Por un tránsito más seguro y ordenado
La probabilidad de que ocurra un siniestro vial es mayor en una comunidad en la que prevalece el desapego a las normas y el desinterés por los demás. Conducir bajo los efectos del alcohol, cruzar las calles por lugares no recomendados, circular a alta velocidad, transitar sin luces reglamentarias o contestar mensajes en el celular mientras se está frente al volante son algunas de las conductas que aumentan el riesgo en las calles.
Según el glosario de términos relacionados con la seguridad vial, publicado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, los factores de riesgo de la seguridad vial son todos aquellos elementos, fenómenos, condiciones, circunstancias o acciones humanas que incrementan la probabilidad de ocurrencia de un siniestro vial. Estos factores, observa la publicación, aumentan la probabilidad de que ocurra un siniestro vial y de que este derive en muerte o traumatismo.
Se debe tomar conciencia de los enormes costos sociales, económicos y humanos que provocan los siniestros que ocurren en la vía pública y, al mismo tiempo, comprender que son un problema que incumbe a toda la sociedad. Hay que señalar, por otra parte, que cualquier política pública de seguridad vial debe diseñarse de tal manera que esté articulada con las áreas de salud, educación, infraestructuras y transporte, porque todas ellas están vinculadas entre sí en este complejo asunto que en muchos países comenzó a ser considerado como un serio problema de salud pública. Esto es así porque, tal como lo demuestran los datos estadísticos, provocan un considerable impacto en el sistema de salud y también en la economía.
La educación y la sensibilización de la ciudadanía son factores que deben ser tenidos en cuenta en las políticas de seguridad vial. No menos importante son las medidas de prevención y el empeño que pongan las autoridades para garantizar el cumplimiento de las normas. Un siniestro vial es producto de una suma compleja de causas y factores, entre las que se encuentran fallas humanas y técnicas, referidas a las condiciones en que se maneja en muchos casos en las rutas, o relativas a deficiencias de infraestructura vial que disminuyen los niveles de seguridad de las rutas y calles.
Las leyes vigentes señalan que los conductores deben, antes de comenzar a circular por la vía pública, asegurarse de que tanto ellos como sus vehículos se encuentren en adecuadas condiciones de seguridad, de acuerdo con los requisitos legales, bajo su responsabilidad. También recomiendan circular con cuidado y prevención, conservando en todo momento el dominio efectivo del vehículo, teniendo en cuenta los riesgos propios de la circulación y demás circunstancias de tránsito. Estos últimos consejos son muchas veces ignorados por algunos motociclistas y automovilistas que ponen en riesgo su vida y la de los demás.
Uno de los problemas que se observa con frecuencia es que muchos conductores circulan apurados, como si la supuesta ventaja de unos pocos minutos a su favor que pueden obtener al adelantarse a un vehículo justificara cualquier riesgo. Se advierten también adelantamientos que se realizan de manera contraria a las reglas, o giros en lugares no habilitados para ese tipo de maniobras. Se puede citar, además, el caso de los que mantienen la distancia de seguridad entre un vehículo y otro, lo que aumenta el riesgo de sufrir un choque.
Es necesario recordar, una vez más, que las calles y las rutas forman parte de un espacio público que debe compartirse con responsabilidad con todos.
Por otro lado, existe lo que se llama "percepción selectiva" y que es la que se presenta al conducir con preocupaciones o con la necesidad de llegar pronto al lugar de destino. En estos casos se genera el efecto de no tener presente la posibilidad de aparición de algún riesgo o situación imprevista. Los investigadores que trabajan sobre estos temas descubrieron que en estas situaciones domina una especie de mecanismo de represión de la conciencia, y en ese sentido, observaron que el estar consciente y la consideración de la aparición de riesgos debieran llevar a una reducción de la velocidad. En conclusión, para lograr un tránsito más seguro y ordenado es necesario que todos los actores del sistema colaboren y asuman la responsabilidad de respetar todas las reglas de tránsito.










