Cuba ve una oposición fracturada tras las protestas del 11 de julio
De los 1.395 arrestados el 11 de julio, 728 siguen en prisión, y los juicios van poco a poco. Desde entonces, según cifras oficiales, 128 personas han sido condenadas a un total de 1.916 años de prisión.

En su departamento del barrio Alamar de la capital cubana, Leonardo Otaño, de 30 años, guarda nueve plantas en latas que antes se usaban para comercializar tomates. "Cada una de ellas corresponde a una de las veces que fui detenido o llamado a declarar", dice el profesor y doctorando en historia de la Universidad de La Habana. "Por cada mal momento de la vida, esperamos un buen momento, de ahí este pequeño ritual".
Entre libros y un acuario, el activista pide disculpas por la falta de orden en la casa, que luce una foto suya con el Papa Francisco en 2015, cuando el pontífice visitó Cuba. Otaño, quien formó parte del grupo Archipiélago, organizador de las protestas del 11 de julio de 2021 en más de 50 ciudades y del intento de manifestación del 15 de noviembre, severamente reprimida, es religioso, pero profesa una "versión progresista, de izquierda, del catolicismo", además de ser un admirador de la Teología de la Liberación. "Nada más lejos de ser de izquierda y progresista que el régimen totalitario que existe hoy en Cuba. Yo soy de izquierda y no acepto que digan que los que están en el poder también lo son".

Desde el inicio de la represión post 11J, y más aún tras el fracaso del 15N, Otaño sólo se ha centrado en apoyar a las familias de los presos políticos condenados por participar en las protestas. En las últimas semanas, siete jóvenes, de entre 16 y 18 años, recibieron órdenes de encarcelamiento de 19 a 25 años. Datos recopilados por las ONG Cubalex, Prisoners Defenders y Amnistía Internacional muestran que más de 40 menores ya han sido objeto de este tipo de decisiones, con penas de más de 15 años de prisión. Las ONG también denuncian torturas, privación de luz y alimentos, así como descargas eléctricas.
Esperanza (nombre ficticio), que accedió a hablar con Folha con la condición de que la reportera caminara con ella por el Malecón, la vía principal de La Habana, para evitar la impresión de que la estaban entrevistando, llora al hablar de su hijo mayor, 19 años, condenado a 25 años de prisión por "desorden público". Al tiempo que destaca el esfuerzo por obtener una amnistía, dice que espera que los hijos entiendan lo difícil que es para la familia ser vigilada cuando van al mercado o cuando los hermanos van a la escuela.
Apenas comenzaron a salir las condenas, un grupo de 35 madres comenzó a trabajar en la recolección de firmas para la petición de amnistía y en el contacto con tribunales y organismos internacionales.

Las patrullas asustan a los cubanos, especialmente a los de los barrios pobres de la capital. Si en las calles de La Habana Vieja, el centro turístico, la presencia de policías y militares es mínima, no lo es tanto en Guanabacoa y Los Pocitos, o en el interior del país, especialmente en Camagüey y Holguín, lugares con tradición de rebeldía contra el sistema y que se manifestaron con intensidad en el 11J.
El líder de la dictadura cubana, Miguel Díaz-Canel, asegura que en la isla no hay presos políticos y dice que las condenas son por "delitos contra la seguridad del Estado" y por "colaboración con fuerzas extranjeras".
Mientras habla con Folha, Otaño muestra el barrio donde vive, que resume la degradación del sueño de la revolución socialista de 1959. Alamar fue un proyecto encabezado por Fidel Castro (1926-2016) y reúne edificios de inspiración soviética con pequeños departamentos, pero con "todo lo que una familia necesita". Las unidades son prácticamente idénticas y hay imágenes de los héroes de la revolución en cada esquina. "La idea era construir un barrio donde viviera el 'hombre nuevo', que no buscara tener más que los demás", dice.
La realidad actual, sin embargo, muestra espacios insuficientes, alcantarillado abierto y quejas constantes por cortes de energía eléctrica. Vecinos de barrios pobres de La Habana dicen que el corte de energía dura hasta cinco horas diarias; en el campo, el reporte es de días enteros sin luz.
En general, la oposición está fragmentada. Hay, por ejemplo, activistas que apuestan por una salida institucional, con una amnistía que vendría por la vía legal. Muchos artistas, que con movimientos como San Isidro y Espaço Aglutinador lucharon por la libertad de expresión, se fueron del país.
En su estudio, Sandra Ceballos, de 61 años, ofrece una silla al reportero, advirtiendo que no es una silla cualquiera: "Es una de las originales de la mítica heladería Coppelia", dice orgullosa. Coppelia ganó reconocimiento internacional con la película "Fresa y chocolate" (1993), de los directores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, una de las primeras obras en abordar la temática LGBTQIA+ en Cuba.
La heladería fue también un esfuerzo personal de Fidel, quien, empeñado en hacer que los cubanos tuvieran "los mejores helados del Caribe", importó en 1966 la maquinaria más moderna de Europa. Hoy punto turístico, el lugar, sin embargo, ha ido perdiendo calidad. El aumento de los precios de los ingredientes y la falta de leche hace que el producto sea a menudo aguado o con sabor a soja. La historia explica por qué Ceballos conservó una silla original.

