre un libro que la haya marcado en la niñez, a su rostro le gana una sonrisa: "Papaíto piernas largas". Ya tendría diez años y hasta ese momento había leído cuentos y relatos lineales. "Con Papaíto me pasó que comenzaba a leer y el libro me expulsaba, no lo entendía, dejaba y volvía a intentar", hace memoria. "Hasta que comprendí que era un libro distinto a todo lo que había leído antes, era un libro de cartas, una novela epistolar. Fue uno de los libros que más me conmovió de niña, me desafió ese formato. Además fue la primera novela de amor que leí".

El recorrido de lectora empieza con los libros de la biblioteca de su casa, también de la escuela, donde fue aumentando cada año las lecturas con escritores y escritoras argentinos, latinoamericanos y del mundo.

Hoy lleva el pelo entrecano, más bien corto, bordeando los hombros. Su rostro es afinado en cada ángulo. Cuando sonríe baña de luz su boca, sus ojos, su nariz de miel. Las ondas de su frente traen recuerdos.  La piel teñida del color de una zanahoria. Lee. Con el tiempo sabe que hay otras bibliotecas por descubrir y sus gustos se van abriendo cada vez más, ampliando sus círculos y sus intereses.

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5inco Imprescindibles

Los días del venado, de Liliana Bodoc; Crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario, de Clive Staples Lewis; Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl; El hobbit, de John Ronald Reuel Tolkien; Bisa bea Bisa bel, de Ana María Machado.

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