Alberto "Coco" Celada, el silbador de los domingos
Sus padres trabajaron en La Forestal, en el norte de la provincia de Santa Fe. Sus cuatro hermanas nacieron santafesinas, pero "Coco" nació en nuestra ciudad, cuando sus padres habían decidido radicarse definitivamente en el Chaco.

Nació el 8 de diciembre de 1933. Estudió en la Escuela Normal Sarmiento, para cambiarse luego al Colegio Don Bosco y hacer el secundario hasta tercer año. Los dos últimos años los hizo en el Colegio Nacional.
Su especialidad fue la grafica, que aprendió prácticamente solo, como gran autodidacta. Fue una pieza importante en el engranaje del Fogón de los Arrieros.
Junto con otros socios abrió una agencia de publicidad, Organización Publicitaria, líder por muchos años con la mayoría casi absoluta de la pauta publicitaria, en especial la radial.
Ingresó en la radiofonía de la mano de quien sería luego su esposa, Blanca Ester Escobar. Sus padres eran grandes amigos, y ella le propuso que escribiera un programa de radio. Así nació "Desayunos Musicales", conducido por Blanca y guionado por "Coco", al que le picó el bicho del micrófono y se fue animando a participar con notas y comentario, por su natural forma de expresarse.
Contaba: "En una oportunidad se proyectó en un cine local lapelícula "Nunca en domingo", con Melina Mercury, que trata de la vida de una prostituta que no ejercía los días domingos. No faltó quien sacara una carta en el diario criticando que hubieran pasado esa película aquí, y yo defendí ese filme, desde el punto de vista artístico, de calidad cinematográfica… Eso parece que molestó a gente de las altas esferas y me cortaron el programa, fue a principios de la década del ’60.

Fue el creador de un programa muy recordado por todos los chaqueños, "El silbador de los domingos". Surgió porque le ofrecieron un espacio de hora y media esos días. Un programa con un gran desarrollo cultural, excelentemente protagonizado por quien mamó la cultura del Chaco desde sus orígenes. Allí podíamos escuchar las poesías elegidas y leídas por Blanca y la música seleccionada por ellos mismos. Decía al aire: "Para una minoría de selectas orejas". Un programa que se hace necesario tener, porque no abundan en el Chaco, y porque es imperioso brindar al oyente una posibilidad que no se consigue fácilmente en nuestro medio. Los domingos a la mañana escuchamos un silbido, y es "Coco" que nos acompaña.
Decía de él Mila Dosso: "No puedo decir que sea un rito. Más bien es un vicio. Un vicio de pájaros. Despertar cada mañana, aún de domingo, con el silbo de alas alborotadas que se mete entre las sábanas y el sueño como un murmullo creciente de río que avanza incontenible, hasta inundar de cantos la habitación oscura, mientras el frío desafía a un sol remolón que apenas se atreve. Y en el silencio de la casa y el barrio dormidos, paladear el rito sigiloso de calentar el agua despacito hasta que la pava también comienza a silbar, mientras el mate nos entibia con ese placer simple y hondo de las pequeñas cosas cotidianas que ni el más grande dolor puede quitarnos.
"Sintonizamos LT5 con sus tangos mañaneros, volvemos lentamente una a una las páginas del diario, y comenzamos a preparar el corazón. A cierta edad se pone mimoso y pedigüeño, y uno debe entrar a acariciarlo y mirarlo como a un chico. Prometerle que un domingo puede suceder un milagro: una voz amiga, algunos "buenos" chismes, un cumpleaños que habíamos olvidado, un poema dulcemente susurrado, una canción... Esas simples cosas cotidianas que, como el mate, nos entibian ese corazón a veces tan aterido y desolado como un niño solo.

"Es tan difícil prometerle milagros cotidianos al corazón. Pero suceden. Suceden todos los días. A veces los percibimos, a veces no. Y a veces, en verdad, escasean, se nos vuelan con los pájaros por ahí... Pero los domingos, cuando un silbido se hace oír por LT5 y se anuncia "El silbador de los domingos", uno ya sabe que Coco Celada y su "troupe" nos van a regalar ese mimo que el corazón necesita, donde ni perros ni gatos están ausentes de su "buen día..." y donde silbando, silbando, entre poema y canción, entre recuerdos y noticias, reportajes y comentarios, acertijos traviesos y cadencias andaluzas, no falta ese, su silbido agudo con el que nos recuerda desde alguna "mala" de esas que abundan, que los hombres nos estamos olvidando de silbar".
Y cerraba Mila: "Siempre anda como buscando las raíces, los porqué de la gente y de las cosas, como una necesidad interior de comprender y comprenderse. Y a fuerza de horadar a silbidos las coberturas hipócritas de los estereotipos en esta época de clichés, frases hechas y deformación masiva, va llegando a las semillas, a los carozos de las realidades cotidianas. Así fue convirtiéndose en este raro espécimen que hoy es: el hombre que silba los domingos. Y entre tantas trampas de la vida, la Celada que él nos tiende es la emboscada que nos propone un modo diferente de mirar la vida a través de sus simples cosas, de sus milagros cotidianos que resplandecen aún sobre las miserias que lastiman nuestra condición de pájaros, que el silbador reivindica cada domingo".










