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No hay edad para aprender

La ciencia ha descubierto que el cerebro humano es capaz de cambiar su estructura y configuración durante toda la vida y, por lo tanto, la edad no es un obstáculo para acceder a nuevos conocimientos. Si se lo ejercita, el cerebro mantiene una plasticidad que va más allá de lo que se creía hasta ahora. El hallazgo despertó interés en muchos países donde el envejecimiento de la población plantea nuevos desafíos.

A diferencia de lo que se creía antes, que con el paso de los años las neuronas dejaban de crecer, gracias a estudios realizados con nuevos equipos que escanean el cerebro de una persona con vida para observar cómo se desarrolla el órgano principal del sistema nervioso central a lo largo del ciclo vital, hoy se sabe que este sigue desarrollándose durante décadas. El asunto interesa cada vez más a gobiernos y organizaciones de todo el mundo que consideran que hay que buscar respuestas para hacer frente a uno de los retos más importantes que tiene la humanidad: el envejecimiento de la población.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por ejemplo, financia proyectos de investigación sobre la relación del aprendizaje y el cerebro, en todas las edades, señalando que esos trabajos servirán a los poderes públicos de sus países miembros a la hora de tomar decisiones sobre los cambios demográficos. En nuestro país, en tanto, el asunto también es importante: en 2020 los argentinos de 60 años y más ascendían al 15,7% de la población total, es decir, casi 7,1 millones de personas. Además, se estima que esta proporción continuará incrementándose, llegando al 22% en 2050, unos 12,5 millones de personas. En otras palabras, un segmento cada vez más importante de la población planteará nuevas demandas al conjunto de la sociedad.

En 2019 un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina reveló que los argentinos mayores de 60 años continuaban interesados en formarse, estudiar o aprender. Según este sondeo, ese año cerca de 1.800.000 adultos mostraban un creciente interés en nuevos aprendizajes, pero por diversos motivos, muy pocos tenían acceso a un programa de capacitación formal.

Un dato a tener en cuenta es que está vigente la ley nacional 27.360, que aprueba la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Dicha Convención insta a los Estados a "promover, proteger y asegurar el reconocimiento y el pleno goce y ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor, a fin de contribuir a su plena inclusión, integración y participación en la sociedad". Y el derecho a la educación es uno de los derechos fundamentales de las personas mayores, por lo que se debe garantizar que pueda ser ejercido en igualdad de condiciones con otros sectores de la población.

Los investigadores que estudian el cerebro humano hallaron también que la inteligencia y el desarrollo éste órgano fundamental necesita del contacto con otros cerebros, es decir, del contacto con otras personas. Es lo que llaman el cerebro social: una compleja red que conecta las regiones cerebrales que se utilizan para que cada ser humano pueda interactuar con sus semejantes. Este aspecto es muy importante a tener en cuenta especialmente luego de la experiencia vivida por la pandemia durante los días de mayor distanciamiento social.

El ser humano aprende durante toda la vida. Hasta hace poco se creía que el cerebro de una persona, como el cuerpo, iba perdiendo facultades, y que un hombre o una mujer al llegar a una edad avanzada no podía aprender nada nuevo. Por suerte hoy se sabe que eso no es así. Está comprobado que en el cerebro adulto se crean nuevas neuronas y que son más importantes las conexiones, las sinapsis, que la cantidad de neuronas en sí. Por supuesto que el cerebro de la persona adulta es menos maleable y por eso aprender nuevas cosas demanda más tiempo a medida que se tiene más edad. Pero eso no debe ser un obstáculo para seguir aprendiendo durante toda la vida. Claro que el cerebro también necesita ejercicios y una dieta saludable. Por eso es importante ejercitarlo, porque puede cambiar. Nunca es tarde.