El cuidado de la casa común
Un día como hoy, hace siete años, se publicaba la Encíclica "Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común" del Papa Francisco, un documento dirigido a todos los habitantes de la Tierra que llama a la reflexión sobre el proceso de degradación que sufre el planeta a raíz de la contaminación del ambiente, el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad.
Las encíclicas son, desde el punto de vista de la tradición católica, cartas que escribe el Sumo Pontífice sobre asuntos de la Iglesia o para reflexionar sobre ciertos temas de la doctrina católica. Este tipo de misivas, en un principio, estuvo dirigida por el Papa a los obispos y fieles católicos de todo el mundo. Pero en esta ocasión, Laudato Sí tiene un carácter universal, en el sentido más amplio del término. En efecto, la encíclica dice textualmente que se dirige a "todos los habitantes de este planeta", es decir, sin distinciones de ninguna naturaleza, para proponer "un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta". Es un llamado urgente a proteger la Tierra, a la que el Papa define como "nuestra casa común", una tarea que implica necesariamente la ardua tarea de "unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral".
A la luz de hechos recientes con gran impacto global, como la pandemia de Covid- 19 o la guerra en Europa del Este, la tarea de unir a todas las personas del mundo tras el mismo objetivo de cuidar lo que es de todos puede resultar extremadamente difícil por no decir imposible. Sin embargo, de la lectura de las 184 páginas del documento papal se advierte una renovada confianza en los seres humanos, en la capacidad de cooperar para construir un futuro mejor para el planeta.
"Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos", subraya el mensaje del Sumo Pontífice, que enumera los problemas que plantean enormes desafíos, especialmente a las nuevas generaciones: la degradación del ambiente, el impacto del cambio climático, la necesidad de garantizar el acceso al agua potable, la pérdida de la biodiversidad, la disminución de la calidad de vida de amplios sectores de la población en la mayoría de los países y el drama de la desigualdad global.
Sobre este último tema, se citaba días atrás en esta misma columna una observación del economista francés Thomas Piketty: la falta de equidad crece actualmente en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de 200 años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales.
Con respecto al cambio climático, el Papa Francisco observa en la encíclica que el clima es un bien común, y hace notar que existe un consenso científico que advierte que el planeta enfrenta un preocupante calentamiento del sistema climático debido principalmente a la actividad humana.
Laudato Sí es un término en latín que traducido al castellano quiere decir "Alabado seas". Proviene de un cántico de san Francisco de Asís que recuerda que la Tierra, que es la casa común de los seres humanos y de las otras especies que habitan el planeta, es también una hermana. La encíclica destaca la enorme importancia que tiene la defensa de la naturaleza, la vida animal y la dignidad de los seres humanos.
Es necesario que la misma sea tomada por todas las personas de buena voluntad como una hoja de ruta para la acción en defensa del planeta y la biodiversidad. En su momento, la Conferencia Episcopal Argentina recordó que se trata de un llamado a la humanidad para proponer al mundo entero un nuevo modo de vincularse con el ambiente.
El concepto de "casa común" es también un llamado a líderes mundiales, a estados nacionales y a pueblos para que se tome conciencia del peligro en que se encuentra la humanidad, para recordar que el sufrimiento de los más vulnerables puede afectar, tarde o temprano, el bienestar del conjunto de la sociedad. En distintas partes del planeta la exposición a contaminantes produce consecuencias en la salud de algunos sectores de la población, especialmente en las familias más pobres, provocando millones de muertes que podrían haberse evitado.










