Brasil decide entre Lula y Bolsonaro
Más de 156 millones de personas están habilitadas para votar en las elecciones que se celebran hoy en Brasil para elegir presidente.
Los resultados de los comicios impactarán en los países vecinos ya que, por la extensión de su territorio, el tamaño de su economía y el peso de su población, el gigante sudamericano tiene gran influencia en la región.
Las dos figuras con mayores chances de cosechar un triunfo en las urnas son Luis Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT) y Jair Bolsonaro (Partido Liberal), aunque las últimas encuestas otorgan una clara ventaja al primero: 48% a su favor de Lula frente a un 36% para su adversario en una primera vuelta.
Si se confirman esos pronósticos, los números son suficientes para que el candidato del PT logre evitar el ballotage. Algunos analistas consideran que la ventaja de Lula incluso podría ser mayor debido a que existiría un voto silencioso que no se manifiesta en forma pública y, por lo tanto, no es registrado en los sondeos.
¿Cómo se entiende ese fenómeno? La primera respuesta que explica el voto oculto es el temor que existe en los simpatizantes de Lula de ser víctimas de agresiones si manifiestan en público su preferencia a la hora de votar.
Razones no faltan: un seguidor de Bolsonaro mató a puñaladas a un partidario del Partido de los Trabajadores en el estado de Mato Grosso y otras personas fueron agredidas en distintos lugares del país por manifestar su apoyo a Lula, en medio de un clima de creciente polarización política.
No es casual que en la actual campaña electoral no se vea gente en las calles vistiendo los colores del Partido de los Trabajadores como había ocurrido en elecciones anteriores. Por otra parte, hay quienes aseguran que Bolsonaro sabe que su adversario tiene ventajas y que por eso ha decidido repetir la misma receta que en EEUU utilizó el republicano Donald Trump cuando constató que perdía las elecciones frente al demócrata Joe Biden: denunciar fraude y promover, en un hecho inédito en la historia norteamericana, el asalto al Capitolio por parte de milicias de ultraderecha armadas con fusiles de asalto.
En ese sentido, Bolsonaro optó por copiar la fórmula de Trump y repetir la estrategia de cuestionar de antemano los resultados de las urnas. Dijo que si hoy no obtiene el 60% por ciento de los votos es porque hubo fraude. Pero lo peor es que las amenazas del militar vayan más allá del cuestionamiento de los resultados y que, siguiendo los pasos de Trump, convalide una serie de actos violentos.
No está de más recordar que Bolsonaro es un ferviente promotor del uso de armas de fuego por parte de la población civil y, de hecho, firmó varios decretos que facilitan la compra de armas y municiones; aunque un ministro de la Corte Suprema de Justicia ordenó suspender de manera temporal esos instrumentos legales por el "riesgo de violencia política" que puede representar un aumento en la portación en una de las elecciones más polarizadas de las últimas décadas que vive Brasil.
En rigor, ese clima de violencia no es nuevo en el vecino país y en ese sentido hay que decir que el propio Bolsonaro fue apuñalado en 2018 cuando participaba de un acto de campaña en el Estado de Minas Gerais. Es en ese contexto que la justicia brasileña planteó la necesidad de poner un límite; aunque para que se comprenda mejor la seriedad del asunto se debe recordar también que entre 2018 y 2022 Brasil tuvo un peligroso incremento de casi un 500 por ciento en el registro de portación armas de civiles.
Si a eso se suman las sospechas que siembra el ala más dura del bolsonarismo sobre la transparencia de los comicios y las reacciones que ese mismo sector podría alentar ante una hipotética derrota (se ha llegado a hablar de una rebelión de uniformados), no fueron exageradas entonces las medidas adoptadas por la Corte Suprema para restringir el acceso de la población civil a las armas.
Brasil es el principal socio comercial de Argentina y es uno de los países con capacidad para marcar el rumbo de América Latina. Es por eso que sus avances y retrocesos se sienten también de este lado de la frontera.










