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La economía del conocimiento

En este nuevo siglo a los países ya no les alcanza con tener una buena oferta exportadora de productos manufacturados básicos o vender grandes cantidades de materias primas para poder consolidar su crecimiento. En el mundo actual, además de eso, las naciones necesitan producir bienes y brindar servicios con mayor valor agregado. Y para eso es fundamental contar con herramientas que incorporen innovación y creatividad en toda la cadena de producción.

Economistas de diferentes corrientes de pensamiento coinciden en un punto: en el siglo XXI prevalecerá la economía del conocimiento. Es decir, se impondrán aquellos sectores que hacen un uso intensivo de las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, demandan personal con alta calificación. Se trata de áreas que ya son conocidas, como las industrias de software, aeroespacial, satelital y audiovisual, los trabajos en biotecnología, la robótica, la logística, los servicios geológicos y el sector de la electrónica y las comunicaciones, entre otros.

Todas estas actividades tienen en común la creciente demanda de personal con sólida formación académica y práctica, preparado para generar valor y riqueza transformándola en conocimiento. Se puede citar, a modo de ejemplo, el caso de una empresa de servicios logísticos de capitales argentinos que incorporó la tecnología de suspensión neumática a su flota de semirremolques luego de confirmar, gracias a un estudio realizado por profesionales del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) especializados en envases y embalajes, que el empleo de esa tecnología permitía reducir en casi un 60 por ciento las vibraciones en ruta, comparado con la tradicional suspensión elástica. De esa manera, la notable reducción lograda en las vibraciones del vehículo se tradujo en un transporte más seguro de la mercadería, una menor cantidad de material de embalaje utilizado para cada viaje y más espacio en los remolques. En este caso, el conocimiento científico aportado por el INTI se sumó a la formación de los expertos en logística de la empresa de transporte, dando como resultado un servicio con mayor valor agregado en todo el camino que recorre la mercadería hasta llegar al consumidor final.

También se puede citar el ejemplo de las empresas desarrolladoras de software que han logrado ubicarse en el tercer lugar de la tabla de mayores exportadores del país, solo por detrás de la agroindustria y del sector automotriz; o el de Satellogic, la empresa argentina fundada en 2010 especializada en satélites de bajo costo que prometen revolucionar la industria espacial.

Ayer, la Secretaría de Economía del Conocimiento, que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación, anunció que en pocos días presentará un decreto de Necesidad y Urgencia para mejorar las condiciones de estos sectores que ya generan exportaciones por 6.500 millones de dólares cada año. Según se informó, lo que se busca es apuntalar al sector para que genere 70.000 nuevos empleos en un año, para lo cual se firmarán acuerdos con universidades nacionales. Es de esperar, entonces, que esto sea mucho más que un anuncio y que la instrumentación de la medida permita cosechar buenos resultados, particularmente en lo que respecta a la generación de trabajo y de productos exportables. Como se sabe, uno de los problemas estructurales de la economía argentina es que sufre en forma cíclica de un flujo de divisas insuficiente, debido al lento crecimiento de las exportaciones comparado con el incremento que cada año muestran las importaciones.

Según un reciente informe del Banco Mundial, gran parte de la economía global se apoya en el creciente sector de los servicios, que representa 68 por ciento y en el sector industrial que representa 29 por ciento.

A nivel regional, las áreas que producen bienes con mayor sofisticación con empleo intensivo de la tecnología y demandan profesionales con alta calificación deben formar parte de una estrategia de inserción de las provincias del norte argentino al mercado global. Afianzar el trabajo en materia de innovación y en la producción de bienes y servicios con mayor valor agregado es uno de los más grandes desafíos que tiene nuestra sociedad en este siglo que, como se dijo, es el siglo de la economía del conocimiento.

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