Impacto de la pandemia en la adolescencia
¿Cómo afectó a los adolescentes la falta de contacto social durante los meses más duros de la pandemia? Distintos estudios realizados en los ámbitos de la salud y la educación intentan dar respuestas a este y otros interrogantes relacionados con la salud mental de toda una generación que comenzó a transitar la adolescencia en medio de la crisis sanitaria.
Las restricciones impuestas en los primeros meses de la pandemia y la incertidumbre que generó una situación sanitaria sin antecedentes en la historia reciente del mundo alteró la vida de todas las personas.
En el caso de los adolescentes, el cierre de las escuelas, los clubes deportivos y otros espacios para actividades recreativas, educativas o culturales restringió la posibilidad de pasar más tiempo con pares de la misma edad. Se define la adolescencia como el período de la vida de la persona comprendido entre la pubertad, que marca el final de la infancia, y el inicio de la edad adulta, momento en que se ha completado el desarrollo del organismo.
Se trata de una etapa vital que es decisiva para el desarrollo de hábitos sociales y emocionales. Si bien los adultos también sintieron los efectos de las restricciones, los especialistas en salud mental coinciden en señalar que las limitaciones en la vida social tuvo un impacto más fuerte entre niñas, niños y jóvenes que todavía no llegaron a la adultez, es decir, a esa etapa donde las obligaciones laborales y familiares configuran un escenario con otras prioridades.
En las últimas semanas se conocieron testimonios de padres y docentes que dieron cuenta de casos de adolescentes que mostraron señales de ansiedad, depresión o trastornos alimenticios que, se sospecha, tendrían relación directa con los nuevos hábitos que impuso la emergencia sanitaria, entre ellos el distanciamiento social. Incluso cuando se levantaron casi todas las restricciones se dieron situaciones, por ejemplo, en los que algunos chicos preferían quedarse en sus hogares y no asistir a una actividad social, como el cumpleaños de un familiar o un amigo.
En octubre del año pasado, un documento publicado por Unicef advirtió que la pandemia que desató a nivel global el coronavirus Sars Cov 2 puso en un primer plano la cuestión del bienestar mental de los adolescentes y recordó que se trata de un asunto que no siempre está presente en las agendas de políticas públicas.
Según el organismo internacional, el confinamiento y la reducción de la sociabilidad, el paso a la virtualidad en la enseñanza e incluso la ausencia total de la continuidad en el sistema educativo fueron las principales causas que afectaron la salud mental de los niños, niñas y adolescentes durante la pandemia de Covid-19.
El informe de la agencia de Naciones Unidas señala, además, que la crisis sanitaria sirvió para mostrar a la sociedad solo la punta del iceberg de la salud mental de este grupo de la población. Por esa razón, ya en ese momento se destacó la importancia de adoptar medidas para promover una buena salud mental entre todos los niños y niñas, protegiendo especialmente a los más vulnerables.
El trabajo de Unicef, además, propuso realizar intervenciones en ámbitos como la salud, la educación y la protección social; a la vez que solicitó que las sociedades rompan el silencio que suele rodear a la salud mental, aborden el estigma, promuevan la comprensión y se tomen en serio las experiencias de los niños y los jóvenes.
Es que, como bien señala el organismo, los niños y niñas de todo el mundo pasaron mucho tiempo sin concurrir a las aulas, siendo testigos directos de una transformación de la experiencia social en una experiencia virtual; con la imposibilidad de continuar con sus trayectorias educativas de forma presencial.
Durante el tiempo que duró el confinamiento más estricto quedaron en sus casas, sin poder disfrutar de la alegría cotidiana que supone compartir juegos y momentos agradables con sus amigos. Se vivieron tiempos con situaciones no deseadas que alteraron la vida de muchos niños y jóvenes en una etapa clave de su desarrollo personal.
Frente a los grandes desafíos que esas alteraciones plantean al conjunto de la sociedad, es necesario que las familias y los ámbitos educativos brinden contención y afecto a quienes más lo necesitan.










