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Cacho Leguizamón

Columnista

El sueño diferido de Alcides Benavídez, por esas cosas del fútbol y de la vida 

"Estoy viviendo con mi hijo lo que mi viejo quiso vivir conmigo"

El Cojudo, cordobés de cuna y chaqueño por adopción, vivió hasta su adolescencia en Pinedo. Su evolución detrás de una pelota no tardó en hacerse notar y a los 16 años integró el primer equipo de Unión, con algunos jugadores que habían participado en el recordado Torneo Nacional del ´84. 

Padre e hijo unidos por el mismo número en la camiseta (ayer y hoy). La tarde del ascenso con Estudiantes de Río Cuarto a la Primera Nacional.

A la vez integró el seleccionado juvenil de la Liga del Noroeste, que se consagrara campeón provincial después de eliminar al seleccionado de la Liga Chaqueña (1988). En Chaco For Ever jugó en la Primera local e integró la lista del plantel profesional, donde tuvo un paso efímero por el banco de suplentes con el equipo compitiendo en Primera A. Si bien es cierto que aquello no le alcanzó para ser registrado por el gran público futbolero que por ese entonces seguía al albinegro, para entrenadores y jugadores de aquella plantilla fue uno más de ellos. 

El valor de los sueños

Su historia tiene el valor de los sueños de don Américo, su padre, que siempre había creído en sus condiciones y quiso verlo entre los mejores. No pudo ser, partió muy joven. Sin embargo, hoy, 30 años después, Alcides lo puede vivir con su hijo Gastón, quien actualmente milita en Talleres de Córdoba, en la primera división de la Liga Profesional. 

A Alcides (el "Cojudo", para los chaqueños) le sobraban condiciones para jugar en la alta competencia, pero por esas vueltas de la vida a su lugar lo encontró en ligas del interior de Córdoba y de Santa Fe, donde fue un jugador muy reconocido. Por aquellos tiempos, él cargaba con todo lo que debe tener quien pretende llegar a primera: talento, potencia, manejo de pelota, pero sobre todo el plus del atrevido pibe de barrio construido en la informalidad.

-Recuerdo a tu padre acompañándote en las primeras prácticas, con los juveniles, en el predio de lo que hoy es el Hospital Pediátrico. 

-Mi viejo apostaba todo para que yo fuera jugador de fútbol profesional. La vida no quiso que fuera yo pero sí su nieto, a quien no conoció pero vino a concretar todo lo que él anhelaba para mí. Cuando él me trajo a For Ever para que me probaran, ya estaba enfermo, solo que buscaba disimularlo para que no me afectara. Ni siquiera pudo verme integrando el banco porque había desmejorado.

Gastón Benavidez contra el Flamengo disputando un balón en el Maracaná.

En uno de mis regresos de fin de semana a Pinedo lo encontré tan mal que hasta pensé en dejar todo, sin embargo me pidió que siguiera jugando, y así lo hice. Hubiera dado cualquier cosa para que me viera, aunque sea en el banco. 

Mi viejo hizo por mí cosas muy locas, como cuando viajó en su bicicleta desde Pinedo hasta Las Breñas -casi ochenta kilómetros de ida y vuelta- para hablar con el presidente de la Liga y así sacarle gratis mi pase. Unión le había pedido a For Ever no sé cuántos pares de botines, además de dinero, algo que por más condiciones que me vieran no estaban dispuestos a pagar. No consiguió nada pero insistió con el presidente del club, que por ese entonces también era el intendente del pueblo, y pudo sacar mi pase. 

A mis hijos siempre los apoyé en lo que eligieran, jamás les impuse nada, y como Gastón se destacaba demasiado, entonces fue que lo apuntalé más. Hoy cuando lo veo a Gastón jugando en Primera me emociona mucho y es como un homenaje a mi viejo. 

El fútbol en la Argentina, en la Liga Profesional, no es fácil para que lleguen los jóvenes, siempre fue así. Ese lugar está reservado solamente para algunos, de otro modo no se explica por qué tantos buenos jugadores terminan dando vueltas por las otras categorías.  

-En las Ligas del interior de Córdoba como en la Rafaelina sos conocido como el Chaqueño Benavídez.  

-Así como a mí, a todos mis hijos les dicen Chaqueño, Chaco, Chaquito. Mi viejo era nacido en Morteros, y conoció a mi vieja cuando fue a Charata para construir el tinglado de la Ford; solo ella era chaqueña. Eran principios de los sesenta cuando, dicen, la "robó", llevándola en su motocicleta hasta Morteros.  

