La protección de las abejas
Más del 80% de los cultivos para consumo humano necesitan de las abejas y su función polinizadora para aumentar su rendimiento y calidad.
Además, estos insectos son los únicos seres vivos que no transportan ningún tipo de patógenos, por lo que su presencia no implica el riesgo de propagación de enfermedades. Por diversas razones, entre ellas el uso de pesticidas a gran escala, se observa una disminución en la cantidad de abejas en distintas regiones del planeta, por lo que es necesario generar conciencia sobre la importancia de su preservación y el cuidado de su hábitat.
La mayoría de las personas asocian las abejas solamente con la producción de miel. Motivos no faltan, ya que el consumo de este extraordinario alimento aporta muchos beneficios para la salud. Pero la contribución de estos pequeños seres vivos va más allá: cumplen una función clave en el proceso que permite que se fecunden flores que proporcionan semillas y frutos, es decir en la polinización.
Comparten esta tarea fundamental con las mariposas y otros insectos, que también se ven afectados por la pérdida de hábitats naturales dañados por el uso de plaguicidas.
En un informe elaborado por Greenpeace, titulado "Alimentos bajo amenaza", la organización estima que el valor económico de la labor de polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura es de unos 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo. Pero a pesar de la enorme importancia que tienen, solo desde el punto de vista económico, sus poblaciones están disminuyendo en forma peligrosa.
Por otra parte, el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas advierte que 40% de los polinizadores invertebrados, en particular abejas y mariposas, se enfrentan a la extinción, debido fundamentalmente al actual modelo agroalimentario que tiene como uno de sus pilares el uso intensivo de pesticidas.
Según Greenpeace, la solución a corto plazo pasa por establecer estrictas prohibiciones para los productos que son tóxicos para las abejas. Propone además poner en marcha planes integrales de acción para proteger a las abejas. La organización ecologista afirma, por otra parte, que la solución definitiva es la adopción de la agricultura ecológica como única vía para una producción de alimentos respetuosa con todos los seres vivos del planeta.
En ese sentido, sostiene que la agricultura ecológica garantiza una producción sana y sostenible, ya que protege el suelo, el agua y el clima, promueve la biodiversidad, no contamina el medioambiente con agroquímicos y respeta la salud de las personas. En 2017 la Unión Europea tomó nota del problema y, como primera medida, prohibió la comercialización de fipronil, un potente insecticida que daña a las abejas.
En nuestro país, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) prohibió, en agosto del año pasado, el uso y la comercialización de productos a base de fipronil. Por otra parte, la Sociedad Argentina de Apicultores junto a otras organizaciones de América Latina presentaron en 2020 un pedido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que adopte medidas urgentes en defensa de las abejas.
El documento presentado señala que "las abejas son esenciales y se encuentran entre los más importantes polinizadores responsables de asegurar la disponibilidad de alimentos en el mundo y garantizar la diversidad biológica permitiendo el equilibrio ambiental. La desaparición de las poblaciones de abejas implica un impacto letal en el resto de las especies del planeta y de la vida misma tal como la conocemos".
Por ese motivo solicitaron a la CIDH que emita recomendaciones para declarar las abejas como "patrimonio natural, por constituir la polinización una actividad esencial para garantizar la preservación de la diversidad biológica y, en consecuencia, el derecho humano a una alimentación adecuada". La protección de las abejas también es muy importante en el Chaco, que es la quinta provincia productora de miel de la Argentina.
Según informó el gobierno provincial, a nivel local se producen alrededor 1.200 toneladas de miel por año y más de 40% cuenta con certificación orgánica, lo que permite sumar este producto natural a la oferta exportable chaqueña.
Por último, es importante recordar que, como bien señala la Sociedad Argentina de Apicultores, sin la polinización realizada por la abeja y otros insectos polinizadores, se acabaría la biodiversidad del planeta. Es gracias a la biodiversidad que hay tantos productos agrícolas diferentes, cada uno con su sabor, color y valores nutricionales valiosos para nuestro bienestar y el de todos los seres vivos.










