"La memoria y el olvido son una pareja tan inseparable como la palabra y el silencio"
Poco conocido aún en español, el "Umberto Eco ruso" es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo. Su libro "Laurus" ya es un clásico contemporáneo de la novela histórica.

Ambientada en el siglo XV, "Laurus" cuenta la historia de un joven médico que, movido por la culpa y el amor, recorre una Europa infestada por la peste y el miedo al apocalipsis. Como en un juego de espejos, Evgueni Vodolazkin (Kiev, 1964) se propone interpretar nuestra época a la luz de la Edad Media, tanto como leer la Edad Media desde la perpleja mirada de hoy. De fondo, aparecen todos los grandes temas de la literatura y de la experiencia humana: el tiempo y el espacio, el amor y el sacrificio, la lealtad y la traición, el pecado y la redención.
-En "Laurus", la concepción del tiempo juega un papel fundamental. Por un lado, usted dice que "el tiempo es una maldición", porque está ligado al mundo material y a la expulsión del Edén y, por otro, este tiempo humano, el de la novela y el de nuestras vidas, apunta a un final que da inicio a algo más. Háblenos del tiempo y su movimiento, tanto en la novela como en lo que concierne a la condición humana.
-Gracias por su amable actitud hacia mis textos. En última instancia, la profundidad del libro depende de la profundidad de su lectura. En cuanto al tiempo, siempre ha sido un misterio para mí, y sigo sin haberlo resuelto por completo. Lo que he comprendido se lo debo a mis investigaciones sobre la Edad Media. El tiempo es uno de esos fenómenos que diferencian fundamentalmente nuestra época moderna de la Edad Media. No se trata de distinguir una época de otra, sino de distinguir la conciencia religiosa de la no religiosa. El tiempo, para la mayoría de las personas actuales, es un eje horizontal. Los eventos, desde este punto de vista, solo existen en una secuencia cronológica estricta. No coexisten entre sí, sino que se suceden. Es por eso que un estilo sustituye a otro, y no solo lo sustituye, sino que también lo anula. De esto se deduce que el último evento histórico (hasta el momento) tiene ventajas sobre el penúltimo. De ahí que el culto al futuro fuera impensable en la Edad Media, y su producto es la utopía. Colocada en la base de la política estatal, como sucedió en la Unión Soviética, la utopía negó todos los tiempos, excepto el futuro, y se cobró millones de vidas.
En la Edad Media, además del eje temporal horizontal, existía un eje vertical. Desde cualquier lugar de su vida el hombre tenía acceso a la eternidad. Por lo tanto, las personas y los fenómenos no estaban encadenados a su tiempo, no estaban encerrados en él. Todas las palabras tenían el mismo valor, independientemente del momento de su aparición. En los libros medievales, textos creados con una diferencia de mil años podrían coexistir bajo una sola portada.

La vida del protagonista de "Laurus", como cualquier persona medieval, se desarrolla en la intersección de los ejes horizontal y vertical. Así es como transcurre en los cristianos contemporáneos, que también tienen la oportunidad de sentir la eternidad todos los días, conversando con Dios. Y su muerte es su nacimiento, para la eternidad.
-El tiempo es el reino de la memoria y "Laurus" es una novela de la memoria, que nos invita a recordar continuamente. Recordar, en español, significa "volver a formar en el corazón", que es como decir que el pasado vuelva a ser carne, presente, vida y, por tanto, de algún modo, también futuro. ¿Qué es la memoria para usted, y qué papel juega en su obra?
-Hay una canción rusa en la que se dice que "la vida es un instante entre el pasado y el futuro". Así sería, si no hubiera memoria, personal e histórica. La memoria es una experiencia sin la cual una persona es imposible. Después de todo, la Biblia es en muchos sentidos un libro sobre la historia, que es una forma de memoria.
El tema de la memoria para mí es uno de los más importantes. No es sólo la novela "Laurus", sino también la novela "El aviador", en la que una persona con amnesia intenta recuperar su vida gracias a la memoria. Al mismo tiempo, recuerda no solo los eventos, sino también los estados emocionales, los sentimientos, los colores, los olores, todo lo que, sin lo cual, su mundo no será pleno. Y ahora estoy terminando una novela dedicada a la memoria. Se trata de una persona que tiene una capacidad fenomenal para recordar (este protagonista tiene un prototipo concreto). Su tragedia, a diferencia del protagonista de "El aviador", es que no puede olvidar nada. Mientras tanto, junto con el gran don de recordar todo, al hombre se le da también el gran don de olvidar. La memoria y el olvido son una pareja tan inseparable como la palabra y el silencio.
