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El precio de los medicamentos

En Estados Unidos, las autoridades de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobaron un medicamento para tratar la esclerosis lateral amiotrófica, generando nuevas esperanzas para las personas que, en todo el mundo, padecen esa enfermedad. Sin embargo, el laboratorio que se prepara para comercializarlo fijó el precio del producto en 158.000 dólares por año, abriendo así un nuevo debate sobre el alto costo de algunos fármacos.

Se trata del medicamento desarrollado por el laboratorio Amylyx Pharmaceuticals, bautizado con el nombre comercial Relyvrio. Según se informó, por el momento no existen estudios científicos que aporten datos concluyentes sobre su efectividad, por lo que la autorización de la FDA se basó en pruebas que demostraron que es seguro y no representa un riesgo para los pacientes. Todas las esperanzas de pacientes y familiares están puestas en la posibilidad de que el fármaco logre evitar el avance de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y evitar muertes causadas por la enfermedad. En paralelo, los anuncios y preparativos para el lanzamiento del producto al mercado estadounidense se tradujeron en una suba de casi un 14% en las acciones de la compañía farmacéutica.

Al mismo tiempo, el precio del fármaco -estimado en 158.000 dólares para un tratamiento de un año- reabrió la discusión sobre cómo lograr un precio justo para los medicamentos. En ese sentido, algunos expertos observan que en EEUU, por ejemplo, el costo del tratamiento de algunos tipo de cáncer trepó de 100.000 a 200.000 millones de dólares por año entre los años 2000 y 2020, sin que eso se traduzca en un descenso de la mortalidad por esas enfermedades en ese mismo período de tiempo.

En abril del año pasado, aquí en el Chaco, el caso de Emmita, la beba chaqueña que necesitaba acceder a uno de los fármacos más caros del mundo, registrado por la multinacional Novartis (con un valor estimado en 2,1 millones de dólares) también planteó en ese momento la discusión sobre la enorme capacidad de actores de peso en la industria farmacéutica para imponer las reglas de juego y lo difícil que resulta conocer con claridad cuáles son las variables que tienen en cuenta a la hora de fijar los precios de sus productos. No se trata de desconocer el enorme trabajo que hacen en investigación y desarrollo, ni el esfuerzo que realizan en materia de innovación. De lo que se trata es de promover una mayor transparencia en el mercado de los medicamentos para que el derecho a la salud sea, efectivamente, un derecho universal.

Cabe recordar que la niña chaqueña Emmita Gamarra necesitaba adquirir el medicamento Zolgensma, utilizado en el tratamiento para niños con atrofia muscular espinal (AME), una enfermedad de origen genético que impide el desarrollo adecuado de los músculos. En esa oportunidad, gracias a la solidaridad de personas anónimas y especialmente al impulso que cobró la campaña para recaudar dinero a partir de la participación del influencer Santiago Maratea, finalmente se logró el objetivo de reunir poco más de 2 millones de dólares para comprar el fármaco.

Los altos precios de algunos productos farmacéuticos generan preocupación ya que comienzan a ser un serio obstáculo para los sistemas de salud y para las personas que dependen de estos medicamentos para vivir. En América Latina, algunas de las primeras reflexiones sobre este asunto están planteadas en el libro "Pautas bioéticas. La industria farmacéutica, entre la ciencia y el mercado", escrito por el médico mexicano y autor de una docena de artículos sobre bioética, Ricardo Paéz. En esa obra se observa que "las tareas de investigación de la industria farmacéutica son realizadas por empresas lucrativas que están obligadas con sus accionistas a tener una ganancia con vistas a compensar el capital invertido en ellas. De esta manera, el descubrimiento y el desarrollo de nuevos medicamentos por la industria está obligado a servir no sólo a intereses científicos o médicos, sino también a la eficiencia económica". Más adelante, sostiene: "la competencia del mercado y la maximización de la ganancia tienen como consecuencia que se empañen los fines científicos de las investigaciones".

¿Los laboratorios más poderosos usan su poder de mercado para maximizar ganancias? La pregunta se repite en todos los debates sobre este asunto. Como plantea el investigador británico Steven G Morgan en la revista British Medical Journal, los gobiernos deben adoptar medidas para evitar los precios injustos y eliminar las barreras que impiden el acceso a la salud.

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