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CARTAS DE LECTORES

MILEI, ¡EL CUCO!

Señor director de NORTE:

Quienes transitamos la arena política argentina, estamos acostumbrados a los continuos cambios de compases que la agenda comunicacional nos impone, pero generalmente todo se da dentro de lo previsible. 

Cada tanto, en cambio, surge un tema que marca el compás obligado. Este es el caso de estos días. Me refiero a la palabra "Milei". Es muy difícil —cuando no imposible— compartir un debate público o privado en temas de actualidad donde no se la nombre, para bien o para mal. Desde los programas políticos de la TV, hasta las crónicas de los periódicos centran su atención a ella. Más allá de lo pintoresco del personaje al que refiere, lo que ha conmovido y conmueve la opinión pública es cuánto mide en las encuestas. Y esto es muy interesante como fenómeno social.

En principio, en un análisis superficial, lo llamativo del fenómeno es el hecho de que quienes se conmueven por este hecho, pareciera que daban por sentado que, en la sociedad argentina, no estaba permitido pensar distinto. No quiero entrar a analizar el significado de "distinto", pero en principio sería cualquier cosa que no sea peronismo o antiperonismo. Lo que digo es que se ha puesto al pueblo argentino tal rótulo, y cualquier cosa que varíe de ese sesgo sería una especie de anomalía digna de atención y alarma. 

¿Cómo puede ser que el pueblo pretenda pensar distinto? Y por sobre todo, ¿cómo puede ser que el liberalismo tenga reconocimiento popular? ¡Esto… está prohibido a la sociedad! 

El liberalismo es una mala palabra, enemiga del pueblo que no puede pensar por sí mismo, ¡y por suerte tiene a los políticos que lo protegen de este mal! (sería, en buen romance, la respuesta solapada).

Esta construcción no es casual, porque viene justamente del sector dirigente de la Argentina. En la peor crisis que atraviesa nuestro país en todos los sentidos, económico, educación, salud, laboral, moral, cuando todos los índices indican nuestro fracaso como administradores de la sociedad, la única clase que sigue impertérrita es la dirigente. Allí parece que la crisis no llega. Los funcionarios, los parlamentarios, los jueces, ellos están con algunas incomodidades, por ejemplo, se les dificulta viajar al exterior o comprar divisas extranjeras, pero en general su estándar de vida se mantiene parejo. Mientras la inseguridad, los niveles de analfabetismo, de pobreza estructural, de falta de trabajo, de ahogo impositivo al sector privado resulta claramente insoportable.

En ese contexto no resulta llamativo que ese sector se alarme por el "efecto Milei". En realidad, la alarma no es por las ideas que el ilustrado personaje expone; la alarma no es por la popularidad repentina del liberalismo, sino porque este cambio cuestiona fuertemente el "statu quo" establecido, o sea un cambio de reglas. No importa mucho qué reglas, sino que se pone en juego la estabilidad actual, injusta para muchos, pero privilegiada para un sector. 

Es una situación de manual inmortalizada por Giuseppe de Lampedusa, como el "gatopardismo", es necesario hacer unos pequeños cambios para que nada cambie y se mantenga la estructura subyacente.

Pareciera que la falta de transparencia en la gestión pública, la falta de proyecto como país, la total falta de políticas públicas respetadas por todos los sectores, la falta de participación del pueblo en el proceso de toma de decisiones locales, la falta de conducta en el exterior por parte de quienes nos representan como Estado, la impunidad de la que gozan quienes cometen actos de corrupción anta la tota falta de respuesta oportuna del Poder Judicial, el abuso de poder de los gobernantes y sectores gremiales, la total falta de sanciones a los graves incumplimientos a los deberes de los funcionarios públicos, y la indefensión de la población en general —entre muchos otros temas— no son cuestiones tan preocupantes y desestabilizantes como la medición de Milei en las encuestas.

