Romualdo Cuenca: "Vi caer al capitán Giachino"
Es uno de los excombatientes chaqueños. Prestó servicio en la Infantería de Marina 2. Su batallón fue uno de los primeros en desembarcar en Puerto Argentino.

En entrevista con CHAQUEÑA, Ángel Romualdo Cuenca, oriundo de Puerto Tirol y suboficial retirado de la Policía del Chaco, relata su experiencia en el conflicto bélico como apuntador y tirador de lanzacohetes.
-¿Dónde estaba cuándo fue convocado a Malvinas?
-A los 18 años me tocó el servicio militar obligatorio en la Escuela de Infantería de Marina. Previo a eso teníamos un perfeccionamiento que tenemos en infantería, que se llama Centro de Formación de la Infantería de Marina, que se encuentra en La Plata. Ahí teníamos dos meses de instrucción para ir conociendo lo que es la marina, la jerarquía, el manejo de armas y tiros. Se cumplían los dos meses y salíamos a nuestro destino, que iba a ser hasta un año y dos meses, que es el tiempo que nos tocaba el servicio militar obligatorio. Me tocó el destino en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, donde se encuentran todos los batallones de la infantería de marina.
-¿Ahí le llegó la convocatoria para ir a Malvinas?
-Sí, fue en ese momento que se desató el conflicto de Malvinas. No hubo ninguna convocatoria, sino que ya estábamos prestando servicio militar. Fue rápido, sorpresivo. Nos mandaron a equipar en una plaza de armas y nos hicieron preparar con ropa de abrigo, reacondicionar nuestro armamento y la ropa que nos faltaba teníamos que pedirla.
-¿Qué pensaba en ese momento, se pudo comunicar con su familia, decir adónde iba a ir o qué estaba pasando?

-Nada. Nosotros sabíamos que íbamos a un lugar determinado únicamente por la medalla identificatoria que nos dieron, y empezamos a preguntar adónde vamos. Nosotros pensábamos que era por un conflicto con Chile, porque en ese momento teníamos lo del canal de Beagle. Les preguntábamos a nuestros jefes, a los oficiales, nadie sabía nada. Al otro día nos embarcaron a Puerto Belgrano en un buque, soldados, armamentos, alimentos, en una sola vez. Antes, cuando hacíamos ejercicios, primero embarcaban distintos elementos, pero esa vuelta fue todo junto. Y partimos desde Puerto Belgrano y pusimos cinco días en el mar para llegar a las islas. Pasó el segundo día y ya nos empezábamos a preguntar adónde vamos, porque Chile no queda tan lejos, estábamos cerquita. Pasaron tres días y ya nos empezamos a preocupar, más por la medallita. Al cuarto día, cuando llegamos a la noche, el comandante de la flota nos hizo ir a nuestro camarote del buque y ahí recién nos dijo que mañana (2 de abril) íbamos a recuperar las Islas Malvinas, que durante 150 años estuvieron usurpadas por los ingleses. Y al otro día desembarcamos. Nuestra misión era recuperar las islas sí o sí, la cumplimos, y recuperamos las islas. Fui uno de los primeros que logró eso.
-¿Cuál fue su destino?
-Puerto Argentino. El batallón está compuesto por distintas secciones, cada sección tenía un punto de referencia adonde llegar. Nosotros teníamos un galpón dentro de la isla, en el archipiélago, ahí teníamos que llegar. Yo estaba en la primera sección como apuntador y tirador de lanzacohetes: la bazuca. Tenía a mi compañero que llevaba los cohetes. Cuando él cargaba el cohete en la parte de atrás me avisaba y yo efectuaba el disparo. El sin mí no era nada, y yo sin él no era nada tampoco, éramos inseparables.
-¿Y en esa función le tocó derribar algún avión?
-No, porque cuando tomamos las islas teníamos 102 o 105 soldados ingleses que nos estaban esperando. Una vez que desembarcamos de madrugada, llegamos con los vehículos anfibios, hicimos cabecera de playa, avanzamos más o menos un kilómetro y empezamos a disparar con ametralladoras y morteros. Cuando desembarcamos era todo curiosidad. En el vehículo anfibio vos podés pararte y sacar la cabeza para mirar adónde vas yendo, todas nuestras cabecitas iban arriba del anfibio y veíamos las luces de Puerto Argentino a lo lejos. Después, de repente, escuchamos un tableteo de ametralladora, ahí nos sentamos otra vez y ahí sentimos miedo. Veíamos los disparos, de dónde venían, porque los proyectiles que ellos disparaban eran trazantes. Entonces nos tirábamos ahí, adonde venían las balas trazantes y cuando íbamos avanzando y mirábamos el lugar había unas ametralladoras y una base de mortero. O sea que ese era el puestito de ellos (los ingleses) y cuando nos tiraban ahí pasaban más atrás.
-¿Cómo era estar en una guerra siendo prácticamente un adolescente?
-La mayoría mirábamos las películas de guerra en blanco y negro, pero no teníamos conocimiento de la magnitud de una guerra. Aunque en la infantería de marina estábamos bien preparados, psicológicamente y físicamente. Pienso que íbamos por un objetivo, que era recuperar nuestras islas, defender la patria y la bandera, de eso estábamos convencidos.
-¿Cuál es su recuerdo más triste de la guerra?
-Lo vi caer al capitán Pedro Giachino, herido de muerte, quien cuando iba al puesto sanitario falleció por el camino, él era nuestro capitán.
Pedro Edgardo Giachino fue un militar de la Armada Argentina, capitán de fragata de infantería de marina, primer muerto en combate de la guerra de las Malvinas.

