La ultraderecha crece en Occidente
Emmanuel Macron logró su reelección en Francia gracias al apoyo de un electorado que parece haber optado por la continuidad antes que arriesgar al futuro incierto que ofrecía la polémica figura de Marine Le Pen. Pero, aunque la candidata de Agrupación Nacional no se impuso en las urnas, cosechó algo más de 41% de los votos, lo que representa un crecimiento de casi siete puntos de su caudal electoral respecto de los comicios de 2017. El apoyo a Le Pen abre nuevos interrogantes sobre las razones que llevaron a amplios sectores del electorado a votar a una candidata que hizo de la xenofobia una de sus banderas.
Algunos analistas del tablero político internacional sostienen que el descontento de millones de franceses que el domingo votaron por Le Pen tiene cierta similitud con el voto de pobladores de las zonas rurales de Estados Unidos, muy críticos con la dirigencia política tradicional norteamericana, que dieron la victoria a Donald Trump en 2016. De hecho, tras conocerse aquel año su triunfo en las urnas, el magnate y candidato republicano dijo en su primer discurso como vencedor que "los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados". Un mensaje parecido al que dejó Marine Le Pen en cada una de las localidades rurales que visitó durante su campaña electoral, en la que no faltaron reuniones en fábricas con trabajadores que nunca ocultaron su descontento con las políticas de Macron, un presidente que -según su críticos- gobernó solo para los sectores más acomodados de la sociedad y dio la espalda a los sectores de ingresos medios y bajos de Francia.
¿Qué hay detrás del ascenso de figuras como Marine Le Pen en Francia, y de otros grupos de extrema derecha en Europa? No hay una sola respuesta para explicar el fenómeno, aunque el descontento de buena parte de los ciudadanos con la dirigencia política tradicional en sus países es un factor que está presente cada vez que se acerca la lupa a cada escenario nacional. Se puede citar como ejemplo el caso de Portugal que celebró elecciones generales en enero pasado: el partido Chega, de extrema derecha, cosechó esa oportunidad 7,4 % de los votos sorprendiendo a propios extraños ya que en las elecciones anteriores había obtenido solo 1,4%, un ascenso que se apoyó en buena medida en las frustraciones de amplios sectores de la población.
El rechazo a la inmigración, la negación del cambio climático y la posición en contra de las estructuras regionales son otras de las posturas políticas que caracterizan a los partidos de ultraderecha europeos y que permiten trazar un paralelo con la visión del mundo y la sociedad que propuso en su momento Donald Trump en los Estados Unidos y, a su modo y salvando las distancias, con lo que plantea Jair Bolsonaro en Brasil en sintonía con la agenda internacional de la derecha radical.
La irrupción en nuestro país de figuras como Javier Milei, el liberal conservador que apuesta a mostrarse como alguien ajeno al sistema tradicional local de fuerzas políticas, lleva a algunos analistas a preguntar si se trata de un fenómeno pasajero alimentado por algunos medios de la Ciudad de Buenos Aires o se está frente a un nuevo espacio de derecha radical que puede consolidarse sobre la base de la frustración que generan en la población los históricos desajustes de la macroeconomía argentina. En octubre del año pasado, Milei fue invitado a participar, a través de una videoconferencia, en un acto realizado por el partido Vox de España, cuyo presidente Santiago Abascal se ha declarado admirador de la política antiinmigrantes de Trump y ha llegado a proponer que se levanten muros en España para evitar el ingreso de extranjeros pobres.
Para el analista político Ricardo Rouvier, el fenómeno Milei tiene una particularidad y es que el candidato libertario creció más en intenciones de voto que en estructura partidaria, de manera que es probable que en una eventual competencia presidencial la falta de esa estructura termine poniendo un techo al candidato.
Por último, y para reflexionar, vale citar lo que en su libro "¿La rebeldía se volvió de derecha?", el periodista Pablo Stefanoni plantea sobre las denominadas "derechas alternativas". Observa que son protagonistas de una revolución en la política occidental: "Orgullosas, levantan las banderas de la indignación y la rebeldía que eran la marca registrada de la izquierda. El progresismo, mientras tanto, entre el desconcierto y el gesto despectivo, se abroquela en la corrección política y corre el riesgo de volverse parte del status quo".










