Saccomanno: "A algunos no les va a gustar"
Con un discurso que puso nombre y apellido a muchas de las cuestiones que suelen sobrevolar los debates en torno a la cultura en la Argentina, Saccomanno se lanzó a hacer planteos infrecuentes en este ámbito.

Antes que de ideas abstractas sobre la literatura y el poder de la lectura, en una feria donde se pone en juego el mercado del libro, eligió hablar de libros y de sus condiciones de producción, en este aquí y ahora.
"¿Es una paradoja o responde a una lógica del sistema que esta Feria se realice en la Rural, que se le pague un alquiler sideral a la institución que fue instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros?", preguntó, por ejemplo.
"En lo personal, creo que esta situación simbólica refiere una violencia política encubierta", avanzó en responder. Al "problema del papel" lo insertó en variables locales muy concretas que se suman a las de la pandemia o la guerra: industria oligopólica, inflación, falta de regulación estatal.
También le puso nombre y apellido: "La falta de papel se debe a la menor producción de las dos empresas productoras de papel para hacer libros. Una es Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural, escenario en el que hoy estamos. La otra empresa es Celulosa Argentina. Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers. Los oligopolios han producido menos por problemas internos y por la pandemia".
Dio números y habló de costos de edición e impresión, del trabajo del escritor y su remuneración. Contó que al ser convocado a la apertura planteó, inéditamente, el pago de honorarios por su trabajo.
"No creo que mencionar el dinero en una celebración comercial sea de mal gusto. ¿Acaso hay un afuera de la cultura de la plusvalía?", preguntó. "Me imaginé en el supermercado tratando de convencer al chino de que iba a pagar la compra con prestigio", planteó también al mencionar un habitual "pago" para este y otros trabajos.
"Quienes me precedieron en este lugar, comprometidos con la defensa del libro, nunca habían cobrado. El uso que de estas figuras hizo la Feria en función de su propio prestigio ha sido mala fe ideológica y no se debe obviar. Por tanto, soy el primer escritor que cobra por este trabajo", completó.
"La literatura que me gusta no baja línea. Y, lo que escribo en esta hoja, tampoco baja línea. Simplemente soy descriptivo, estas son las cosas que se juegan para quienes elegimos este oficio. Inexorable, la tensión me impulsa hacia un nervioso desorden enumerativo. Asumo el riesgo de ser malentendido y juzgado como aguafiestas", advirtió el autor de Cámara Gesell.
"Pero, a pesar del frenesí y la euforia de la organización y su expectativa en la facturación, nuestro presente no tiene mucho de festivo", concluyó.
Durante la ceremonia hubo un momento de homenajes que comenzó con el recuerdo de Horacio González, quien iba a ser el encargado de inaugurar esta feria. Siguió el recuerdo de Angélica Gorodscher, Juan Forn, José Pablo Feinmann, Quino, Gabo Ferro, Tom Lupo, entre otros y otras.










