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Crisis energética no respeta fronteras

Los periodistas que cubrían la cumbre del G7 fueron testigos de un hecho que, al parecer, no debía salir a la luz pública: el presidente francés Emmanuel Macron, en un encuentro fuera de protocolo, se acercó a su par de Estados Unidos, Joe Biden, para advertirle que los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita no podrán aumentar su producción de crudo para responder a la creciente demanda de barriles de buena parte de Occidente.

La mala noticia que el mandatario francés acercó a su par norteamericano en la reunión de los países con las economías más prósperas del mundo se suma a las advertencias que desde distintos sectores se vienen haciendo sobre la crisis energética que afecta al mundo. En una entrevista publicada hace pocos días por la revista alemana Der Spiegel, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, señaló que actualmente se combinan "una crisis del petróleo, una del gas y una de la electricidad al mismo tiempo".

"Esta crisis energética es mucho mayor que las crisis del petróleo de los años setenta y ochenta. Y probablemente durará más", agregó el funcionario. Si bien el contexto en el que hablaba tenía que ver más con la Unión Europea, Birol dijo luego a otros medios europeos que el problema no respeta fronteras y que, por el conflicto en Ucrania, no descarta que esta vez la crisis energética sea incluso peor que la crisis del petróleo que padeció el mundo en la década del 70.
Un par de semanas atrás el presidente de EEUU, Joe Biden, envió una carta a empresas petroleras de su país instándolas a aumentar la producción para garantizar el suministro de combustibles en todo el territorio norteamericano a precios razonables.

Pero expertos explicaron que lo que pide el mandatario es algo imposible de cumplir, por tres razones: en los últimos años cayeron las inversiones en el negocio de la extracción de petróleo y refinerías, en gran medida por las restricciones que se imponen al sector en el marco de la transición hacia las energías verdes; por otra parte, la reactivación de las economías en el proceso de salida de la pandemia hizo crecer la demanda de combustibles fósiles, y, como frutilla del postre las sanciones impuestas al petróleo y gas provenientes de Rusia por la guerra en Ucrania se tradujo en una desenfrenada carrera de países de la Unión Europea más dependientes de los hidrocarburos rusos por buscar nuevos proveedores de energía.

Rusia es el segundo mayor productor de petróleo del mundo, después de Estados Unidos. Arabia Saudita se ubica en el tercer lugar. ¿Cuánto tiempo más puede durar la guerra en Europa del Este? Nadie puede saberlo. Lo que en un primer momento parecía que sería un conflicto de corta duración, se transformó en un enfrentamiento con final incierto. Según estimaciones del Pentágono, la guerra podría durar "muchos años".

Lo que sí se sabe, en cambio, es que la invasión de tropas rusas a Ucrania marcará un punto de inflexión y dará más velocidad al movimiento de piezas en el tablero de poder mundial, enmarcado en, al menos, dos grandes crisis superpuestas: de energía y alimentos. Para algunos analistas argentinos, el nuevo orden que comienza a configurarse a escala global presenta una oportunidad histórica para nuestro país en tanto proveedor de materias primas y también de productos con valor agregado.

Sin embargo, la recurrente inestabilidad de la macroeconomía local es el principal problema con el que tropieza cualquier proyecto a largo plazo y la actual crisis energética por supuesto que también impactó en todo el territorio nacional, con dificultades en el abastecimiento de gas y de gasoil.

Nuestro país comenzó a depender fuertemente de las importaciones de gas a partir del año 2010, cuando el suministro que llegaba desde Bolivia no fue suficiente para asegurar la demanda.

En los años siguientes fue necesario importar grandes cantidades de GNL por barco, es decir, el gas natural licuado que es gas natural previamente procesado para ser transportado en forma líquida. Si bien el aumento de la producción de Vaca Muerta permitió reducir en parte la demanda de importaciones de gas, ese aporte todavía no es suficiente para evitar que este año se tenga que comprar en el exterior casi el 30% del gas que se requiere para estos meses y, lo que es más preocupante, a un precio hasta cuatro veces mayor de lo que costaba el año pasado.