-¿Todas las memorias resultan igual de valiosas? ¿Hay una memoria que redime y otra que condena? ¿Hay una memoria que llama a la eternidad y otra que conduce al infierno? ¿La historia es un depósito de lo que sucedió verdaderamente?
-El exceso de memoria, especialmente la memoria emocional, es capaz de hacer explotar el cerebro. Muchas cosas se olvidan porque resultan no ser importantes. Esto se expresa perfectamente en el poema de Joseph Brodsky: Odiseo le dice a Telémaco, "… la guerra ha terminado. Quién ha ganado –no lo recuerdo". Usted tiene razón: hay un recuerdo que se sumerge en el Paraíso perdido. Es, por ejemplo, el recuerdo de la infancia. Pero hay una memoria que se sumerge en el infierno. Es el recuerdo de la propia culpa. Ambos tienen su propio significado, como lo tienen la recompensa y el castigo.
Si hablamos de una forma de memoria como la historia, entonces la cuestión de la realidad de los eventos descritos es realmente importante aquí. Los eventos, como, por ejemplo, una obra literaria, permanecen en la memoria de personas concretas, con sus simpatías y gustos, y finalmente con lo que se puede llamar el estilo de la época. Debemos ser conscientes del hecho de que, al leer escritos históricos, no estamos tratando tanto con eventos como con ideas sobre ellos. Y eso es inevitable. La memoria histórica puede ser selectiva y no está determinada por los contemporáneos de los eventos, sino por aquellos que trabajan con estas descripciones posteriormente. Este fenómeno es muy común ahora. La historia es vista como un espejo en el que nuestros contemporáneos se ven a sí mismos. Con cualquier cambio social, la historia comienza a reescribirse de acuerdo con la conveniencia política. Todos nos convertimos gradualmente en personas con un pasado impredecible.
-¿Qué relación hay entre el tiempo y el espacio? Una vez que Arsenio, el protagonista de "Laurus", se ha rechazado a sí mismo en nombre del amor, ¿ese amor es temporal, o perdura en la eternidad?
-El tema de la conexión del tiempo y el espacio fue desarrollado por el pensador ruso Mijail Bajtín, que llamó a su unidad indisoluble cronotopo. Mis personajes superan el tiempo y el espacio. Una de mis estudiantes, con una audacia propia de su juventud, definió la novela "Laurus" como "carente de cronotopo". El espacio comprime el tiempo porque el viajero ve más personas y eventos. Otra cosa es que no siempre influya en su experiencia espiritual, que a veces es más fácil de obtener desde la comodidad de una celda monástica.
Hablando del espacio del alma, entendemos esta expresión como metafórica, ya que se trata de metafísica pura. De su yo, Arsenio elimina todo lo personal y lo que le pertenece a él. De hecho, a Ustina no la salva el "espacio vital liberado" del alma de Arsenio, sino su gran amor. En la hagiografía rusa, hay historias que se parecen en algo a la de Arsenio. Así, la famosa "loca por Cristo", Xenia de San Petersburgo, tras la muerte de su esposo comenzó a llamarse a sí misma por su nombre y a vivir para la salvación del alma de él. El gran amor permite aceptar a otra persona y estar con ella para siempre. Sin esa posibilidad, el amor, me parece, no tiene sentido.

-Arsenio no se deja aprisionar por el presente, sino que continuamente es guiado desde fuera, como si fuera consciente de que la historia sucede aquí y ahora, pero que sus consecuencias resuenan en otro espacio y en otro tiempo. Es un modo muy distinto de concebir la realidad. ¿De qué modo le habla la Edad Media a nuestra época?
-En una ocasión, mi amigo, Aleksei Varlamov, escritor y crítico literario, me llamó y me dijo: "Ahora estoy en un examen oral de literatura rusa moderna. A una estudiante le tocó una pregunta sobre "Laurus". Ella dice que leyó la novela y que estuvo llorando una semana entera. Pero cuando le pregunté que en qué siglo ocurría la acción, no pudo responder. ¿Qué nota le pongo?". "El tiempo no existe" -respondí- "Ponle un diez". Hablando en serio, cualquier persona debe entender que el tiempo es solo un episodio de la eternidad, y no debe sobreestimarlo. Esto no significa que en la vida cotidiana pueda relajarse y no llegar a tiempo a ninguna parte. Se trata solo de que siempre esté presente la visión de sub specie aeternitatis, desde el punto de vista de la eternidad. Esa es la visión que nos da la Edad Media.
