Los peligros de la automedicación
Consumir medicamentos sin un adecuado control profesional es un hábito que pone en riesgo la salud de las personas. Se trata de una práctica que se acentuó durante los días de cuarentena, especialmente con el consumo de analgésicos de venta libre. Es un problema que está presente en gran parte de la población y que genera efectos negativos tanto en términos de salud individual como de salud pública.
Se estima que en los meses con mayores restricciones por la pandemia el consumo de medicamentos sin prescripción aumentó casi un 25 por ciento en todo el país. Si bien el hábito de automedicarse ya estaba presente antes de la crisis sanitaria que desató el virus que provoca la enfermedad Covid 19, fue durante la cuarentena cuando se afianzó lo que se podría llamar "cultura de la automedicación" que está presente no solo en la Argentina, sino también en la mayoría de los países del mundo.
Un sondeo realizado por la Confederación Farmacéutica Argentina, antes que se declare la pandemia, reveló que el 82 por ciento de los encuestados utiliza medicinas de venta libre y la mitad de ellos desconoce los efectos adversos que pueden provocar, por ejemplo, en combinación con otras drogas. Según ese mismo relevamiento, cerca de la mitad de los adultos que viven en el país hace un mal uso de los fármacos. Según los especialistas, el abuso que las personas hacen de los medicamentos es la segunda causa de intoxicación atendida en hospitales después de la ingesta de alcohol y por encima de drogas como la cocaína.
Además, se comprobó que cerca del 11 por ciento de los casos de insuficiencia renal terminal están relacionados con el consumo de analgésicos; mientras que casi el 40 por ciento de los casos de hemorragia digestiva alta son atribuibles a la aspirina y al resto de los antiinflamatorios no esteroides.
El año pasado en nuestra provincia se dio el fenómeno de una fuerte demanda de fármacos que supuestamente servían para combatir la enfermedad Covid 19. En realidad, el remedio en cuestión se encontraba en fase de estudios para evaluar su eficacia, o no, en el tratamiento de esa enfermedad.
Por otra parte, diversos estudios confirman que el uso crónico de analgésicos daña el riñón y puede derivar en el serio deterioro de la salud de la persona.
El uso indebido e innecesario de antibióticos es otro de los problemas relacionados con el consumo de fármacos sin control médico. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que erradicar esas prácticas se ha convertido en uno de los restos principales para los sistemas de salud pública, ya que genera una nueva resistencia a los antibióticos y dificulta el tratamiento de infecciones, prolongando las hospitalizaciones, incrementando los costos médicos y aumentando el riesgo de mortalidad.
Hay que decir también que esa "cultura de la automedicación" no sería posible sin la ayuda de las campañas publicitarias que promueven el consumo de fármacos que si bien son de venta libre, no están exentos de riesgos si la ingesta se vuelve cotidiana y no cuenta con un adecuado seguimiento médico.
La ley nacional 26.567 establece la prohibición de la comercialización de medicamentos de venta libre fuera de las farmacias. Sobre ese tema, los colegios que agrupan a profesionales de farmacia recuerdan que si bien los medicamentos de venta libre no requieren receta médica, por eso mismo es necesaria la consulta con el profesional farmacéutico ya que, contrariamente a lo que muchas veces se sostiene desde la publicidad, los medicamentos de venta libre no son inocuos, sino que, como cualquier otro medicamento, tienen efectos adversos, algunos de gravedad, además de provocar interacción con otros fármacos que la persona pudiera estar tomando.
Al consumir un medicamento se está consumiendo un producto de riesgo y es por eso que en todos los países los fármacos reciben una permanente vigilancia sanitaria.
Como se dijo, no existe el medicamento inocuo. Cada vez que una persona se automedica, impide que haya un diagnóstico médico, una prescripción de un medicamento con respecto de ese diagnóstico, y una supervisión de la mejoría de los síntomas o identificación de complicaciones, tres pasos que son fundamentales para cuidar la salud de la población.