En este breve análisis no podemos siquiera rasgar el velo del complejo problema que se plantea, pero me permito afirmar que cada tanto es bueno mirar más allá del argumento para ver qué es lo que se nos está escondiendo. 

No hay que tener miedo a las ideas, no es malo para una democracia la pluralidad de voces, todo lo contrario, es absolutamente necesario; porque cuando desde arriba se usa el miedo en lugar de la razón para orientar la opinión, el futuro es claramente incierto.

MARIANO MORO

Abogado

Resistencia 

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CARTA ABIERTA AL INTENDENTE 

Señor director de NORTE:

Los trabajadores municipales activos y pasivos nos dirigimos al intendente considerando que quizás no tiene pleno conocimiento de la situación. 

El último aumento otorgado deja con un considerable desfase al salario de los trabajadores municipales, activos y pasivos, muy por debajo de la inflación de estos meses del corriente año, del acumulado anual y lo que va de su gestión. La inflación acumulada del primer trimestre de 16%, más la anunciada en estos días de 6%, exponen la fragilidad del aumento dado, a lo cual se debe considerar lo fragmentado y extendido en el tiempo que a finales de octubre la inflación y el desproporcionado aumento que nunca superó a la inflación nos terminaría hundiendo en la miseria, la pobreza y la pérdida del poder adquisitivo.

Este aumento en cuotas significa una rebaja salarial considerable, un ajuste despiadado e injusto ante las conquistas de otros sectores que lograron aumentos por arriba de 60% o como aquellos que reabren paritarias para ajustar y reparar el desajuste salarial ante una inflación que no se detiene.

Por todo lo expuesto, solicitamos: reapertura de paritarias ya; poner fin a aumentos en cuotas y prolongados en el tiempo.

Basta de beneficios que son engañosos, destruyen el salario y atentan con la movilidad jubilatoria. Basta de pagos en negro. Basta de ajuste al trabajador, activo y pasivo.

Convocamos a una concentración y movilización por nuestra dignidad y nuestro futuro.

ELENA ZABALA

DNI 11.392.166

JUBILADOS AUTOCONVOCADOS MUNICIPALES

RESISTENCIA 

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LAS ABUELAS USABAN RODETE

Señor director de NORTE:

Mirando fotos de los años 40 y 50 también, en esos álbumes de hojas amarillentas, imágenes que traen recuerdos con perfumes, la abuela. En general a las abuelas en aquellos años se las veía como personas "viejas", con el pelo cano atado en un rodete en la nuca, con el rostro inexpresivo y algunas marcas en el rostro. Olían a comida rica y abrazaban con fuerza. Enseñaban el Padre Nuestro y a dar gracias a Dios antes de dormir.

Sus retos eran una orden y sus consejos una marca de "lo dijo mi abuela". Algunas tenían su huerta, otras atendían a su marido, ese abuelo de bigotes gordos, casi siempre silencioso que hablaba con los ojos.

La abuela mecía en su hamaca a su nieto recién nacido, y curaba las heridas de las rodillas luego del partido de fútbol. Las manos de la abuela sanaban.

Con el correr de los años, siempre hubo abuelas, que fueron cambiando sus vestidos grises y negros por otros colores más alegres. También se cortaron el pelo. Siguieron dando sus abrazos y esa torta con sabor familiar.

La creación de la Universidad les abrió una puerta al mundo, y muchas mujeres a distintas edades comenzaron una carrera.  Ya hubo abuelas profesionales, doctoras, abogadas, y hasta llegaron a ser presidenta.

A nosotros ejemplos nos sobran, hay mujeres de mérito, hermosas y abuelas de ley a la vez, con nietos orgullosos.

Lo que no cambió, lo que sigue siendo un bálsamo, es el amor que dan las abuelas, ese sentimiento que abriga, alimenta y da identidad.

Por ahí se escucha… esa es mi abuela.

MÓNICA PERSOGLIA

RESISTENCIA