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UNA POSTAL CIUDADANA QUE RESISTE

Kioscos de revistas, aún vigentes por la fidelidad de los lectores al papel

En competencia con las nuevas tecnologías de acceso a la información, los puestos de diarios y otras publicaciones enfrentan varios problemas para subsistir.

El cambio en los consumos culturales que se ha dado en los últimos años estableció una encrucijada para un verdadero ícono del paisaje urbano: los kioscos de revistas.

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Los kioscos de revistas se mantienen, pese a todo, como una parte esencial del paisaje resistenciano.

Parada obligada y puntual de generaciones de resistencianos ávidos de novedades impresas de los más variados intereses, en la actualidad unos pocos continúan en actividad y persisten en el rol de ser verdaderos puentes de conocimiento y ocio.

El kiosco El Eternauta, con cuarenta años en el rubro, es un clásico de la ciudad. Ubicado en Güemes casi Paraguay está a cargo de Eugenio Rolón y su hija Gabriela.

‘A la hora de leer la gente prefiere el papel a la pantalla. Algo que sorprende, por ejemplo, es que hay aplicaciones para los celulares de sudokus o sopas de letras y aun así se venden mucho las revistas de pasatiempos‘ comenta Gabriela.

‘Esta es una muy buena ubicación, hay sanatorios, escuelas, eso ayuda a las ventas de libros infantiles y aquellas ediciones que traen algún extra como muñecos o autitos. Muchos transeúntes caminan por aquí. Los vecinos son nuestros principales clientes, también quienes trabajan en juzgados y otras dependencias cercanas. Incluso vienen residentes del interior de la provincia, al menos una vez por mes‘.

De entre los principales inconvenientes que enfrentan día a día enumera dos: los impedimentos logísticos y la merma en el poder adquisitivo de las personas en general.

‘Una revista impresa en papel ilustración como la National Geographic está en 1000 pesos. Son las únicas con Caras que no resignan calidad ya que su fuerte son las fotografías. El resto ha sacrificado lo que pudo en costos para mantener un precio asequible. Ya no llegan revistas españolas ni otras importadas que se vendían todas. Por el lado nacional, había varias dedicadas al deporte que desaparecieron. El caso emblemático es el de El Gráfico (desde 1919 semanal, y de 2002 hasta su desaparición en 2018 mensual). Pero hay algunas clásicas que se siguen editando y la gente compra‘.

La irregularidad en las entregas desde Buenos Aires provoca desfases: ‘Muchos cobran los primeros días del mes y vienen a adquirir sus publicaciones, y no están disponibles todavía. Luego llegan el 15 o 20 y les cuesta o no pueden hacerlo ya. Con las colecciones sucede que hay un número de interesados y cuando llegan los ejemplares no alcanzan para cubrir esa demanda. Y con las de Clarín y La Nación ocurre que esos propios medios las venden vía Internet: tienen una ganancia del ciento por ciento, pero la otra cara de la moneda es que los kioscos pasamos a un segundo plano‘.

Revistería Raulito está ubicada en el inicio de la calle José María Paz desde hace más de treinta años. Raúl Quintana coincide en que las intermitencias en la entrega son un obstáculo para fidelizar lectores: ‘Del primer número de una colección mandan seis, del segundo ya cuatro, luego tres y así se complica‘.

Preguntado sobre el panorama general, su respuesta es categórica: ‘Está todo para atrás. La venta de diarios bajó mucho. Algunos de Buenos Aires solo llegan sábados y domingos. Cada vez hay menos ventas y es menor el margen. Los adicionales que acompañan las publicaciones restan. Solíamos ganar un treinta por ciento, ahora puede reducirse hasta el 22. Prácticamente la suerte del mes se define los ocho o diez primeros días y luego olvidate. Desde hace un tiempo ya no me rinde venir los domingos‘.

Chipako, en la tradicional esquina de la plaza 25 de Mayo de Juan B. Justo y Frondizi, es un decano con 51 años de trayectoria. Emprendimiento familiar a cargo de generaciones, mantiene las entregas a domicilio. ‘Hay un panorama terrible con esta crisis‘, dice Sara, encargado por las mañanas. ‘La pandemia fue un golpe demoledor. Mucha gente temía contagiarse por el contacto con el papel y otros vieron disminuidos sus ingresos y suspendieron gastos. Las ventas bajaron sesenta por ciento y hasta ahora es imposible recuperarse‘.

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