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María José Beviglia

Pasión por las manualidades

Su capacidad creativa se desarrolló desde muy pequeña con ayuda de su madre y tías, pero el empeño por aprender y crear, fue solo de ella, es así que Majo Beviglia a prueba de aciertos y errores transformó su pasión en un microemprendimiento.

María José Beviglia, nació en la Capital de Corrientes, donde cursó sus estudios hasta graduarse en 1992 de Maestra Jardinera. Ama trabajar con los niños, y también llevar adelante su propio proyecto de manualidades ‘Ma-Jo Beviglia’.

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"Mis padres son Mirtha y Hugo, soy la mayor de cinco hermanos, a los que amo profundamente. Mi familia está compuesta por Alejandro, mi esposo, y mis tres hijos, que son la razón de mi vida, María Agostina, Juan Cruz y María Eugenia".

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Desde el momento en que se recibió comenzó a trabajar. "Crecí profesionalmente en el Colegio Yapeyú y continúo a cargo de la salita de 3 años. Soy feliz haciendo lo que me gusta, brindando lo mejor de mí y a la vez nutriéndome de la energía de los niños".

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De niña, se deleitaba viendo tejer y bordar a su madre y tías, entre risas y mates compartidos. "Heredé de ellas la pasión por las manualidades y con el paso del tiempo, este amor por lo artesanal, por lo hecho a mano, fue tomando forma hasta concretarse en mi emprendimiento ‘Ma-Jo Beviglia’".

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Es variada su producción, ya que va desde tejidos hasta tapices y lámparas. "Adoro tejer al crochet y en dos agujas, pero como soy inquieta y me gustan los desafíos. Actualmente, estoy desarrollando la técnica de macramé, que es tendencia en decoración; la utilizo para realizar artesanías con espejos, tapices, platos de sitio, lámparas, caminos de mesa, entre otras. Mis productos están hechos con mis manos, con amor y quienes los adquieren se llevan con ellos un componente único e irremplazable: un pedacito de mi corazón".

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En esta charla que pudimos tener con María José, nos comentó que en sus ratos de ocio escucha música, comparte con su familia y amigos, al aire libre; pero jamás sin su compañero inseparable. "Mis tejidos me acompañan a donde voy, siempre los tengo a mano".

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Tiene muchas anécdotas, pero una es la que sobresale. "Recuerdo que cuando tenía 11 años decidí tejer mi primer suéter, no tenía idea de cómo calcular el tamaño, pero comencé a tejer. Cuando lo terminé me di cuenta que era gigante pero mi orgullo era aún más, que no me importó y lo usé mil veces ese invierno; al año siguiente lo desaté y lo volví a tejer, esa vez ya me salió mucho mejor, ya tenía más experiencia".

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Es una viajera poco común, ya que antes de salir de vacaciones además de preparar las valijas, se asegura tener una buena cantidad de hilos o lanas para tejer hasta llegar a destino. Es generosa con sus habilidades. "Me gusta compartir lo que sé hacer, enseñar a mis hijas y amigas; pero a veces se enojan conmigo porque les hago desatar y volver a hacer los tejidos, una y otra vez, hasta que les quede bien, soy muy exigente con ellas y conmigo también".

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Es rápida en la aprehensión de técnicas nuevas. "Las aprendo de revistas o de Internet y después les agrego creatividad y motivos personalizados; todos pueden evaluar el resultado, entrando a Instagram: @majobeviglia  

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