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Pobreza energética

El concepto de "pobreza energética", hasta hace poco sólo utilizado para describir situaciones que vive la población en regiones de África o América Latina, comenzó a ser empleado con más frecuencia en el lugar menos pensado del planeta para definiciones de este tipo: la opulenta Europa.

En rigor, el citado concepto comenzó a cobrar mayor interés en la Unión Europea en los últimos años a partir de una combinación de factores. Pero nunca había alcanzado tanta importancia como ahora para ubicarse en el centro de la agenda de los asuntos públicos. La historia cambió en forma dramática a partir de la invasión de tropas rusas en Ucrania y, a partir de allí, la crisis que se desató con los combustibles llevó a anuncios impensados hasta hace poco, como la declaración que hizo el presidente de Francia, Emmanuel Macron, a fines de agosto pasado asegurando que se avecina en ese país "el fin de la abundancia" por las derivaciones que tuvo el conflicto en el Este de Europa; o cuando el politólogo británico John Gray alertó que más de la mitad de la población del Reino Unido podría caer este año en la pobreza energética. Pero eso no es todo. Alemania sorprendió a propios y extraños con la reciente e inédita decisión de nacionalizar su mayor empresa energética y principal importadora de gas.

Pero antes de seguir, conviene explicar de qué se habla cuando se hace referencia a la pobreza energética. Se dice que un hogar padece ese problema cuando no los ingresos de la familia no alcanzan para pagar los servicios energéticos esenciales, básicamente energía eléctrica y gas. Algunos especialistas consideran que un hogar que gasta más del diez por ciento de sus ingresos en energía ya puede ser considerado pobre en materia energética. Y eso es lo estaría pasando cada vez más en los hogares europeos.

En junio pasado los periodistas que cubrían la cumbre del G7 celebrada en Alemania vieron con asombro cómo el presidente Macron se acercaba a su par de Estados Unidos, Joe Biden, para advertirle que los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita no podrían aumentar su producción de crudo para responder a la creciente demanda de barriles de buena parte de Occidente. Casi al mismo tiempo, en una entrevista publicada en la revista alemana Der Spiegel, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, advertía que el mundo ingresaba en un escenario en el que se combinaban "una crisis del petróleo, una del gas y una de la electricidad al mismo tiempo". "Esta crisis energética es mucho mayor que las crisis del petróleo de los años setenta y ochenta. Y probablemente durará más", advirtió en esa oportunidad el funcionario. Si bien el contexto en el que hablaba tenía que ver más con la Unión Europea, Birol dijo luego a otros medios europeos que la crisis no respeta fronteras y que, por el conflicto en Ucrania, no descarta que esta vez sea incluso peor que la crisis del petróleo de los años 70.

Francia, por ejemplo, tiene actualmente el récord de la tarifa mayorista de electricidad más alta de Europa: más de 1 euro el kilovatio hora. El usuario final debe sumar después todos los costos de distribución. Por su parte, Alemania siente los efectos de su dependencia del gas ruso y por estas horas muchos se preguntan, a la luz de los hechos, si fue o no una buena decisión abandonar la energía nuclear en 2011 tras el accidente de la central japonesa de Fukushima, sobre todo en estos momentos en que el precio para mercados futuros del gas licuado se estima en 80 dólares por millón de BTU, cuando hoy está en alrededor de 40 dólares.

¿Y por casa, cómo andamos? Argentina comenzó a depender de las importaciones de gas a partir de 2010, cuando el suministro que llegaba desde Bolivia no fue suficiente para asegurar la demanda. El problema que se presentará el año que viene es que escasearán barcos que transportan gas licuado para atender la demanda mundial. Saber si en nuestro país habrá más o menos personas viviendo en situación de pobreza energética dependerá, en gran medida de la fecha de finalización del gasoducto Néstor Kirchner que deberá transportar el gas de Vaca Muerta a los principales centros de consumo del país.