La ciudad y sus espacios públicos
La fiesta que vive Resistencia con la Bienal Internacional confirma el enorme valor que tienen los espacios públicos que dan carácter a la ciudad y contribuyen a afianzar su identidad de Ciudad de las Esculturas.
De ahí la necesidad de promover la responsabilidad en la protección de las obras de arte que están emplazadas en calles y avenidas, así como en el cuidado de los lugares públicos que mejoran la calidad de vida de los vecinos.
El Domo del Centenario, las plazas, los parques de la Democracia y el Urbano Tiro Federal, por citar solo algunos de los espacios públicos abiertos de acceso libre que existen en la capital chaqueña, se han ido transformando en lugares cada vez más concurridos por personas de todas las edades que practican algún deporte y familias enteras que aprovechan al máximo la oportunidad que ofrecen para disfrutar del verde y los momentos de recreación.
Es probable que la pandemia de Covid-19 y las restricciones a la movilidad que se aplicaron en los meses más difíciles de la emergencia sanitaria hayan influido en la decisión de cada vez más vecinos de compartir estos sitios urbanos que, por eso mismo se transformaron en verdaderos espacios de encuentro al aire libre.
Es que, como se demostró en distintas oportunidades, la transmisión del coronavirus se da principalmente por aerosoles en lugares cerrados o mal ventilados, de modo que en ese contexto de emergencia los espacios a cielo abierto se convirtieron en lugares más seguros.
En el mundo de los profesionales del urbanismo y la arquitectura se suele citar con frecuencia el ejemplo de la ciudad de Milán, ubicada en la región de Lombardía en Italia, que en 2018, es decir antes de la pandemia, puso en marcha un plan de aprovechamiento del espacio público sumando casi 40 lugares que se utilizaban para estacionamiento de vehículos que se convirtieron en plazas públicas.
Con la irrupción del coronavirus, en 2019, la respuesta de los vecinos de Milán no se hizo esperar. Estos espacios a cielo abierto se convirtieron en los lugares más elegidos para disfrutar del aire libre y escapar del confinamiento, tanto de día como en horas de la noche.
A más de 8800 kilómetros de distancia de esa ciudad italiana, en Corea del Sur, a principios de este año se llevó a cabo una investigación en el Centro Médico Samsung de Seúl, con la participación de 2.542 voluntarios que se sometieron a un estudio de resonancia magnética para estudiar el impacto de los espacios verdes en la salud de la población.
El estudio reveló que quienes pasaron más tiempo libre en esos espacios compartiendo con amigos o familiares, experimentaron un mayor grado de bienestar físico, mental y social comparado con aquellas personas que tuvieron menos contacto social y dedicaron menos horas a la vida al aire libre.
Por otra parte, hay que señalar que por tratarse de un bien común la responsabilidad del cuidado de los espacios públicos recae, en principio, en las autoridades comunales. Pero debe decirse también que es responsabilidad de todos los ciudadanos no contribuir al deterioro de estos lugares.
En ese sentido, se puede citar el experimento de psicología social que se realizó en 1969 en la Universidad de Stanford (EEUU) para estudiar la conducta de las personas respecto a objetos abandonados en la vía pública. El experimento consistió en dejar dos autos idénticos en la calle, dos vehículos de la misma marca, modelo y color.
Uno se ubicó en una zona con mayor índice de pobreza de la ciudad y otra en una de las áreas con ingresos más altos. Lo que se comprobó es que en el primer caso el vehículo abandonado fue vandalizado el primer día, mientras que el ubicado en la otra zona se mantuvo intacto. Pero al cabo de una semana, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de la zona más privilegiada y lo que se observó es que ese mínimo detalle desató conductas similares a las que se registraron en la zona más desfavorecida.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia.
En otras palabras, el abandono y la suciedad de un lugar tienden a desencadenar conductas reprochables. Por eso es necesario evitar ese tipo de situaciones y promover un mayor compromiso de los vecinos en el cuidado de los parques, las plazas y otros espacios públicos.