Gastón Benavidez marcando a Fabra de Boca Juniors. El lateral posee las mismas características futbolísticas de su padre.

Yo nací en Morteros y recién a los 9 años fuimos a vivir durante un año a Charata y después a Pinedo, hasta los 18 años, cuando me fui a jugar a Resistencia. Lo de mi sobrenombre Cojudo fue ocurrencia de mi viejo, y así me conocen en el fútbol del Chaco. Cuentan que cuando yo nací era el primer varón ya que sus hermanos solo habían tenido mujeres. Por ahí viene el sobrenombre, porque decía que yo iba a hacer que el apellido no se perdiera. 

En Morteros aquella gente que nos conoce de toda la vida, se enoja, y dicen "¡qué van a ser chaqueños, si éstos son todos nacidos en la zona!". En Morteros me casé con Laura y tuvimos a Jonhatan (28), Gastón (26), Tomás (18) y Bautista (11).

-Estando en Chaco For Ever, alguna vez estuviste a punto de salir de titular contra River, aunque ocurrió un imprevisto. Era una oportunidad única para que te conocieran, y tal vez cambiar tu destino.  

-Era la oportunidad de mi vida, la que sueña cualquier pibe. Me tenía una fe bárbara porque era consciente que estaba en  mi momento de plenitud física, estaba como quien dice, finito. Jugaría como titular ante River, por los puntos y a cancha llena;  la oportunidad de mi vida para mostrarme y un regalo para los sueños de mi viejo. 

Sueño cumplido. Alcides Benavídez, con la camiseta de su hijo, alentando en el estadio Mundialista de Córdoba. 

Durante la semana Motta necesitaba alguno que pudiera hacerle marca personal a (Juan José) Borrelli, que era muy movedizo. Recuerdo que cuando habló con el plantel, (Hugo) Noremberg le dijo que el único que reunía las condiciones para hacerle marca personal era yo. Me concentré al máximo durante la semana. (Sergio) Niveyro hacía de Borrelli y yo lo volví loco, no le dejaba tocar la pelota. Lo soñaba despierto al partido. 

Cuando Motta iba a dar la formación en el hotel yo no llegué a horario. Tuve un imprevisto en la Liga, mi vieja que había llegado de Pinedo se demoró para firmar; el Presidente le decía que se apurara y que no diera tantas vueltas, que yo no quedaría enganchado. La cuestión es que firmó, pero cuando llegamos al hotel Motta ya había dado el equipo y apenas ligué el banco de suplentes. No podía dar marcha atrás. Lo recuerdo y me vuelvo loco, en For Ever jugaba en el puesto de Parrado y Esquivel, jugadores muy regulares a los que era difícil pelearles el puesto. Parrado, encima, era un crack no se lesionaba nunca. 

Esa tarde iba a hacer de doble 5 junto a Pinino (Daniel Cravero). Perdimos uno a cero con gol de Medina Bello. De For Ever fui a probar en Lanús, donde superé la prueba pero no quedé porque en Buenos Aires la AFA exigía me hicieran contrato porque tenía 19 años. Al club le convenían otros más chicos que paraban en la pensión y jugaban sin contrato, no yo que al no conocerme no sabían si les serviría.     

-¿Cuántos años jugando en primera división? 

-Dejé cuando había cumplido los 36, más de veinte años con un mismo amor. Quise retirarme jugando algunos partidos junto a mi chango (Gastón), que ya venía sobresaliendo en tercera división, pero no se dio. Desde que me fui de Chaco For Ever jugué en la Liga de San Francisco (Sportivo Norte de Suárez, Tiro Federal de Morteros, 9 de Julio y San Jorge) y también en la Liga Rafaelina (Deportivo Norte, Ramona, y Libertad de Sunchales). Fui campeón con Tiro y 9 de Julio de Morteros. 

Alcides hoy, a los 53 años; con los colores de su club de veteranos donde sigue despuntando el vicio.

Cuando dejé de jugar en Primera pasé a jugar en la Liga Barrial (Centro Vecinal Roca). Ahí con mis 53 años juego con los "maxi 36", aunque la mayor parte de mi tiempo lo paso en mi taller restaurando muebles. El fútbol siempre fue mi alegría, jugando a la pelota viví mis mejores emociones, por el fútbol conocí gente muy buena, hice amigos que me enseñaron un oficio del que hoy vivo. 

