Película no apta para cardíacos
Las crisis económicas ya son un clásico en la Argentina. La salida del ministro Martín Guzmán y el ingreso de su reemplazante, Silvina Batakis, se produce en medio de un fuerte salto del dólar que cotiza en el mercado paralelo, caída de los bonos argentinos y suba del riesgo país. Todo hace prever que, aunque se trate de una película repetida, las escenas que siguen no serán aptas para cardíacos.
Desde que se dio origen a un nuevo régimen internacional a mediados de la década de 1940, la economía argentina logró crecer por más de cinco años consecutivos solo en dos períodos: entre 1964 y 1974, y entre 2003 y 2008. Desde entonces, el país atravesó 16 episodios recesivos que suman un total de 25 años de contracción de la actividad: hubo una recesión cada tres años. Argentina es, junto con la República del Congo, el país que ha experimentado la mayor cantidad de años en recesión desde 1960. Así lo advierte un informe elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), titulado "Exportar para crecer", publicado en septiembre de 2019, es decir, antes de la pandemia.
Hasta ese momento, observa ese trabajo, el país llevaba varias décadas retenido en una trampa de crecimiento interrumpido. "Desde mediados del siglo pasado, la Argentina experimentó 16 episodios recesivos que involucraron 25 años de contracción económica. Una recesión cada tres años", sintetiza el documento.
La semana pasada el presidente de la Nación, Alberto Fernández, dijo tras regresar al país después de participar de la cumbre del G7 en Alemania que el actual problema de la falta de dólares en la Argentina se debe a una crisis muy particular: "Tenemos una crisis de crecimiento", aseguró. Pocos días después, su ministro de Economía sorprendió a propios y extraños presentando la renuncia. No se conocen casos similares en el mundo de funcionarios con esa responsabilidad que hayan renunciado por una gestión que ofrecía resultados. Hay quienes aseguran que la actual crisis es una crisis autoinflingida por las principales figuras del elenco gobernante, enfrascados en internismos que por momentos llegan a extremos que dejan descolocados hasta a los más veteranos en el ejercicio de la política.
Pero más allá de la interpretación que cada uno pueda hacer sobre los distintos factores que fueron configurando el actual escenario social y económico en el país, hay datos concretos que preocupan: siguen faltando dólares, el riesgo país sigue alto y todavía no está claro si habrá un cambio de rumbo o una ratificación de las políticas económicas ajustadas al acuerdo con el FMI. La crisis, lamentablemente, no está resuelta. Y lo que se vio hasta ahora fue que, efectivamente, la macroeconomía comenzaba a mostrar algunos signos de crecimiento, pero como contrapartida los salarios seguían, y siguen, perdiendo contra la inflación.
La falta de reglas que hagan que al menos el corto plazo sea un escenario predecible agrega más nerviosismo a todos los actores de la economía, que no ignoran que afuera, en el mundo, se vive una crisis sin precedentes. A la espera de anuncios por parte del gobierno nacional de medidas para contener la inflación y recomponer los ingresos, la ciudadanía sufre con esta película que ya vimos varias veces, con un guion que está saturado de situaciones que aceleran el pulso a cualquiera.
Una familia tipo necesita, según los últimos datos del Indec, casi 100.000 pesos para no caer en la pobreza. Como se sabe, son las familias con menores recursos, de los estratos sociales más desprotegidos, las que soportan el golpe más duro del proceso inflacionario. Preocupa, por un lado, que son cada vez más las personas a las que les cuesta llegar a fin de mes y, por otra parte, la posibilidad siempre latente de una espiralización de la suba de precios.
La gran mayoría cruza los dedos y desea que a Batakis le vaya bien, pero la dura realidad demuestra que más que la buena voluntad de la persona que pueda ocupar el cargo más alto de la cartera económica nacional, lo que hace falta en este preciso momento es un acuerdo sobre el rumbo de las políticas económicas. Y ese acuerdo debe venir de las figuras más importantes de la coalición que comenzó a gobernar en 2019 con la promesa de poner de pie a la Argentina.










