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El drama de la pobreza

En 2021 la pobreza llegó al 37,3% de la población y afectó a 17,4 millones de argentinos. Según el Indec, la indigencia se ubicó en el 8,2%. En el actual contexto de inflación estos datos son preocupantes, pero lo que es más alarmante es el hecho de que, desde el regreso de la democracia, los años de crecimiento de la economía tampoco fueron suficientes para perforar el piso del 25 % de personas en ese estado de vulnerabilidad.

A partir de estas cifras se pueden sacar varias conclusiones, y una de ellas es que las mejoras de las variables de la macroeconomía no siempre se traducen en mejores condiciones de vida para las personas que forman parte de los sectores más vulnerables de la población. Dicho de otro modo: sí, están en lo cierto quienes argumentan que el crecimiento es una condición necesaria para erradicar la pobreza, pero a juzgar por la historia reciente, el crecimiento por sí solo no es suficiente para reducir este flagelo a su mínima expresión.

Un informe elaborado por el Banco Mundial con indicadores de 2021 revela que en la Argentina los indicadores de pobreza son más altos entre niños, niñas y adolescentes y entre quienes tienen un bajo nivel educativo. A esto deben agregarse otros datos sobre la situación escolar que muestran que de cada 100 estudiantes que ingresan a la escuela secundaria solo 16 terminan este ciclo de formación a tiempo y con los conocimientos que deben tener en esa etapa de la educación formal. De esos 16 alumnos, más de la mitad pertenecen al segmento de mayor nivel socioeconómico de la población, asisten a escuela privada o tienen madres con educación superior. Estas últimas cifras surgen de un trabajo realizado por el Observatorio Argentinos por la Educación titulado "¿Cómo son los 16? Trayectorias escolares desiguales en la Argentina" que fue citado días atrás en esta misma columna.

Parece mentira que en 1974 el país tenía un 8 por ciento de pobreza y apenas un 2,7 por ciento de desempleo. Hoy el escenario es totalmente distinto y hasta se presenta la particularidad que muchas personas que tienen un empleo formal poseen ingresos que están por debajo de la línea de pobreza.

El politólogo británico James A Robinson, coautor del libro "Por qué fracasan los países", escrito en colaboración con el economista turco, Daron Acemoglu, sostiene que demasiada desigualdad es en cierto punto muy corrosiva para la sociedad. En la obra citada, Robinson y Acemoglu observan que, en rigor, la prosperidad de una nación no se debe al clima, a la geografía o a la cultura, sino a las políticas que emanan de las instituciones de cada país. Por eso, aseguran, los países no podrán conseguir que sus economías crezcan hasta que no cuenten con instituciones que desarrollen políticas acertadas. En ese sentido, no son pocas las voces que afirman que la Argentina necesita imperiosamente un nuevo período de estabilidad y crecimiento para poder salir del atolladero en el que se encuentra.

Para el economista de la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, no existen obstáculos que impidan a nuestro país alcanzar ese objetivo, es decir, el del crecimiento con estabilidad. Así lo señaló en el foro del Económico y Social que se realizó el mes pasado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el que participó como disertante. Sin embargo, la realidad de las últimas décadas muestra la gran dificultad del país, o mejor dicho de los sucesivos gobiernos nacionales, para devolver a esa buena parte de la población que está en los márgenes la noción de progreso social.

Antes de la pandemia, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentó un informe titulado "¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social" en el que se analizaba la situación social y económica en las distintas regiones del mundo. En el capítulo dedicado a la Argentina el documento observaba que un niño o una niña que nace en un hogar pobre en nuestro país necesitarían al menos seis generaciones para mejorar sus condiciones de vida. Ese documento data de 2019, pero por razones obvias es poco probable que haya cambiado esa estimación.

Es necesario sumar esfuerzos de todos los sectores de la comunidad para atacar las causas que producen la pobreza y avanzar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

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