Una de esas grandes emociones fue cuando integré el seleccionado juvenil de la Liga del Noroeste, con la que salimos campeones provinciales (1988). Teníamos un gran equipo que pasó la fase de Formosa jugando en buen nivel. Llegamos a octavos de final y perdimos por penales, en Charata, contra La Rioja. Si pasábamos nos tocaba jugar en la cancha de River. Fue el último año que se jugaba en juveniles la famosa Copa Argentina Beccar Varela. La de mayores ya no se jugaba más. También en Pinedo alcancé a jugar en primera junto a Capitanich (arquero), Argüello, Pared, Zacarías y Cisterna, nuestros ídolos de la zona. Después llegó la ilusión con For Ever, donde no era muy fácil encontrar tu lugar.

Un crack levantado como con pala

En una de sus primeras prácticas, mientras hacía de sparring del primer equipo, Alcides le entró demasiado fuerte a Mauricio Esquivel, un crack que dentro de la cancha tenía pocas pulgas. Esquivel lo encaró reprendiéndolo por su vehemencia. "Me acuerdo bien, Carpincho (Esquivel) recibió un pase y antes de que controle la pelota me le tiré por abajo y lo levanté como en pala (se ríe con ganas). Es que creyó que no llegaba, por eso se enojó mucho, me reputeó y hasta me quiso pelear. Carpincho, el Loro (Freyre), Tatú (Gómez), fueron grandes jugadores que mientras estuve en For Ever me aconsejaron siempre y eso después me sirvió", recuerda Benavídez. 

El “Cojudo” Benavidez trata de interceptar a Mario Noremberg en una de las prácticas en el Gigante. Completan la escena Nannis y más atrás Celso Freyre. 

"A todos ellos ya los conocía porque sabían ir a comer a mi casa. En For Ever vivíamos en las piezas que hicieron debajo de la tribuna y al mediodía íbamos a comer al comedor de don Rey, que estaba como a diecisiete cuadras del club. Te imaginás, cuando volvíamos teníamos hambre otra vez –sigue contando-. El desayuno y merienda corría por nuestra cuenta y dependía de la encomienda que nos mandaban los padres. Una noche hubo una fiesta en la sede del club, se casaba Cravero, y con los pibes estábamos sentaditos en el frente de la pensión cuando salió el novio y nos invitó a pasar. Nos ubicamos calladitos en un rincón, porque en la fiesta estaba Polo García (presidente del club) y teníamos miedo que nos mandara a dormir. Los vagos no queríamos que nos bardeara, porque ya una vez lo había hecho delante de El Pala (Oscar Palavecino), diciéndole: ‘Te ofrecí la plata que sea para que me consigas jugadores y me traes esto’… Jajaaa, El Pala no le daba pelota, era un técnico que creía mucho en los jugadores de la zona y se jugaba siempre por nosotros". 

"El Chango te la devuelve redondita"

La última vez que El Cojudo Benavídez pasó por Resistencia fue cuando For Ever celebró sus 100 años. Ingresó al moderno vestuario con su look ochentoso de larga melena enrulada y el desparpajo que lo caracterizó  siempre. Habían pasado más de veinte años. 

Entre tantas glorias, la presencia del Cojudo no pasaba inadvertida. Ahora a su fonación inconfundible de chaqueño santiagueñado la mixturaba con el cordobés del interior. Esa tarde de reencuentro entre tantos amigos aprovechó para contar que uno de sus hijos en cualquier momento concretaría lo que él no había podido… ser conocido en el fútbol grande. Anhelaba verlo arrancando con la camiseta del albinegro y en su mismo puesto.  

"El chango te la devuelve redondita", resumía -con el lenguaje coloquial que lo caracterizó siempre- para referirse a toda la sutileza que su hijo portaba, para él no era solo un marcador de punta. Pasaron nueve años de aquel relato y el tiempo le dio la razón. Hoy el chaqueño de Morteros, el restaurador de muebles, el que construyera su vida dentro de las ligas amateurs, lo disfruta viéndolo competir en escenarios que su padre había soñado para él. Los que lo vieron jugar pueden dar fe de que "el Cojudo también te la devolvía redondita".

Quién es Gastón

Nacido en Morteros (Córdoba), 26 años, se desempeña como lateral derecho o volante, indistintamente. Su ascenso fue vertiginoso: arrancó hace cinco años en Tiro de Morteros (Argentino B), pasó a Estudiantes de Río Cuarto (Argentino A), donde ascendió a Primera Nacional. De allí a jugar una temporada con Arsenal de Sarandí (Liga Profesional), disputando con ellos la Copa Sudamericana. Actualmente milita en Talleres de Córdoba (Liga Profesional), con  un presente que lo tiene como protagonista en instancias finales de la Copa Libertadores.