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Un símbolo que nos une

La Bandera Argentina es uno de los tres símbolos nacionales que nos identifica como Nación. En esta jornada, en la que celebramos el día de la enseña patria, fecha instituida en conmemoración del fallecimiento del general Manuel Belgrano, es importante valorar su ejemplo de amor a la Patria y de compromiso con la defensa integral de los intereses nacionales.

El mundo atraviesa un período histórico marcado por un reordenamiento de la política y la economía internacional. En este difícil presente, es necesario lograr consensos básicos sobre los asuntos que son claves para nuestro futuro como sociedad: una economía que incluya a todos, políticas energéticas de largo plazo, un mayor impulso a la ciencia y tecnología, mejoramientos en el sistema educativo y un decidido apoyo a los sectores de la producción y el trabajo.

La Bandera Argentina es un símbolo que nos une. Nos ofrece a todos los habitantes de nuestro extenso territorio nacional la posibilidad de compartir los mismos sentimientos frente a los colores patrios que nos identifican ante el resto del mundo.

Es el símbolo que nos debe hermanar en el esfuerzo de construir un país mejor. Hoy, más que nunca, debemos seguir el ejemplo de Manuel Belgrano, el hombre que el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná, en las barracas de Rosario, enarboló por primera vez nuestra enseña patria.

El poeta Sergio Raimondi nos recuerda que de todas las personalidades del período revolucionario de la Argentina "Belgrano es perfecto para mostrar que la historia no tiene que ver con la perfección". "Porque la historia no está hecha de virtudes intachables, destinos prefigurados, batallas ganadas en la gloria mayor; está hecha más bien de cuerpos que eligieron esforzarse por resolver cientos de problemas en un trayecto inestable, confuso y errático. Por eso recordar su participación en la Primera Junta, la mítica creación de la bandera o sus triunfos militares en Tucumán y Salta no sería un acto justo con su memoria sin recordar a la vez sus crisis, sus fracasos, su vulnerabilidad. ¡También hay que ser heroico para cuestionar el heroísmo! O al menos esas ideas inalcanzables de heroísmo capaces de hacernos pensar, tan equivocadamente, que la dimensión de los desafíos está lejos de nuestras vidas precarias. Belgrano muestra que hacer la historia es indistinguible de hacerse a sí mismo, con idas y vueltas, triunfos ocasionales, angustias, recursos escasos y destellos de imaginación en un recorrido siempre un poco incierto, porque ningún proceso termina con exactitud alguna vez". Cuánta razón tiene el poeta.

Belgrano dedicó gran parte de su vida a pensar la patria aún antes de que ésta naciera: entre 1786 y 1793, su formación en las universidades españolas de Valladolid y Salamanca lo puso cara a cara con la efervescencia de las ideas que gestaban un nuevo escenario Europa. La lectura de las obras de Rousseau, Voltaire, Adam Smith y del fisiócrata Quesnay, influyeron en su formación y, particularmente, en su pensamiento económico. Esas mismas lecturas confirmaron lo que desde edad temprana había intuido: la educación de las nuevas generaciones no podía quedarse sólo en la enseñanza de la lectura y la escritura.

"(…) Esos miserables ranchos donde se ven multitud de criaturas, que llegan a la edad de la pubertad, sin haberse ejercitado en otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto. Uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin son las escuelas gratuitas, a donde puedan los infelices mandar sus hijos, sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción; allí se les podrán dictar buenas máximas, e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria", escribió en 1796, después de ser designado secretario del Consulado.

¿Qué pensaría de quienes hoy tienen la responsabilidad de guiar los destinos del país? ¿Qué les diría a aquellas encumbradas figuras de la política nacional y a los formadores de opinión que, con evidente mezquindad, insisten en dividir a los argentinos? No se trata aquí de poner en tela de juicio la relevancia que tienen las convicciones ideológicas en la actividad política o el valor de la libertad de expresión.

Lo que se pretende es plantear, una vez más, un llamado a la reflexión sobre la necesidad de recordar siempre lo que nos une y ponerse de acuerdo sobre el país que queremos construir.