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Juan Carlos Tuyaré

Columnista

Podemos recibir un milagro

En cierta ocasión, Jesús estaba discutiendo en el templo con personas religiosas que seguían la ley de Moisés, y mal interpretando las mismas, le dijeron que estaba endemoniado, porque les decía verdades que ellos no sabían interpretar. Tal fue el enojo de ellos que juntaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. 

SIEMPRE PENSANDO EN HACER EL BIEN
Era sábado, y al salir vio a un hombre ciego de nacimiento, y como en ese tiempo se consideraba que las enfermedades o defectos físicos eran consecuencia del pecado, quienes le seguían le preguntaron: "¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?" En realidad, una pregunta sin sentido, porque aplicando aquella teoría, el ciego no podía haber pecado antes de nacer; y, por otro lado, ellos debían saber que proféticamente estaba escrito que los hijos no pagan los pecados de los padres, ni los padres los pecados de sus hijos.
Pero ellos creían en una repetición a manera de refrán que solían usar, y que decía: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera; como si lo segundo fuera una consecuencia de lo primero. Pero para terminar con esa manera de pensar, Dios, mucho antes, les dijo por medio del profeta Ezequiel, que nunca más utilicen aquel refrán, ya que cada uno será responsable de su propio pecado.


JESÚS LOS SORPRENDE
En función de esa realidad, Jesús les dijo: "No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él." Dicho esto, escupió en la tierra he hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo que fuera y se lavare en el estanque de Siloé. Fue entonces y se lavó, y regresó viendo, ante la enorme sorpresa de quienes observaron el milagro y el escepticismo de los religiosos que afirmaban que esa obra no era de Dios, porque ellos interpretaban que la ley de Moisés decía que el día sábado no se podía sanar gente.
Cuando en la actualidad ocurren milagros, algunos incrédulos lo llaman suerte, destino o casualidad, pero las personas sensibles a lo espiritual, reciben y disfrutan de los milagros de Dios. Cuando un negocio quebrado se recupera, un diagnóstico médico negativo ha cambiado, una relación rota pudo restaurarse, una vida destruida ha sido transformada, deberíamos reconocer y dar gracias a Dios, y de esa forma activaremos bendiciones para nuestras vidas.