Los virus de la desinformación
Una de las características de las mentiras que circulan con mucha rapidez en plataformas digitales y redes sociales es que fueron creadas con la intención de incitar las pasiones y generar enojo e indignación en quienes les prestan atención. Por eso es que, a pesar de ser contenidos con información falsa o descontextualizada, son muy compartidas en Facebook, Twitter, Instagram o grupos de Whatsapp.
Según el catedrático de la Universidad de Navarra, España, e investigador del fenómeno de la desinformación, Ramón Salaverría, las plataformas digitales son intermediarias que no están haciendo todo lo que podrían hacer, es decir todo lo que deberían hacer, para evitar la diseminación indiscriminada de falsedades.
¿Por qué no lo hacen? La respuesta es, si se quiere, muy simple: porque su modelo de negocios prospera a medida que un contenido se comparte más veces. No importa si ese contenido es verdadero o falso.
En ese sentido, Salaverría observa que a diferencia de lo que ocurre con los medios periodísticos, que asumen el compromiso con sus audiencias de defender un principio esencial, que es responder con su prestigio por la veracidad de la información que están ofreciendo al público, en el caso de Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o de plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp, un contenido es bueno para la empresa propietaria siempre y cuando se comparta mucho, con independencia de si el contenido es cierto o falso.
En un diálogo que mantuvo con la periodista y escritora española Cristina Mitre, el experto explicó que distintos estudios realizados sobre este fenómeno revelaron que los contenidos falsos tienden a compartirse más que los verdaderos.
Por lo tanto, advierte Salaverría, desde un punto de vista pragmático, se podría llegar a entender que algunos ejecutivos de plataformas digitales digan ocasionalmente que adoptan medidas para combatir la desinformación, aunque en la práctica no hagan muchos esfuerzos para ello, ya que esa desinformación es un contenido muy compartido y eso representa un mejor negocio para las plataformas.
Salaverría sabe de lo que habla. Entre marzo y abril de 2020 participó junto a otros investigadores de la Universidad de Navarra y del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación en un estudio que analizó la tipología de las mentiras y engaños difundidos en España durante el primer mes del estado de alarma declarado por la emergencia sanitaria provocada por el virus Sars Cov 2.
El trabajo de investigación, titulado "Desinformación en tiempos de pandemia", halló que las mentiras y engaños sobre el coronavirus fueron diseminados principalmente en las redes sociales y, entre ellas, sobre todo en las cerradas, como la aplicación móvil de mensajería WhatsApp.
Los resultados de ese trabajo revelaron que la pandemia, además de generar un gran número de mentiras sobre salud y ciencia, también propició la difusión de numerosos contenidos falsos de tema político y gubernamental.
Uno de los hallazgos más interesantes del trabajo que llevaron adelante estos investigadores reveló que los mecanismos de diseminación de contenido falso tienen ciertas similitudes con el contexto que facilita el ingreso de ciertos virus al cuerpo humano.
Según los expertos, si se observan con más atención las informaciones falsas que circulan en las redes sociales se encuentran procesos parecidos con los mecanismos de contagio que recuerdan en algunos aspectos a lo que ocurrió en los meses más críticos de la pandemia de Covid 19.
Esto ha hecho que los nuevos estudios sobre desinformación centren su atención en los aspectos subjetivos que facilitan que una persona se "contagie" con una información falsa.
Sobre este asunto, Salaverría advierte sobre la existencia de un fenómeno que no siempre se quiere reconocer: "los mayores responsables de que seamos engañados somos nosotros mismos, porque queremos ser engañados; porque buscamos la información que coincide con nuestros marcos mentales, queremos creer aquello que nos conviene", sostiene el investigador.
Por estos días circula en todo el mundo mucha información falsa sobre el conflicto en Europa del Este. Uno de los engaños más sofisticados que se conocen hasta ahora fue el video en el que se ve al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, pidiendo a los militares de su país que depongan las armas. Se supo después que se trataba de un video manipulado que puso en boca del mandatario algo que nunca dijo.
Comprobar la veracidad de la información se ha vuelto una tarea clave en estos tiempos. La ciudadanía debe estar preparada para saber detectar cuáles son las fuentes dignas de crédito y qué señales están indicando que se podría estar frente a un engaño.