-Algunos críticos señalan que "Laurus" es una novela posmoderna, yo no estoy tan seguro. Creo que hay demasiada realidad y, por otro lado, demasiada esperanza para serlo. ¿Se siente cómodo con esa definición? ¿Qué hay de posmoderno en su novela?
-En "Laurus" está realmente presente lo que parece corresponder a la poética del posmodernismo. Esto, sin embargo, no es posmodernismo. Esta es la poética de la Edad Media, con la que el posmodernismo ahora sorprendentemente ha comenzado a coincidir en muchos aspectos. Me refiero a la naturaleza fragmentaria del texto, al debilitamiento del principio del autor y varias otras cosas. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: el texto medieval es "auténtico", y el posmoderno es un juego, es una combinación de citas detrás de la cual, por regla general, no hay nada. "Laurus" está tejido a partir de eventos reales, descritos en textos medievales. Estos eventos se dan en un orden diferente, pero no pierden su realidad. Yo sentí esta realidad de forma tan conmovedora que, cuando escribía la novela, lloraba.
Como resultado de su desarrollo, la cultura de la Edad Moderna, reflejada en el posmodernismo, aceptó en gran medida la poética medieval. Pero ahora también el posmodernismo está cambiando: los juegos también se han terminado allí, se está poniendo más serio. Estoy convencido de que la Era Moderna ha llegado a su fin. Ahora la cultura sigue aceptando y desarrollando las formas poéticas medievales. Solo queda adivinar cuál será el contenido en estas formas.
-Una figura rusa poco conocida en la cultura española que aparece en su novella es la del "loco por Cristo", o yuródivyy. El propio Arsenio termina siendo uno de ellos. ¿Qué representan estas figuras en el imaginario ruso? ¿Y por qué son ellos -y solo ellos- los que se atreven a anunciar la verdad?
-Un "loco por Cristo" no es un bufón, ni un excéntrico. A menudo es un excéntrico, pero su extravagancia no tiene nada que ver con el deseo de divertir. Es una especie de hazaña espiritual, un deseo de ocultar su piedad tras acciones ridículas. Las extravagancias del "loco por Cristo" son también una forma de desenmascarar los pecados. La naturaleza de su risa se explica bien en uno de los cánticos eclesiásticos: "Con sus extravagancias desenmascaró la locura del mundo". La risa de un "loco por Cristo" no es un fin en sí mismo. Como se dice en otro cántico, "De día se reía del mundo, y por la noche lloraba por él". Creo que solo alguien que es capaz de llorar puede reírse de cualquier cosa. Entonces esta risa no es cruel, sino amorosa.
El "loco por Cristo" existía fuera de reglas y leyes y, por lo tanto, a veces era el único que podía decir abiertamente la verdad a las autoridades. Se creía que no se podía ofender a los "locos por Cristo", porque son personas de Dios. Sin embargo, a menudo les pegaban, y a veces los mataban. Parece paradójico, pero toda la vida del "loco por Cristo" se construía de acuerdo con las leyes de la paradoja. Por ejemplo, el "loco por Cristo" arrojaba piedras a las casas de los piadosos y besaba las paredes de las casas de los pecadores. La explicación es que los demonios eran expulsados de las casas de los piadosos, y se quedaban a la entrada, y por eso, "el loco por Cristo" los apedreaba. Pero de las casas de los pecadores eran expulsados, por el contrario, los ángeles, y el "loco por Cristo" hablaba con ellos, y les daba besos, y les pedía que no se fueran. A los demás les parecía que estaba dándole besos a las paredes.
-Las páginas finales de la novela son de una enorme intensidad, cuando el propio Arsenio, llamado ya Laurus, es abandonado por todos y se enfrenta a la muerte. ¿Es la soledad el destino de los mártires del amor en un mundo que no parece tolerar un exceso de bondad?
-La santidad es, en términos generales, una anomalía. Como es anormal la oscuridad total, también lo es la luz brillante. Para una persona que vive en la penumbra de la vida cotidiana, la luz solar directa es difícil de tolerar, porque todos sus defectos y desperfectos se vuelven evidentes bajo esos rayos. Cuando Laurus es sospechoso de adulterio, todo el mundo se siente mejor: dado que el justo ha pecado, ¿qué se nos puede exigir a nosotros, personas corrientes? Honrar a los santos se combina de una manera extraña con la espera subconsciente de su caída. Los santos siempre están solos. Simplemente están en una esfera inaccesible para el resto, y allí ven lo que otros no pueden ver.