-Dicen que cuando volvieron de la guerra no podían hablar de lo que pasó allá. ¿Ustedes tuvieron esa instrucción, o era algo tácito?
-Sí, todas las fuerzas armadas tomaron esa iniciativa, de decir al soldado que no contara nada. Cuando volvimos nos dijeron que no habláramos de Malvinas. En el ´83, cuando empezó la democracia, tampoco fuimos reconocidos. En el ´91 o ´92 recién empezábamos a salir, pero por nuestra iniciativa, nadie nos golpeó la puerta, nadie nos dijo si estábamos bien, qué necesitábamos. Pasaron casi diez años y nunca fuimos reconocidos. Por nuestros propios medios empezamos a surgir pero por nosotros. Ahí empezamos a movernos, a organizarnos, a hacer nuestro centro de excombatientes adonde llevábamos las inquietudes y las necesidades de nuestros compañeros. Después, más adelante, los políticos nos empezaron a reconocer.
-Se cumplieron 40 años de la guerra, ¿por qué es importante seguir malvinizando?
-Es importante para que la causa no pase al olvido, que nuestros hijos y que nuestras familias sigan el legado. En cada lugar donde se pueda seguimos malvinizando, porque nosotros en cualquier momento vamos a desaparecer. Por eso es que ir a las escuelas es importante, ya que es nuestra forma de mostrar que estamos vivos. La sociedad debería aprovechar y escuchar a un excombatiente, porque cada uno tiene una historia distinta que contar.
-¿Cómo fue su vida después de la guerra, consiguió trabajo?
-Los padres de un compañero de Resistencia con el que éramos inseparables, tanto en el batallón como en las islas, tenían una panadería y me ofrecieron trabajo. A la vez, en ese momento el gobierno provincial nos ofreció a todos los excombatientes que queríamos ingresar a cualquier fuerza de seguridad, que podíamos hacerlo sin hacer tantos trámites. Estaba trabajando en la panadería y un día me llegó una cédula de citación para la escuela de policía de la provincia. Entré y me fue bien. Soy suboficial mayor y me retiré del Comando de Operaciones Especiales (COE).
-¿A ese compañero de Resistencia lo sigue viendo?
-Sí, es Raúl Vega. Volvió de las islas y terminó sus estudios de maestro mayor de obra y ahora está en Ciudad del Este, Paraguay. Hace poco nos vimos, cuando viene al Chaco al primero que busca es a mí, es mi hermano de la vida.










