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Un psicoanalista por allí

Argentina es un país atípico en muchos sentidos. Tan atípico que para encontrar el origen de algunos de los problemas más serios que tiene la sociedad hace falta apelar a un discípulo de Freud que, dotado de una gran agudeza y mucha paciencia, ayude a entender su idiosincrasia. Es la única forma, tal vez, de explicar el hecho de ser uno de los pocos países del mundo que genera grandes cantidades de dinero que se depositan en el exterior y, a la vez, periódicamente se encuentra en un callejón sin salida porque no tiene para devolver lo que pidió prestado al FMI.

"Un médico allí, por favor, en la tribuna", decía Raúl Alfonsín, interrumpiendo su discurso en los actos por la campaña presidencial de 1983. Parafraseando al líder radical se podría decir ahora "un psicoanalista por allí", en un intento por entender qué lleva a un segmento de la población (el famoso segmento ABC1 con mayor poder adquisitivo y capacidad financiera) que, sin importar el signo político del gobierno de turno, considera que lo mejor que puede hacer es generar riqueza en la Argentina para llevarla al exterior.

Un análisis de los economistas Guillermo Oglietti y Alfredo Serrano Mancilla, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, señala que en 2020 los activos de los argentinos en el exterior sumaban unos 400.000 millones de dólares (un poco menos de 90 mil están declarados ante la agencia tributaria), una cifra ligeramente superior al PIB de ese mismo año, y unos 120.000 millones de dólares más que los activos que los extranjeros tienen en Argentina. Los datos, según explican los autores de ese informe, proceden de una publicación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre inversiones internacionales que toma como muestra a 140 países. El trabajo, titulado "Argentina, tan rica afuera como pobre adentro", asegura que nuestro país es uno de los mayores acreedores netos del mundo y el único en América Latina. "En el planeta, la mayoría de países son deudores (105); los acreedores son solo 35. Entre estos últimos, Argentina ocupa el puesto 16. Prácticamente no hay países en desarrollo que sean acreedores netos del resto del mundo, solo Argentina, Sudáfrica y Tailandia", agrega en análisis y observa que poseer una gran riqueza en el exterior puede ser una buena noticia para un país desarrollado. "Significa que tras hacer las mejores inversiones en su país y alcanzar el pleno empleo, se comienzan a buscar alternativas afuera" añade el informe. Pero ese no es el caso de Argentina. Aquí ocurre exactamente lo contrario: siempre hay que administrar la escasez.

Lo curioso del caso es que, según distintos sondeos que periódicamente se realizan para indagar el estado de la opinión pública, los sectores de más altos ingresos fueron los que, en su momento, apuntalaron la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, el candidato que prometía generar las condiciones para que al país llegara una lluvia de inversiones productivas. Se suponía que su perfil de empresario exitoso con fuerte apego a las reglas del capitalismo, era suficiente garantía para la repatriación de los dólares; para que esos billetes se transformaran en dinero productivo. Pero no ocurrió nada de eso. Es más, los que integraban su gabinete económico llegaron a reconocer que tenían más de la mitad de su fortuna en el exterior. Es decir, no confiaban ni en sus propias propuestas para hacer un país más viable.

"Ningún país en desarrollo puede sostener el crecimiento si los dólares se van afuera en vez de entrar al circuito productivo. Así tampoco podrá tener una moneda estable", observa el informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

Resumiendo: se podría decir que los 400.000 millones de dólares (generados en la Argentina pero que están en el exterior) no vuelven al sistema productivo local porque no están dadas las condiciones macroeconómicas. Y no están dadas esas condiciones porque faltan dólares para aumentar la producción y generar empleo sin necesidad de emitir más moneda local. Por eso se pide un préstamo al FMI, que no se puede pagar porque no ingresan dólares, provocando una situación de incertidumbre general, que atemoriza a argentinos que tienen billetes estadounidenses en el exterior. Todo un caso de estudio.