-Una última pregunta. En un interesante artículo, publicado en 2016, que se titulaba "La nueva Edad Media", usted afirmaba lo siguiente: "El pasado está regresando. Todo regreso supone una partida previa. Sin embargo, puede que el pasado nunca se haya ido, y que su ausencia resulte ser una ilusión. Ciertos rasgos incrustados en los genes no se manifiestan durante algún tiempo. Pero eso no significa que hayan desaparecido; simplemente están esperando el momento adecuado para emerger. Ese momento -el momento en el que estamos ahora- podría llamarse retorno" . Seis años después, ¿cómo calificaría su afirmación inicial: "El pasado está regresando"? ¿Y el future? ¿Cómo será el futuro?
-Sí, el pasado vuelve. Pero la forma en la que vuelve no es circular, sino una espiral: es un regreso a una nueva etapa. En su esencia, se asemeja a una rima: una transición a lo nuevo con la memoria de lo viejo. Ya he dicho que, en mi opinión, la civilización de la Era Moderna ha llegado a su fin. La globalización fue el último punto de su programa. En realidad, los dramas geopolíticos actuales son las primeras grietas del mundo globalizado. Ahora, obviamente, nos moveremos en la dirección opuesta, hacia una cierta atomización. Renacerá el interés por las culturas nacionales y, lo más importante, por el desarrollo espiritual de la persona. En este camino, redescubriremos formas antiguas. Esto no significa que todos nos sumerjamos juntos en la Edad Media. Creo que de ella tomaremos la habilidad de concentrarnos en la metafísica. Los ideales de la era del consumismo serán reemplazados gradualmente por algunas cosas más interesantes. Todo esto ya se está notando. Como bromea Julian Barnes, la idea ha superado la prueba de la práctica; ahora queda por ver si superará la prueba de la teoría.
*Publicado en The Objective

"Rusia abrió los brazos a Europa en los ´90 y recibió desprecio"
A Evgueni Vodolazkin le tocó presentar su novella "Laurus" en Madrid, justo cuando Putin reconocía a las repúblicas separatistas ucranianas.
-¿Cómo ha vivido el anuncio y la situación entre Rusia y Ucrania?
-Entre EEUU y Rusia se están dando pasos muy arriesgados. Hay espacio para una guerra, no solo local, sino geopolítica, global. No creo que acabe en conflicto abierto, pero esto no ocurre por casualidad. Pertenezco a la fuerza proeuropea dentro de Rusia y antes había mucha gente como yo, a principio de los ´90 una gran mayoría de la población rusa tenía los brazos abiertos a Europa, pero recibimos un gesto de desprecio. Y la ampliación de la OTAN fue un golpe muy duro. Ya no había Pacto de Varsovia, Rusia era un país extremadamente amistoso, cumplió todas las exigencias de Occidente. Esperábamos que la OTAN no existiera, pero empezó a acercarse demasiado. Los rusos no desean ocupar otros países, no es el estado de ánimo entre la gente normal. Rusia está cansada de imperios. Pero la OTAN seguía acercándose, y no es un club de filatélicos. Nos necesitamos mucho unos a otros en este triángulo EEUU-Europa-Rusia. No debe haber guerra, pero los intereses geopolíticos de ambas partes en este crescendo solo pueden llevarnos a un punto sin retorno, que es la muerte. Y la vida de una sola persona no tiene precio. Obviamente, Ucrania es una víctima del enfrentamiento geopolítico, pero no es Rusia la que ha llegado ahora a Cuba.
-¿Putin no es un dictador? ¿Cómo lo ve usted?
-En Occidente se lo demoniza, el Putin que aparece en los medios europeos es una creación mitológica. Es un pragmático capaz de acuerdos. Lo más fácil es cargar el problema en una sola persona, pero los dirigentes reflejan el sentir de un país. Putin quiso llegar a cuatro pactos con Europa, incluso se dijo dispuesto a entrar en la OTAN. Es alumno de Sobchak, un demócrata ultraliberal. Pero su propuesta de amistad quedó sin respuesta. Y este país rechazado tenía que elegir camino solo, con sus propias fuerzas. Si los rusos ven que se comprenden sus temores, darán un gran paso adelante para llegar a compromisos, digan lo que digan los políticos.










