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Mucho por hacer

"Nada importante ni estable se logrará con la polarización agresiva". Así lo señaló el Papa Francisco en una carta que envió al arzobispo de la ciudad de La Plata, Víctor Fernández, en la que reiteró su preocupación por la profundización de los antagonismos que impiden avanzar en consensos básicos en la Argentina. En ese sentido, dijo que "hay mucho para hacer para que todos puedan vivir de la dignidad del trabajo y para que no haya ciudadanos de segunda".

En la misiva, escrita en Roma, el jefe de la Iglesia Católica destacó la relevancia del encuentro que tuvo lugar el 29 de septiembre pasado en la Catedral de La Plata —convocado por el arzobispo de esa ciudad— para valorar el verdadero alcance de las encíclicas Laudato Sí y Fratelli Tutti y que contó con la presencia de legisladores de distintas fuerzas políticas, representantes de diferentes credos y de organizaciones sindicales, autoridades y jefes comunales de la provincia de Buenos Aires. "Me gustó que no se tratara de un homenaje sino de un acto de afecto y reconocimiento que expresa los lazos que nos unen", escribió Francisco, sin ocultar su alegría al enterarse que el encuentro en la Catedral de La Plata permitió que "se reflexionara acerca de algunos contenidos de Laudato sí y Fratelli Tutti, no porque sean documentos míos, sino porque hablan de cuestiones graves y determinantes que hoy no podemos ignorar para la buena marcha de las naciones".

Cabe recordar que en su encíclica Fratelli Tutti ("Hermanos Todos"), el Papa resalta la necesidad de evitar las "nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social". Su mensaje, desde luego, tiene carácter universal, pero las observaciones que plantea también pueden aplicarse a la sociedad argentina.

"Las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre mis preocupaciones. Durante los últimos años me he referido a ellas reiteradas veces y en diversos lugares. Quise recoger en esta encíclica muchas de esas intervenciones situándolas en un contexto más amplio de reflexión. Además, si en la redacción de la Laudato sí tuve una fuente de inspiración en mi hermano Bartolomé, el patriarca ortodoxo que propuso con mucha fuerza el cuidado de la creación, en este caso me sentí especialmente estimulado por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, con quien me encontré en Abu Dabi para recordar que Dios ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos", observó el Papa en Roma en ocasión de presentar la encíclica Fratelli Tutti.

En esa oportunidad aclaró que su encuentro con el Gran Imán, "no se trató de un mero acto diplomático sino de una reflexión hecha en diálogo y de un compromiso conjunto" y que las páginas de Fratelli Tutti "no pretenden resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos". "Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad", explicó el Papa.

En los últimos años en nuestro país —y lamentablemente también en otras partes del mundo— se ha perdido la capacidad de sostener una discusión racional sobre los temas que importan y afectan a las sociedades actuales. Encumbrados dirigentes se han limitado a plantear los debates sobre determinados asuntos públicos en términos de todo o nada, mostrando muy poca apertura al diálogo. Y lo que es peor, muchas veces esa postura intransigente de figuras públicas logra sumar adhesiones de seguidores que prefieren ver la realidad en blanco y negro y repiten consignas a pie juntillas, en lugar de asumir una mirada crítica de las cosas y reconocer los matices que presenta la realidad. De esa manera se hace más difícil pensar en el bien común.

Todos podemos hacer algo para salir de esa lógica de la confrontación permanente que dificulta la búsqueda de los acuerdos básicos que son indispensables en la construcción de un país más justo, sin exclusiones.

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