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Silvestre Fogel

Columnista

"Carthago delenda est"

"Carthago delenda est" (Cartago debe ser destruida) es una frase que se atribuye al político romano Catón el Viejo, más concretamente cientos de autores sostienen que era dicha cada vez que terminaba un discurso en el Senado.

Existen innumerables publicaciones sobre lo que dijo Catón. Incluso son muchos los que creen que en realidad decía "Ceterum censeo Carthago esse delendam" (Además opino que Cartago ha de ser borrada).

Si bien hoy es poco probable que se pueda conocer qué pronunció con exactitud el senador y qué pretendía lograr con su alocución, lo cierto es que finalmente Cartago fue destruida por Roma. Cuando esto ocurrió, al Senado llegó una nota con la leyenda "Cartago ha sido borrada".

A la fecha hay miles de autores que han usado la misma frase tanto para hablar de hechos bélicos como para describir la necesidad de avanzar con algunas acciones, más allá de que estas generarán daños irreparables.

Incluso existen cientos de políticos que como Catón proponen destruir, borrar o dominar países, instituciones, organismos, sectores sociales o movimientos, es decir a todo aquello que pueda representar, hoy, a Cartago o al enemigo.

EN ARGENTINA

En nuestro país también. Hoy se puede escuchar a un diputado nacional decir, cada vez que puede, que hay destruir a un organismo porque es culpable de todos los males económicos del país.

Claro que se trata de un político argentino y, por lo tanto, la mayoría de los votantes sabe que existe una gran posibilidad de que no cumpla con su promesa, es decir que nunca lleve adelante tal acción, más allá de que la misma pueda ser la solución o generar más caos.

Pero podría considerarse un problema que no es un único Catón que existe o con posibilidad de salir en los medios, sino que son cientos y al mismo tiempo hay cientos de objetivos que destruir. Tantos son que, si todos lograran avanzar, no quedaría mucho en pie.

Y como dijo hace años un dirigente: "Cualquier número multiplicado por 0 tendrá como resultado 0". El autor no quería iniciar un debate matemático, sino expresar que no se puede repartir cuando todo quedó destruido.

Ahora, Argentina, como cualquier otro país, necesita reformas que le permitan continuar creciendo, pero estas no deberían construirse sobre la base de destruir determinados sectores o instituciones.

Ya hay sobradas muestras de lo que generaron quienes, mediante el uso de la fuerza y la feroz represión, llevaron adelante planes para borrar o exterminar determinados sectores u organizaciones.

Está demás decirlo, pero tal vez venga bien recordar que esas muestran deben servir para que no se repita la historia. Y hoy, cuando se está debatiendo el rumbo del país, tendrían que estar presentes en la mesa de ideas.

Hace pocos meses en una publicación de Internet destacaron "que el problema de apelar a la destrucción completa del enemigo es que este suele ser cercano, no lejano. La victoria no necesariamente significa salir mejor parado".

A NIVEL MUNDIAL

Al mismo tiempo que en el país se debaten ideas y se multiplican los políticos que piensan como Catón, el mundo sigue viviendo al borde de una tercera guerra mundial con Rusia y Estados Unidos como contrincantes.

Casualmente, durante una entrevista periodística, el actual presidente de Rusia respondió ante la crítica que recibió por parte de un congresal norteamericano: "El congresal me recuerda a Catón el Viejo".

Hoy en Estados Unidos ya son varios los que creen que "Carthago delenda est"; en este caso, Rusia. Más precisamente: que el camino a seguir es borrar del mapa al país europeo, una de las grandes potencias militares.

Sin embargo, avanzar en ese sentido implica la posibilidad real de una respuesta con armamento de última generación que generaría una gran destrucción, incluso podría ser el fin del mundo tal como lo conocemos.

TERCERA GUERRA

Tal como lo predijo Einstein cuando aseguró hace años: "Ignoro con qué armas se luchará en la tercera guerra mundial, pero les aseguro que la cuarta guerra mundial se luchará con palos y piedras".

Por las declaraciones que dio Putin en las últimas semanas no se trata de una posibilidad lejana sino de la respuesta que dará Rusia en caso de que considere que es atacada por una potencia extranjera.

De momento esa guerra se está librando en Ucrania, pero basta una acción fuera de lugar para que se ponga en marcha el plan de nuclear que generará una respuesta con el mismo armamento por parte del agredido.

Sin embargo, todos los mandatarios saben que no bien opten por la vía nuclear, será el final. Y, por lo tanto, más allá de que finalicen sus discursos con frases similares a "Carthago delenda est", en la práctica conocen que el camino de destrucción implica también recibir una respuesta similar.

Hasta las potencias asiáticas, que desde hace meses hablan de la opción militar, conocen de antemano las consecuencias de ir a una guerra, más allá de la capacidad del adversario.

El temor a la tercera guerra mundial y que se usen armas nucleares aumenta cada día. Uno de los primeros en advertir sobre la contienda global fue el Papa Francisco.

"Hace unos años se me ocurrió decir que estábamos viviendo la Tercera Guerra Mundial por partes. Actualmente, para mí, se ha declarado la Tercera Guerra Mundial", afirmó unos meses atrás.

Y por si fuera poco, un legislador ruso disparó: "Destruiremos todo el grupo de satélites espaciales del enemigo durante la primera operación aérea. A nadie le importará si son estadounidenses o británicos, los veríamos a todos como la OTAN. Así, Rusia mitigaría todo el sistema de defensa antimisiles".

También líderes políticos mundiales han advertido que el riesgo de una tercera guerra mundial es muy grande.

"Las consecuencias son inimaginables. Ninguno de los que está acá se puede imaginar la consecuencia de esta guerra", indicó quien es hoy el presidente de la principal potencia mundial.

SECUELAS IMPENSADAS

Lo que nadie pensó es que los primeros pasos de esta nueva guerra mundial generarían grandes repercusiones en todo el mundo.

Por ejemplo, hay protestas en todos los continentes por falta de alimentos y combustibles. Y podría ser peor. En tal sentido, advierten sobre un precio descontrolado del petróleo por las sanciones impuestas a Rusia.

Si sube el crudo también aumentaran todos los productos que son derivados como el combustible, y en un efecto dominó también volverían a subir los costos del transporte.

En todo el continente hay reclamos por el precio de los combustibles, a tal punto que amenazan con la estabilidad de países que se creían inmunes a los movimientos mundiales.

También en Europa aparecieron restricciones y reclamos, tanto por el incremento que se registró en los últimos meses, como por la escasez.

Mientras, se trata de mitigar el faltante usando aceites o combustibles de origen vegetal, lo que origina que nuevamente se dispare la puja: combustibles versus alimentos. Una batalla que más la padecen justo quienes tienen menos recursos.

Estas secuelas ya están golpeando al país y este escenario permite que aparezcan políticos que, como Catón el Viejo, propongan destruir, borrar o eliminar a sectores. Al tiempo que también implica grandes oportunidades para un país que cuenta con un gran potencial no desarrollado hasta ahora.

Claro que se requieren millonarias inversiones, que no llegarán al mercado argentino sin garantías. s