Exintegrante de Archipiélago, no tiene esperanza de más manifestaciones. "Las condiciones existen, pero también estamos seguros de que vendrá otra ola de represión terrible", dice. "Ahora, con estos muchachos condenados a pasar más de 20 años en prisión, con denuncias de tortura, no hay forma de evitarlo. Soy pacifista, pero la única forma de derrocar al régimen es como lo hicieron con Fulgencio Batista en 1959. .Con fusiles, una guerrilla organizada que viene del interior y derriba el poder por la fuerza".
Aquí, la oposición se vuelve a fracturar. Otaño dice que no quiere el derrocamiento de un totalitarismo con "las armas de lo que podría ser otro totalitarismo". "Después de todo, ¿quién dijo que si derrocamos el régimen que tenemos ahora no habrá un Putin? No queremos eso".

Ceballos también critica la apertura de espacios culturales con permiso del régimen, como Fábrica de Arte, un recinto para conciertos y exposiciones que es sensación entre los jóvenes. El día 15, con la sala llena, Folha vio la presentación de Interactivo, un grupo de jazz y caribeño que viene causando revuelo. Dirigido por el pianista Roberto Carcassés, el grupo de más de 30 músicos toca de todo, pero no habla una palabra de política.
"Con la situación que vivimos, con artistas presos y exiliados, tener un espacio cultural como este es un absurdo. También es un horror que los artistas se presenten allí sin hablar de la represión. Debería haber un paro de todo en este país, y también de la cultura", dice Ceballos.
Mientras las condenas silencian a la oposición, la situación económica se ha ido deteriorando. Debido a la pandemia de la Covid, el PIB de Cuba se ha reducido un 11 % en 2020, y la inflación ha llegado al 300 %. A pesar de la reapertura al turismo, ha sido difícil llegar a los niveles anteriores.
La Guerra de Ucrania también empeoró la situación, ya que los rusos representaron el 20% del turismo durante la temporada alta. Este año, por ejemplo, hubo 30.000 cancelaciones de reservas tras las restricciones impuestas a los vuelos desde Moscú. Todavía hay turistas rusos que no saben cómo volverán a casa.

Para que las remesas del exterior retomaran el ritmo, el régimen abrió canales para facilitar la salida de los cubanos. Por ejemplo, firmó un acuerdo con Nicaragua para no exigir visa ni permiso para viajar, y así, desde octubre de 2021, más de 200.000 cubanos han emigrado al país controlado por Daniel Ortega con la intención de cruzar legal o ilegalmente a EEUU.
La ruta, sin embargo, con pocos vuelos directos a Managua, cuesta alrededor de u$s 2.000 por persona, solo los pasajes. Y los "coyotes" (guías y transportistas ilegales) cobran hasta u$s 10.000 por el viaje. Oficialmente, EEUU afirma haber recibido el año pasado a 32.000 cubanos que ahora se encuentran bajo custodia estatal.
Según el Código Penal cubano, que tendrá una nueva versión este año, salir ilegalmente de la isla es un delito punible con hasta 30 años de prisión. El régimen, sin embargo, ha hecho la vista gorda, ya que la economía necesita divisas. El número de "balseros" que intentan llegar a Florida por mar se ha multiplicado por siete desde el año pasado. Lanchas patrulleras estadounidenses han estado circulando con el letrero "No te vayas por la borda" y han devuelto a muchos migrantes. La administración de Joe Biden dice que prefiere la entrada por tierra, aunque la definición de tales casos es complicada, que enfrentarse a los peligros de cruzar el mar.
La idea de irse del país tampoco es la más popular. Yulier (nombre ficticio), de Los Pocitos, recuerda la "inmensa familia" que tiene en Cuba y su madre, que está enferma. "¿Por qué tengo que irme?". Otaño, quien viaja con frecuencia debido a su actividad académica, dice que es un error pensar que los cubanos solo quieren irse. "En realidad, cuando viajo, lo que más temo es que me impidan regresar". O, como dijo el escritor Leonardo Padura en Europa para promocionar su nuevo libro, "Como Polvo en el Viento": "¿Por qué me tengo que ir? Yo llegué antes".
*Publicado en Folha de São Paulo
Temas en esta nota

Argentina recomienda no viajar a Cuba ante el "deterioro de las condiciones" en ese país
Alerta máxima

Cuba reconoce que 32 militares de su país murieron en los ataques de EE.UU. en Venezuela
"Cayeron tras férrea resistencia"

Javier Milei echó a Diana Mondino del Gobierno por votar a favor de Cuba en una Asamblea
Asamblea de la ONU

Murió en Miami la hermana menor de Raúl y Fidel Castro

La ONU pide el fin del bloqueo de Estados Unidos a Cuba
Histórico

Los Gladiadores vencieron a Cuba en el cierre de la fase de grupos

Investigadoras de la UNNE ganaron un concurso internacional sobre reformas y modernización del Estado
Viajarán a La Habana en noviembre para ser premiadas










