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La educación en la primera infancia

La infancia es un período fundamental en el desarrollo de una persona. Y las oportunidades de aprendizaje que reciban los más pequeños en esta etapa incidirán en su trayecto educativo, ya que 80 por ciento del desarrollo cerebral se presenta en los primeros años de vida. De ahí la necesidad de destacar la enorme importancia que tienen los jardines de infantes y la tarea de las maestras jardineras.

Se celebra hoy en nuestro país el Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera en memoria de la educadora, pionera y pedagoga riojana Rosario Vera Peñaloza, fundadora del primer jardín de infantes de la Argentina. Nacida el 25 de diciembre de 1873 en Atiles, provincia de La Rioja, dedicó gran parte de su vida a promover la inclusión de las niñas y los niños argentinos en el sistema educativo formal. "El juego es la vida del niño. En él ejercita su actividad innata y muestra sus gustos y sus tendencias, su sentir", sostenía la pedagoga. Ejerció su prolífica tarea docente en las provincias de Entre Ríos, La Rioja y Córdoba. Tras estudiar planes y comparar programas de educación preescolar que se aplicaban en los países más avanzados, en el año 1900 fundó el primer jardín de infantes del país, en una sala que funcionó como anexo de la Escuela Normal de la capital de La Rioja, su provincia natal.

Más de medio siglo antes del surgimiento de la neurociencia como estudio disciplinar, su habilidad para conocer el mundo de los niños le permitió comprender que las oportunidades educativas en edades tempranas eran factores clave para el desarrollo del cerebro, sin descuidar por supuesto la alimentación y el cuidado de la salud para los pequeños que, entendía, debían crecer en un entorno emocional y afectivo adecuado, dos requisitos que, en su opinión, no podían faltar ni en los hogares ni en las aulas.

Hoy, muchos años después de aquellos años iniciales en la tarea de la pedagoga riojana, diversos estudios científicos confirman que los estímulos cognitivos, los afectos y la seguridad del entorno no deben faltar en ninguna etapa de la vida, pero mucho menos en la infancia. En ese sentido, la actual coyuntura social y económica que atraviesa el país, con buena parte de su población en situación de pobreza, requiere de medidas concretas que permitan reducir los niveles de desigualdad, sobre todo en la primera infancia. La organización familiar, la comunidad y las instituciones del Estado que trabajan por los derechos de los más pequeños deben estrechar vínculos y sumar esfuerzos para promover sistemas eficaces de protección a los chicos.

Los últimos datos disponibles revelan que más de la mitad de los niños argentinos vive en situación de pobreza. Y esa situación se vio agravada por la emergencia sanitaria que desató la pandemia de Covid-19. Toda la comunidad debe asumir el compromiso de trabajar para erradicar las múltiples causas que generan pobreza. Este es uno de los requisitos indispensables para avanzar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Es necesario actuar sin dilaciones para garantizar que cada niña y niño que vive en nuestro país tenga acceso a una alimentación saludable y acceso a mejores oportunidades educativas.

Desde que el ser humano comenzó a vivir en comunidades siempre han existido distintas formas con menor o mayor grado de protección a la infancia. Pero, en rigor, el concepto de niño evolucionó a través del tiempo y no fue sino hasta el siglo XIX que comenzó a reconocerse que los primeros años de vida son una etapa fundamental para el desarrollo de las personas. Es importante, entonces, tener claro que ninguna sociedad tiene futuro si no genera las condiciones básicas para que los más pequeños crezcan en un entorno familiar con los cuidados, afectos y recursos educativos necesarios para llevar una vida digna. Y en esa tarea, además de las familias, las maestras jardineras cumplen un papel esencial que merece ser reconocido por toda la sociedad.

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