Ceferino Ojeda: "No sabía armar un FAL y me fui a la guerra de Malvinas"
Hace más de 20 años vive en Resistencia y trabaja en la planta de impresión de NORTE. Tras la guerra lo dieron por muerto. El reencuentro con su madre es otro recuerdo sellado para siempre en su memoria.

Desde pequeño comenzó a trabajar. Vivía en el campo en la localidad de Saladas. Después se trasladó a la ciudad de Corrientes, al barrio Laguna Brava. Tenía por entonces diez años y comenzó a trabajar en una carpintería: "Dependía de mí mismo. Me ganaba mi sustento", dice hoy, orgulloso, Ceferino Ojeda en tono afable. La charla se abre por distintos caminos, esquivos para hablar de la guerra, pero las palabras salen con la convicción de una persona que aprendió a vivir con el recuerdo del horror.
Ceferino entró a hacer el servicio militar obligatorio a los 18 años. Tres meses después de ingresar le comunicaron que tenía que ir a Malvinas. Estaba en el regimiento de Monte Caseros, Corrientes. "Obligadamente nos fuimos. Estábamos de servicio y nos dijeron que teníamos que ir, que no había opción. Nosotros no sabíamos desarmar un FAL. No sabíamos nada. Éramos criaturas que fuimos a la guerra", subraya, y su voz se hace más firme.
Soledad
Lejos de los afectos y del terruño, la isla Soledad se impuso con su nombre en la vida de Ceferino. Allá le tocó prestar servicio y nada fue fácil. No ha borrado sus vivencias, que están y viven con él, pero aquí prefirió no revivirlas. Incluso cuando una de sus nietas lo invita para ir a la escuela a hablar de Malvinas, él se resiste.
El pasado 14 de junio se recordó el día de la rendición del ejército argentino. El fin de la guerra que había comenzado aquel 2 de abril de 1982. "Tengo muchos recuerdos del momento de la rendición. Tengo en la memoria a los compañeros que fueron caídos delante nuestro en las Islas. En Malvinas en un momento perdimos la noción de los días o los meses. Fue todo muy difícil. Teníamos registro del día más o menos, porque las noches eran muy largas. Recuerdo ese viento frío que nos golpeaba fuerte, no sé si fue un martes, un miércoles, o un jueves a la tarde que caímos rendidos". El viento gélido soplaba a más de 70 u 80 km por hora y acentuaba la desazón.
Ceferino Ojeda fue tomado prisionero y en el Canberra perdió la noción del tiempo. Reconoce que estuvo bien atendido, que los soldados fueron bien tratados, no así los oficiales del Ejército.
Hambre de progreso

Concluida la guerra, Ceferino estuvo dos meses y medio en Monte Caseros. Le dieron la baja, y con la plata que tenía solo pudo llegar hasta Mercedes. Después, a dedo, viajó hasta la ciudad de Corrientes. Cuando llegó a su casa su mamá cayó desmayada, lo tenía por muerto. Desde el ejército le habían dicho que su hijo quedó en Malvinas y le entregaron una bandera nacional. "Fue una gran equivocación del Ejército. Seguramente hubo algún Ojeda que quedó en Malvinas, pero no yo", advierte Ceferino, al tiempo que no puede evitar que la emoción le vuelva al recordar aquella mañana cuando llegó a su casa.
Una vez instalado en Corrientes comenzó a vender diarios y así se acercó a la planta impresora de un diario de esa ciudad. "Quería progresar. Tenía sed de salir adelante y cambiar algo en mi vida. A los tres meses que volví a Corrientes me casé con una novia que tenía antes de ir al servicio militar. En la planta impresora sabía cargar la tinta y poner el papel para que se imprimieran los diarios. Un día me llamaron y comencé a trabajar en la planta", cuenta.
Ceferino pasó después a trabajar en la planta de impresión de NORTE, cuando todavía estaba ubicada donde hoy funcionan la administración y la redacción del diario. La planta de impresión después se mudó a las afueras de la ciudad, por la autovía de la ruta nacional 16.
"Hoy está todo mucho más informatizado. Tenemos mucha tecnología en la planta. Mi función acá es en la parte de expedición", describe, al tiempo que cuenta que ya hace más de 20 años que vive en Resistencia, donde además hace trabajos de herrería.
Los héroes están en Malvinas
Ceferino esquiva el tener que referirse las heridas que abrió la guerra. Sin embargo, está convencido de que es necesario hablar de Malvinas porque "Muchos hermanos caídos quedaron en ese suelo de soledades. Ellos son los héroes, son criaturas los que murieron por la patria. Inocentes totalmente, algunos sin saber del todo manejar un arma, se fueron a la guerra sin instrucciones. Hay regimientos completos que murieron, muchos soldados, algunos regimientos estaban compuestos por más de 300 o 400 soldados. Los héroes merecen ser recordados".










