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El peligro narco

El hallazgo de casi diez kilos de cocaína, dinero y armas en el interior de un auto secuestrado en el marco de un operativo antidrogas realizado en un barrio de Resistencia revela la necesidad de prestar una mayor atención al problema de la venta ilícita de estupefacientes. Urge articular una fuerte respuesta de los poderes públicos para evitar lo que padecen los países en los que existen vínculos cada vez mayores entre el tráfico de drogas, la corrupción y otras formas de delincuencia organizada.

Para lograr que se comprenda mejor el grave problema al que se enfrenta la sociedad chaqueña basta un par de ejemplos, tomados de una conferencia que ofreció el doctor en sociología Marcelo Bergman, autor del libro "Drogas, narcotráfico y poder en América Latina": un vecino que vive en la favela de Rocinha, la más grande de Río de Janeiro, que desea obtener una conexión eléctrica para su casa no tiene que pedir el servicio a la empresa local de energía, sino que debe gestionarlo -previo pago de una suma de dinero- a través del jefe de una banda narco; en Ciudad Juárez, México, si alguien necesita abrir un comercio tiene que pagar, no un impuesto municipal, sino un "derecho de habilitación" a la organización narcocriminal que ejerce el control de la zona.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué las bandas criminales pueden asumir funciones que deberían estar en manos del Estado? Distintas investigaciones realizadas sobre este fenómeno observan que hay una secuencia que se repite en los países que no lograron cortar a tiempo los tentáculos de la delincuencia narco. Las bandas empiezan comercializando pequeñas cantidades de drogas y a medida que amplían su base de consumidores obtienen cada vez más recursos para fortalecer estos mercados ilícitos, hasta llegar a un punto que comienzan a erosionar las capacidades del Estado. A partir de ahí, según explica Bergman, proliferan nuevos grupos y bandas criminales que obtienen provecho de otros mercados ilícitos que se van desarrollando, como por ejemplo los secuestros, las extorsiones y hasta el robo a grandes empresas. El caso más llamativo de esto último es el robo de combustibles por parte de organizaciones criminales a Pemex, en México, que ya causó pérdidas por miles de millones de dólares para esa petrolera estatal. Pero eso no es todo: en el Estado de Chihuahua la población sufre más de cinco millones de extorsiones cada año, producto de la diversificación criminal que practican grupos criminales que a medida que se enriquecen con la venta de drogas ilícitas van desarrollando estructuras comerciales, de logística y transporte que les permite fortalecerse aún más, para luego contratar otras bandas que se dedican a explotar otros mercados ilícitos.

Está comprobado que las economías ilícitas que no son controladas y erradicadas a tiempo, terminan diversificándose. "Los mercados ilícitos de drogas generan todas estas capacidades de grupos subalternos, de organizaciones que en los márgenes empiezan con las drogas pero terminan socavando toda la capacidad de aplicar la ley", advierte Bergman, tras recordar que el negocio ilícito de las drogas sigue siendo uno de los más rentables del mundo.

En nuestro país todavía no se ha llegado a escenarios similares a los citados de México o Río de Janeiro, pero hay que seguir con atención la evolución del problema narco en Rosario, donde la llamada banda de "Los Monos" tiene en su haber una serie de ejecuciones que colocó en 2013 a esa ciudad santafesina como el distrito con la tasa de asesinatos más alta del país: 22 homicidios por cada 100.000 habitantes. Pero la diversificación criminal parece haber comenzado ya en esa ciudad, tal como lo señalan comerciantes rosarinos que denuncian haber recibido balazos frente a sus locales tras negarse a pagar 100.000 pesos por mes a cambio de "protección".

Sería un error subestimar el problema que plantea la aparición de estas organizaciones narco al conjunto de la sociedad. En el Chaco todavía se está a tiempo para evitar la diversificación criminal a la que se hizo mención más arriba. Es un asunto complejo que a nivel local comienza mostrar algunas señales preocupantes.

En nuestra región, además, se tiene la desventaja de fronteras porosas por donde el transporte de sustancias no parece ser un obstáculo para las organizaciones delictivas que asumen todo tipo de riesgos sabiendo que tienen en sus manos un negocio muy rentable que les otorga capacidad de corromper algunos eslabones claves de control.

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