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Erradicar el trabajo infantil

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) instó a todos los gobiernos del mundo a que adopten medidas concretas para erradicar el trabajo infantil, un flagelo que hace muchos años también está presente en la Argentina. Según Unicef, en nuestro país siete de cada diez adolescentes que trabajaban comenzaron a hacerlo durante la pandemia.

El urgente llamado a la acción de la OIT fue realizado en la última Conferencia Global sobre la Eliminación del Trabajo Infantil que se celebró en la ciudad de Durban, Sudáfrica. El domingo pasado, con motivo de conmemorarse el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la oficina local de Unicef recordó a través de distintos mensajes en sus redes sociales que en Argentina uno de cada diez chicos y chicas de entre 5 y 15 años realizaba al menos una actividad productiva en 2017, y en áreas rurales eran dos de cada diez. Pero a finales del año pasado, siete de cada diez adolescentes que ingresaron en forma prematura al mundo laboral lo hicieron en pandemia, es decir, condicionados por las urgencias que enfrentaban las familias de menores recursos.

Unicef recordó que el trabajo infantil, en todas sus formas, además de vulnerar los derechos de niñas y niños, también afecta su salud, impacta en forma negativa en su acceso a la educación y limita el tiempo de juego y recreación. Para el organismo de Naciones Unidas, la tarea de erradicar el trabajo infantil requiere fortalecer las políticas públicas de protección social de la niñez, promoviendo el acceso y el cumplimiento efectivo de sus derechos. Requiere, además, mitigar las vulnerabilidades socioeconómicas asociadas con esta problemática.

Se trata de un problema que está presente en la mayoría de los países. La OIT estima que en el mundo más de 160 millones de niños de entre 5 y 17 años trabajan. En diciembre del año pasado el papa Francisco pidió a los Estados y a las empresas de todo el mundo que promuevan empleo digno para los adultos de las familias, para que de esa manera los niños no se vean obligados a trabajar. En esa oportunidad, el jefe de la Iglesia Católica recordó que el trabajo infantil pone en peligro la salud de los más pequeños y los priva de su derecho a la educación. Dijo, por otra parte, que es importante que se promueva una educación gratuita de calidad, así como un sistema de salud accesible para todos; y reiteró la necesidad de impulsar nuevas iniciativas para poner fin al trabajo de los menores y remarcó que el drama de la explotación laboral de los niños "tiene una importancia especial para el presente y el futuro de nuestra humanidad".

Es importante recordar que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas llama a poner fin al trabajo infantil en todas sus formas, y propone adoptar medidas para llegar al año 2025 libres de ese flagelo. La meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU llama a los Estados a "adoptar medidas inmediatas y eficaces" con el fin de avanzar con el esfuerzo mundial para poner fin al trabajo infantil, y para "erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados".

Varios expertos en la lucha contra esta problemática coinciden en señalar que la pandemia empujó a muchos niños al trabajo infantil.

En nuestro país el trabajo infantil está prohibido por ley. Sin embargo, se estima que por la suma de la crisis sanitaria más la económica y social que enfrenta el país agravó aún más el problema. Para la organización Aldeas Infantiles, en no pocos casos el trabajo infantil aparece ligado con estrategias de supervivencia familiar y ante el golpe económico es más probable que más niños, niñas y adolescentes ingresen en el mercado laboral como consecuencia directa del incremento del desempleo y la pobreza.

La sociedad debe sumar esfuerzos para erradicar el trabajo infantil y garantizar el acceso a la educación de los niños y las niñas de aquellas familias que, por la caída de ingresos, se vieron obligadas a aceptar la incorporación de los mismos al mercado laboral en forma temprana.

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