Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

El mundo es cada vez más desigual

La pandemia, el conflicto en Ucrania y el extraordinario aumento de los precios de los alimentos no representan malas noticias para todos en este mundo globalizado. Para unos pocos, esa combinación se tradujo en un período de enorme prosperidad y bienestar. Así lo asegura un informe de la organización humanitaria Oxfam que fue presentado en el marco del Foro Económico Mundial celebrado en la ciudad suiza de Davos.

La organización Oxfam Intermón acaba de presentar en el Foro de Davos el informe "Beneficiarse del Sufrimiento", en el que advierte que las reglas de juego del mundo globalizado han hecho poco o nada para reducir la extrema desigualdad en el planeta. Al contrario, la falta de regulaciones ha permitido una creciente concentración en pocas manos de sectores claves para el bienestar de la humanidad, como son la generación de energía, la producción de alimentos y los productos de la industria farmacéutica.

Según esta organización, que tiene su sede en el Reino Unido, las diez personas que encabezan la lista de mayores fortunas del mundo poseen más riqueza que los 3100 millones de personas que componen el 40 por ciento más pobre de la humanidad.

"La riqueza de los 20 milmillonarios más ricos del planeta supera el PIB de todos los países de África subsahariana juntos". "Un trabajador que se encuentre en el 50 por ciento más pobre del mundo tendría que trabajar 112 años para obtener los mismos ingresos que lo que una persona de ese uno por ciento más rico consigue en un solo año", señala el informe. Economistas de Oxfam observan que el aumento de las fortunas de las personas más acaudaladas del planeta fue posible gracias a la participación que tienen en corporaciones que sacaron ventajas de desregulaciones que las beneficiaron en forma extraordinaria.

El economista serbio Branko Milanovic, autor del libro "Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización", advierte que la desigualdad se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en Occidente y plantea que el fenómeno de la concentración de la riqueza en muy pocas manos terminará siendo una amenaza para las democracias, ya que lo que se puede comprobar en los países con altos niveles de desigualdad es que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea menos probable.

Por su parte, el economista francés Thomas Piketty también aborda el problema en su libro "El capital en el Siglo XXI". En esa obra sostiene que la falta de equidad crece en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de 200 años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales. Dice, además, que el mundo actual se caracteriza por haber logrado un progreso material como nunca antes visto en la historia de la humanidad, pero donde solo el uno por ciento de la población global disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, la mejor atención en servicios de salud y el mejor nivel de vida. En otras palabras, los niños que nacen en familias de pocos recursos no tendrán posibilidades de desarrollar todo su potencial, por carecer de los elementos básicos para llevar una vida digna.

Según la organización Oxfam, durante estos dos últimos años de pandemia, se han registrado en el mundo 573 nuevos milmillonarios. Como contrapartida, agrega, el aumento de los precios de los alimentos, de la energía y los problemas heredados de la pandemia harán que a finales de este año haya 263 millones de personas más sumidas en la pobreza extrema.

El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, autor entre otros libros de "El precio de la desigualdad", sostiene que es necesario que ese pequeño porcentaje de la población que goza de beneficios y privilegios comprenda que su destino está inexorablemente ligado a las condiciones de vida del resto de la humanidad. El economista, además, recuerda que las consecuencias de la desigualdad son conocidas: altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida.

Te puede interesar