¿Minar criptomonedas o cazar incautos?
A raíz del fiasco de Generación Zoe se pusieron de moda palabras como "criptomoneda" o "minar" para aludir a la reversión de aquella fiebre de ganancias exageradas de los plazos fijos.

El giro que tomó la vieja estafa ideada por Carlo Pietro Giovanni Guglielmo Teobaldo Ponzi, mejor conocido como Charles Ponzi, a principios de la década de 1920, regresa periódicamente como esas enfermedades que se creen erradicadas y hacen bajar la guardia a la sociedad.
Como el público se renueva e Internet "avivó giles", ¿qué mejor que aprovecharse de toda esa confusa y hermética información que rodea a las monedas digitales como el Bitcoin?
Así nacieron los "emprendedores financieros" que juntan dinero y cabezas con el cuento de volvernos modernos "inversores", de los que hay docenas promoviendo su estafa sin ningún pudor, que obtienen ganancias por "minar criptomonedas".
Aquí un aparte: las criptomonedas, de las cuales el Bitcoin fue la primera, pueden generarse de la nada... hay sitios especializados en crearnos nuestra propia criptomoneda que comenzaría a generar más criptomonedas con el mismo sistema "blockchain" del Bitcoin, para lo cual solo precisa de millones de seguidores que confíen en una entelequia bien promocionada.

Las cripto
En el mundo de las cirptomonedas el dinero como tal no existe, lo fija este intangible "mercado" de confiados "inversores". Así, una criptomoneda sirve tanto como el valor que adquiera a medida que se va utilizando para el intercambio de bienes o servicios.
El bitcoin es el padre de las criptomonedas: comenzó con un gesto de confianza entre un pizzero y un cliente y así fue creciendo exponencialmente (en un comienzo nadie sabía nada del Bitcoin, hasta que una pizzería comenzó a entregar mercadería a cambio de esa moneda. El 22 de mayo de 2010 se pagaron 10 mil bitcoins por dos pizzas; esta semana, el Bitcoin cotizaba a u$s 40.000 por unidad y bajando. El resto es historia).
Para generar esa masa de incautos que confíen en una criptomoneda creada por nosotros es precisa la confianza y la cantidad. Tiempo atrás, escribí cómo las comunidades gamers son la principal cantera de estas monedas intangibles que van cobrando valor real en la medida que se usen para comprar vidas, créditos o avatares en las diferentes plataformas de juegos en línea.
Hay otras comunidades, además de los gamers, que agrupan a millones de personas alrededor de un interés común. Así, es fácil entender por qué un sujeto como Cositorto apeló a la estética y la verborragia de los predicadores de tv para hacer crecer su negocio, que prometía intereses disparatados en base a cierta "minería de criptomonedas" que él había elaborado y perfeccionado en conjunto con otra docena de empresas, una más rentable que la otra.
Si esa masa de dólares estaba invertida en negocios rentables con posibilidades de pagar los intereses prometidos, lo decidirá la Justicia, aunque es muy dudoso que así haya sido. La realidad es que para los "inversores" que se consideran estafados y no pueden recuperar ni siquiera la inversión, solo fue un engaño piramidal del que Ponzi estaría orgulloso.

Minando en la red
Minar criptomonedas no es para cualquiera. Existe la creencia de que una placa de video de muy buena calidad es suficiente. Eso era verdad en 2010, cuando la veta del Bitcoin estaba intacta. Hoy es tan difícil conseguir apenas fracciones de Bitcoin, que se hace necesario instalar miles de equipos trabajando 24 horas al día y, como en la megaminería, quien más invierta en equipos tiene más posibilidades de hallar riqueza.
Claro, hay otras criptomonedas que se pueden minar y dejan ganancias, pero su mercado es más reducido y su valor mucho menor, aunque alcanza para confundir a muchos. Difícilmente Generación Zoe haya tenido las gigantescas instalaciones de equipos como para presumir de minar dinero virtual con ganancias tan disparatadas que hicieron sonar las alarmas en la Comisión Nacional de Valores. Por eso, su creador decía que invertía en otras empresas, que iban desde maxikioscos en CABA a intangibles sociedades radicadas –cómo no- en paraísos fiscales.
No, Generación Zoe no minaba nada... lo suyo era recoger dólares físicos a cambio de un papel que prometía 70% o más de intereses anuales bajo un contrato a término que excedía largamente los de los plazos fijos, algo así como tres años (Y lo más grave, sin respaldo del Banco Central, algo que debería haber llamado la atención de las más de 100.000 víctimas que se cree cayeron en la trampa).
Básicamente, enviaban un correo periódico diciendo cuánto dinero ya había ganado el "inversor", pero cuando alguien quiso retirar su dinero antes de los tres años y los demás lo siguieron, el andamio se vino abajo, rodeado de toda clase de versiones, anécdotas, amenazas, notas periodísticas y actuaciones circenses en Youtube de un ofendido Cositorto, que no alcanzaron a esconder una de las estafas más viejas de la historia.











