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La fraternidad humana

Esta nueva celebración de la Pascua de Resurrección debe servir para renovar la solidaridad con los que sufren todo tipo de carencias, promover la solidaridad y el respeto por el prójimo. En tiempos difíciles como los que hoy vive el país y el mundo, resulta cada vez más necesario fortalecer los lazos de confianza y, al mismo tiempo, unir esfuerzos para la construcción del bien común.

¿Cuál fue la primera señal en la historia de la Humanidad que dio cuenta de la existencia de una sociedad compleja? Una estudiante universitaria formuló esta pregunta a la antropóloga estadounidense Margaret Mead.

La respuesta sorprendió a todos: "El hallazgo de un fémur fracturado y curado que perteneció a un miembro de una cultura antigua", respondió la investigadora.

Según la explicación de Mead, en la Edad Antigua, es decir, en el periodo de la historia que coincide con el surgimiento de las primeras civilizaciones, el humano que sufría la rotura de una pierna tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir ya que quedaba imposibilitado de obtener alimentos por sí mismo, conseguir agua para beber o escapar de las amenazas de otros animales.

Salvo que alguien de su grupo lo ayudara, estaba condenado a morir. Por eso, argumenta la antropóloga, el hallazgo de un hueso soldado demuestra que alguien se ocupó y cuidó de ese humano que sufrió aquella desgracia, en un tiempo en el que ningún animal en esas condiciones vivía el tiempo suficiente (entre seis y ocho semanas) como para que el hueso se regenere y cure por sí solo.

"Ayudar a alguien a atravesar la dificultad es el punto de partida de la civilización", observó la investigadora norteamericana. "La civilización es una ayuda comunitaria", agregó, recordando que ese fémur curado demostró que alguien se preocupó de cuidar al herido. La ayuda a esa persona cercana que necesita auxilio es, justamente, una de las principales enseñanzas del cristianismo.

Basta recordar la parábola del buen samaritano. El afecto y la confianza propia de hermanos o de personas que se tratan como hermanas son pilares fundamentales en la construcción de una sociedad que asegure bienestar para todos.

"El creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente las más necesitadas y pobres", señala en su introducción el documento "Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común", firmado en Abu Dabi por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar y Ahmad Al Tayeb, principal líder académico del islam suní en febrero de 2019.

En dicha declaración, además, ambos líderes religiosos destacan que "el diálogo, la comprensión, la difusión de la cultura de la tolerancia, de la aceptación del otro y de la convivencia entre los seres humanos contribuirían notablemente a que se reduzcan muchos problemas económicos, sociales, políticos y ambientales que asedian a gran parte del género humano".

En un mundo afectado por la incertidumbre que genera el conflicto en Europa del Este, al borde de una crisis alimentaria global sin precedentes, con regiones enteras en las que la pobreza y la exclusión son moneda corriente; el llamado a ayudar al otro, a respetar la dignidad de quienes nos rodean, adquiere una especial relevancia en esta Pascua de Resurrección.

En nuestro país, que necesita respuestas urgentes a problemas tan graves como la pobreza que sufre una gran parte de la población, este llamado implica también superar las divisiones estériles que hacen que la construcción de una sociedad más justa y equitativa sea una tarea mucho más difícil.

Esta jornada de Pascua se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre la necesidad de sumar esfuerzos de todos los sectores para erradicar los flagelos del desempleo, la inflación, la pobreza y la exclusión. Hay que dejar de lado la confrontación por la confrontación misma.

Es tiempo de dar un paso hacia adelante y poner lo mejor de cada uno en la búsqueda de coincidencias. La ciudadanía debe acompañar a aquellos dirigentes que asumen el desafío de construir a partir de la diversidad, promoviendo relaciones de confianza en la comunidad.

Agudizar las contradicciones es una estrategia peligrosa y poco inteligente porque la sociedad está hecha de vasos comunicantes, y lo que afecta a unos, tarde o temprano, afecta a todos.

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